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Desde distintos medios de comunicación los analistas, periodistas e incluso el señor Rajoy, piden que la ayuda financiera del Estado a los bancos sea controlada y fiscalizada por el Parlamento. ¡Ilusos! Como si en treinta años de régimen posfranquista el Parlamento hubiese servido alguna vez para controlar o vetar al gobierno de turno.   Zapatero y Botín parlamentan En el Parlamento Español, los únicos que fiscalizan y lo vigilan todo, tienen asientos de privilegio en el banco azul. Los demás obedecen o no pueden oponerse. No hay allí representantes legítimos de los españoles: ni uno. Nuestros diputados no reciben correos de sus electores pidiendo que se pronuncien en este ó aquel sentido, como ocurrió en EEUU al inicio de la crisis. Algo que resulta envidiable; pero que seguirá siendo inconcebible en un país donde se escogen listas de beneficiarios de los aparatos de los partidos.   Aquí, las cosas ocurren de otra manera. El dinero de todos los españoles, irá destinado a los fines que la oligarquía financiera señale al gobierno, y éste obedecerá sin rechistar. Así funcionan las oligocracias desde los tiempos de Platón. No olviden, que la primera reunión de urgencia entre Zapatero y Emilio Botín, se produjo en… el despacho de este último. Está clara cuál es la jerarquía, la relación de mando y obediencia.   Sobre las medidas en sí, nos tememos lo peor, pues el parche no devendrá en remedio sin verdaderas reformas estructurales y la crisis continuará o se recrudecerá. El sentido común, como una varita mágica, señala las grietas que produjeron el hundimiento, y cuya causa se podría resumir con una palabra: descontrol, tanto de los movimientos financieros como políticos.   La única luz que veo al final del túnel, es la posibilidad de reconstruir, sobre las ruinas de esta Monarquía de Partidos, un nuevo sistema político donde la iniciativa inteligente y decente de la sociedad civil ancle con fuerza en el firme los railes de la libertad política, y así recorrer todos juntos, una nueva travesía con el tren de la democracia representativa. En este sistema, el Parlamento, ¡ahora sí una Cámara de Representantes! garantizaría el control al Gobierno y vigilaría su acción. La corrupción generalizada y la plutocracia tendrían sus días contados. Estaríamos gozando de las virtudes de una República Constitucional.

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