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Este año de 2011 han concedido el Premio Nobel de Economía a dos personas, Thomas J. Sargent y Christopher A. Sims, que han dedicado parte de su vida a investigar las causas y los efectos en la macroeconomía y han desarrollado “métodos para responder a las numerosas interrogantes cobre las relaciones de causalidad entre la política económica y diferentes variables macroeconómicas como el PIB, la inflación, el empleo y las inversiones” (comentario entresacado del comunicado de la Academia Sueca de las Ciencias). Estos autores parten de la idea de que “la política afecta a la economía, pero la economía también afecta a la política”; las decisiones de política económica son tomadas en cuenta por los agentes económicos, lo que a su vez modifica esas previsibles consecuencias. Son especialistas en macroeconomía dinámica, poco mediáticos, pero sus investigaciones son muy conocidas por los profesionales de la macroeconomía y son utilizadas por los Gobiernos y los Bancos Centrales en el proceso de toma de decisiones en materia económicas o monetarias.   Uno de ellos, el profesor de macroeconomía Thomas J. Sargent, es un seguidor de la teoría sobre las expectativas racionales, a cuyo mentor, Robert E. Lucas, también le concedieron el premio Nobel de Economía en 1995. Estos investigadores han considerado que las personas no solo utilizan la información histórica de una variable (expectativas adaptables) para formar sus decisiones sobre ella sino también toda la información disponible del mejor modo posible. Y una buena parte de esta información está contenida en los errores que se cometen día a día.   Veamos un ejemplo. Ante la falta de previsiones para 2012, por la parálisis del Gobierno del Estado que no ha elaborado los Presupuestos para el próximo año, varios Gobiernos autonómicos desean que haya una reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera para que los dirigentes estatales les den algunas cifras sobre los ingresos esperados, a fin de poder elaborar los presupuestos del ejercicio siguiente. Las diversas Comunidades Autónomas, al depender de los ingresos del Estado, parte de cuya recaudación les ha cedido (50% en IRPF, 50% en IVA, 58% en Impuestos Especiales), necesitan conocer los escenarios económicos recreados por el Gobierno Central.   A lo largo de estos años hemos conocido la drástica bajada de la recaudación de los tributos del Estado, debido a la recesión económica, pero nuestros dirigentes estatales hacían previsiones fantásticas de ingresos, a pesar de que muchas voces les advertían que esas previsiones eran una quimera. Siguiendo la estela de esas previsiones, las Comunidades Autónomas, y también los Municipios, elaboraron sus presupuestos de gastos y recibieron a cuenta, mes a mes, los ingresos previstos. La realidad no fue como la habían imaginado y a la hora de hacer la liquidación, han tenido que devolver parte de lo recibido o deducirlo de las próximas entregas. Consecuencia: un desastre financiero con más déficit y más deuda pública, porque habían gastado de acuerdo con los ingresos previstos. Esta situación se ha repetido dos años seguidos. Si sus comportamientos se hubiesen ajustado a las “expectativas racionales”, aprendiendo del pasado y de los errores cometidos por el Gobierno estatal y por ellos mismos, hubiesen presupuestado de forma realista.

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