Caballo de Troya

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Cuatro años de crisis subprime han bastado a la UE para llegar a la conclusión de que la solución es la deuda subprime. El aventajado Rajoy se friega las manos con el ladrillo como los promotores de Houston lo hacían con los derivados hipotecarios. La UE quiere realizar el milagro de los panes y los peces con el Fondo de Estabilidad Financiera. Con una dotación de 440.000 millones quieren colocar un billlón de deuda basura mediante derivados financieros. Con esta medida se corren dos peligros. Por una parte, si se ponen en marcha los CDO, la dispersión del riesgo creará la sistematización del mismo, y por otra, cualquier shock provocará otra crisis de confianza o de ignorancia interbancaria, con la consiguiente sequía crediticia para la economía productiva. En este ambiente, los fantasmas que lastran la crisis desde su inicio, se engrandecen. La aversión a un evento crediticio no pactado por temor al pago de CDS, impide que la aluminosis del sistema financiero deje de propagarse y no pueda aflorar a la superficie. Por otra, la retirada de fondos particulares y las colas a la puerta de las entidades bancarias, como vimos en el inaugural caso de Northern Rock , son potenciadas por la inseguridad que provoca una banca comercial sometida a unas prácticas de inversión en el lado oscuro del mercado over the counter.   Todo este enredo financiero en el que se ha convertido la UE, se debe a que no se acepta que haya una unión como tal, con una integración fiscal, con la creación de un área monetaria óptima, con un Banco Central como prestamista de último recurso con el mandato de favorecer la creación de empleo, una banca comercial separada de la banca de inversión y una verdadera unión política democrática. Porque la tara genética de Europa, el nacionalismo, no se ha curado con dos guerras mundiales y la UE no es el bálsamo de la concordia de los pueblos, sino un ente burocrático donde unas élites políticas manejan a su antojo a millones de cuasi-ciudadanos, en beneficio de sus grupos económicos afines y nacionales. Sarkozy está muy enojado con Berlusconi, la desconfianza en el cavagliere es tan sonada como sus hiperactividad sexual, pero en realidad el presidente francés está mosqueado porque los italianos han colocado a cuatro de sus compatriotas en la cúspide del BCE y con la salida de Trichet, la economía gala en rojo y con unos 165.000 millones en deuda española, la República francesa tiene más motivos para perseguir a las agencias de calificación financiera que a la familia Gadafi. Como decía un columnista alemán, la prohibición a las agencias de rating de informar sobre los países en crisis es como si un profesor para evitar las malas notas de sus alumnos prohibiera la cartilla de calificaciones. Cosa por otra parte, que ha sido la rutina del Banco de España con las entidades financieras españolas afectadas por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.   Así las cosas, aliviada la partidocracia griega temporalmente, con todas sus estructuras de control de la libertad política intactas, partidos y sindicatos verticales, los ciudadanos españoles ya se preparan para la nueva ficción electoral que traerá a un nuevo mesías estatal para sacarnos de la crisis con su puro de los domingos y el Marca bajo el brazo, porque como dice D. Mariano a los jóvenes, “Para salir de la crisis hay que animar a la inversión, generar confianza, tomar muchas medidas y un tema capital: cuanto más sepas, más te preocupes y más vida tengas, mejor”. Eso si, toso, dentro de los límites del Estado de Partidos.

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