Tormenta europea

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La semana de las dracónidas ha traido una lluvia encendida de propuestas económicas para la eurozona, lo que ha provocado el enfrentamiento entre la comisión europea y los banqueros alemanes, fundamentalmente. De la mano del presidente Durao Barroso, los bancos europeos deberán aumentar hasta un 9% las provisiones de capital para pérdidas no esperadas y estas navidades la pasarán sin repartir bonificaciones. Tras el sonrojo provocado por el desplome de la entidad franco belga, Dexia, y el horizonte de impagos de hasta un 50% de la deuda griega, el gobierno europeo no tiene confianza en la respuesta de los bancos ante la tragedia helena. Ni los banqueros en su recapitalización forzosa. Tal es así, que el gremio más poderoso del mundo ha respondido que antes que recaudar fondos, se recapitalizarán dejando de prestar dinero, una amenaza más por parte de un modelo de negocio que siempre fue insolvente.   Así las cosas, la locomotora alemana pierde fuelle, y crecerá este año un punto porcentual por debajo de lo estimado, sin llegar a la recesión. Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán, será cuestionado por una comisión auditora, que según informa el rotativo alemán Bild, llegará a acusarle de haber manipulado las estadísticas para cumplir con el mandato constitucional que limita el déficit nacional. Algo en lo que sin duda, el presidente Zapatero, habría ya pensado al aceptar la reforma constitucional express impuesta por el eje franco-alemán, ya que en el reino español ninguna auditoría externa osaría cuestionar la veracidad de las estadísticas del INE. Tan fiables son nuestras estadísticas nacionales que nos cuentan que no se ha registrado transferencia de capital público alguno a entidades financieras que hayan producido déficit al saneado estado español. El mejor sistema financiero del mundo, ni quiebra, ni provoca déficit, ni desempleo, aunque en el último año se hayan destruido unos 300.000 puestos de trabajo.   Y mientras las calles de Atenas arden, los transportes públicos se paralizan y los indignados claman unión ante el desamparo y la incertidumbre, la fecha de colisión de la nave europea con su propio destino parece ser el 23 de Octubre, para lo cual Monsieur Trichet, desde su puesto de mando en el BCE, ha declarado que éste ha hecho ya todo lo que podía haber hecho para cumplir con su responsabilidad en una situación de extrema gravedad, tomar alguna medida que quitara la responsabilidad de sus acciones a los estados, sería una receta para el desastre. El motín parece estar servido en la torre de mando, mientras los galeotes europeos reman en círculos hacia el interior del maelstrom del Estado de Partidos que los engulle.

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