Después del G-20

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Paraísos Fiscales en Europa (Google) La reunión del Grupo G-20, más tres arrimados, ha servido para que los miembros que han asistido a ella diesen a conocer los problemas del sistema financiero internacional que todo el mundo ya conocía. Han recomendado unas pautas de conducta, ya que no existe ningún organismo internacional con poder suficiente para obligar a cumplir determinadas reglas de actuación.   Sabían de antemano que no iban a arreglar nada por eso se limitaron a fijar algunos principios en los que se debe basar el comportamiento de los agentes financieros, dándose un plazo prudencial hasta el 1 de abril de 2009 para volver a reunirse y comprobar cómo ha funcionado el mundo seis meses después. Pero no todo ha sido contemplación, gracias a dicha reunión mucha gente ha conocido la identidad, los refugios, el volumen de negocios y las prácticas de muchos “bucaneros financieros” (Óscar).   La declaración de la cumbre sobre los mercados financieros y la economía mundial encierra un conjunto de principios (transparencia y responsabilidad, nueva regulación, integridad, cooperación internacional, reforma de las instituciones internacionales surgidas de Bretton Woods), un compendio de recomendaciones para los gobiernos nacionales y para varios actores internacionales (Fondo Monetario Internacional, Fondo de Estabilidad Financiera) y varios compromisos (el libre mercado, el rechazo al proteccionismo, la utilización de estándares contables y criterios comunes de valoración y la voluntad de intercambiar activos financieros a modo de cámara de compensación).   Pero ha faltado realizar una regulación más concreta de la multitud de derivados financieros que colapsan el mercado, como son las coberturas por riesgos crediticios (CDS), las transacciones derivadas al contado (OTS), las transacciones fuera del mercado organizado (OTC), la reventa de créditos (CDO), la titulación de hipotecas… Tampoco han mencionado los fondos de cobertura (Hedgs Fund), los Fondos Soberanos que mueven miles de millones de dólares, ni los Paraísos Fiscales situados en sus mismos territorios.   En fin, esta Declaración de Washington quedará como recuerdo del viejo dicho: el camino del infierno esta empedrado de buenas intenciones.

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