Represión informativa

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Wired freedom (foto: cofano) Represión informativa A pesar de la imagen de la realidad del funcionamiento de los poderes institucionales que fabrica la ficción mediática, el miedo a la verdad atenaza de tal modo a los oligarcas que estos no se recatan en reprimir la libertad de expresión hasta en los medios de propaganda de las ideas establecidas. Incluso en la uniformidad del bloque mediático de la partidocracia asoma de vez en cuando una mirada insólita o una perspectiva inédita que se atreve a tratar de los silenciado, ocultado o disimulado por los demás, y a excavar en un nivel más hondo de realidad que el de la superficie en la que se deslizan los periodistas e intelectuales del poder.   Tras ser expulsado de “El Mundo” por ese paladín de la libertad de expresión que es Pedro J. Ramírez, al que le desagradaba la crudeza con que eran tratados sus amigos del Partido Popular (Franquito Aznar y Rodrigo para Rato, como diría Anson) y el eminente banquero santanderino, en los artículos de Jesús Cacho, éste se refugió en El Confidencial, donde podía airear, sin las tijeras de un atirantado director detrás, las turbias relaciones de las finanzas y los empresarios de postín con la política de los partidos estatales.   A  la  espera  de  la  confirmación   del   propio Cacho, algún medio digital insinúa que la defenestración del autor de “El negocio de la libertad” (¿alguien pude dudar de la ejemplaridad del Rey después de haber leído este libro?) es obra fundamental de don Emilio Botín y el lince y mirlo blanco de don Florentino Pérez, que ya tiene el “honor” de haberse cobrado otra importante cabeza periodística, la de un José María García que insistió en denunciar la recalificación de la ciudad deportiva del Real Madrid.   Llegamos a una situación en la que el cedazo del consenso informativo sólo dejará pasar “lo correcto” al campo del partidismo editorial, tan férreo como el del PSOE y el PP. En la prensa sólo tienen cabida los expedidores de lugares comunes, encuadrados en una de las dos caras del pensamiento único. Además de las insensatas opiniones de los ocurrentes, se admite la extravagancia en vez de la originalidad, o las boutades que, por ejemplo, expele Salvador Sostres (“Gandhi es uno de los mayores enemigos de la humanidad” entre otras lindezas). También son muy apreciados los estilistas que portan un bello continente pero que renuncian a todo el contenido de la verdad. En conclusión, a las ideas e informaciones sin respaldo del poder, se les puede dispensar una completa falta de respeto, proscribiendo al disidente.

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