Estar o no estar

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He aquí la cuestión que domina toda la actualidad española. No es cuestión sustancial de ser o no ser, como en el célebre monólogo de Hamlet, sino cuestión accidental de estar o no estar. Y no la de estar en el mundo real, sino en el mundo oficial, en la del “como si” el mundo oficial fuera el real. Asunto pasajero. Estar el Sr. Zapatero en Washington, el 15 de noviembre. Estar en esa reunión de cuasi jefes del mundo, no para co-decidir sino para ser escuchado, como si tuviera algo que decir. Estar en el formato geofísico de G-8 + G-20. Estar en la estancia de los vanidosos responsables de la imprevisión de los acontecimientos. Estar en una reunión de poderes políticos de la que no saldrá decisión trascendente para la “refundación del capitalismo”, sino inmanente sobre su refundición, aumentando el control de los organismos internacionales sobre las financiaciones nacionales.   Estar o no estar en las Azores, era la cuestión de Aznar. Estar en Washington ha devenido la cuestión de Zapatero. Nunca antes había desplegado tan febril actividad para estar con los grandes ignorantes de la causa que los convoca, para estar codo a codo, carcajada a carcajada, mano entre manos, abrazo entre abrazos, cuerpos a cuerpo limpio, con los máximos culpables del auge del capital financiero sobre el industrial, y del agiotismo causante del estropicio de las finanzas mundiales, socavando las bases firmes de la economía productiva. ¡Ciegos curanderos de la ceguera!   Fuerte peligro. Introducirse en la sala de armas de los dilapidadores de los peculios ajenos, sin tener el brazo de sostén de un argumento propio. Vuelan alto las palabras, permanecen en tierra los conatos de pensamiento. Las palabras sin pensamiento, que no pueden llegar a lugar alguno, van a la utopía de los sueños de grandeza de la fantasía. Se comprende bien la zozobra del azacaneado Zapatero. Quién, se preguntaba Shakespeare, podría aguantar los desdenes del mundo, la afrenta de los soberbios, las congojas del amor desairado, las vejaciones que recibe el paciente mérito, como el de quien tuvo la profunda y elaborada idea de pedir una reunión en París de los miembros de la UE, para que cada uno, levantando el espíritu para afrontar los dardos y golpes de la insultante fortuna financiera, tomara las armas del Estado contra el piélago de calamidades de la crisis crediticia y acabara con ellas, como pudiera, según el orden de sus apremios bancarios nacionales. Sin duda, Zapatero merece estar en Washington.   florilegio "Las apariencias de poder las buscan quienes no lo tienen. Los decididores en asuntos económicos del mundo se cubren el rostro con las caretas de los gobiernos."

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