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La crisis financiera que ha tumbado a los bancos de inversión americanos, ha obligado a las personas que manejaron los hilos financieros a la sombra de la mano invisible del mercado a dar explicaciones de lo sucedido. Son las mismas personas que permitieron que ese mercado fuera regulado por la ambición genética del depredador, la suya, impidiendo a la vez cualquier regulación que evitara la corrupción y el juego, para favorecer el bien común. De todas las imposturas financieras, la repetida frase: "Se ha demostrado que el sistema regulatorio estaba obsoleto, lo que ha hecho posible estas irregularidades", es la mayor de las imposturas de los creadores de un sistema sin responsabilidades basado en la privatización de los lucros y la socialización de los riesgos y las pérdidas. Esta frase define al monstruo, perpetúa su engaño y asegura su íncuba reproducción. En un artículo publicado en este diario hace unos meses (Estados financieros), ya analicé como estos desreguladores habían acabado con una de las medidas, devenida de la experiencia del crash del 29, que habría evitado que el monstruo creciera con cuatro cabezas: Banco de inversión, banco comercial, compañía de seguros y broker bursátil y se desarrollara nutrido por el calor del dinero de los contribuyentes. Pero ha habido otras medidas más recientes que han encontrado el desprecio de quien debería haberlas implementado, la Reserva Federal. Para ilustrar este punto, desarrollo uno de los ejemplos citados en el magnifico artículo de Robert Kuttner publicado en The American Prospect titulado "Seven deadly sins of deregulation". En 1994 el congreso de los USA intentó regular los estándares de las empresas de préstamos hipotecarios que habían crecido como setas sobre la pila de billetes baratos que unos tipos de interés irrisorios ponían a disposición de cualquiera. Estas empresas se dedicaron a realizar préstamos hipotecarios sin cobertura de capital y con un riesgo alto de impago. El negocio consistía en convertir dichas hipotecas basura en bonos vendidos en Wall Street. Junto con la comprada aquiescencia de las empresas de rating, estos bonos basura eran clasificados con la máxima puntuación, lo que posibilitaba su compra-venta por los bancos de inversión que ahora han quebrado. La ley que deberia controlar esta actividad vino a llamarse HOEPA y nunca llegó a desarrollarse totalmente debido a que la Reserva Federal considero en el año 2000 que "los perjuicios obtenidos por conocer las actividades de estas empresas sobrepasaban los beneficios" (ver JSER 29, N4, 2007). Alan Greenspan (foto: Trackrecord)

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