Claro

Oscuro

Un círculo de fuego protege al estado  de partidos.  Cada día las llamas son alimentadas por voraces criaturas cuya tarea única es sostener el vigor de esos haces ardientes.

       Esa labor diaria los ha cegado y de sus cerebros sólo brotan ideas malolientes, manoseadas por muchas manos.

       En realidad practican un nuevo sacerdocio cuyos teólogos son los jefes de sección y el abad del monasterio,  el director del periódico.

       Al atardecer, cuando la bilis  les revienta en los rincones o en las barras junto al gin tonic y la raya de nieve de todas las estaciones,  alguno tiene la tentación de morir a lo bonzo al día siguiente,  pero alguien le dice que no será tan gilipollas como  para hacerlo.

         A veces tienen un picor insoportable que les obliga a  rascarse hasta que aparece un  hilillo de sangre al que llaman, con estentórea dignidad,  libertad de expresión.  Alguno siente un picor aún más resistente, un afán sañudo de rascarse sacude violentamente sus uñas,  ahora  feroces,   y sigue empedernido,  inagotable,  imparable ya , hasta que da con el propio hueso. Desfallecido,  exhausto,  un segundo antes de exhalar su  último aliento,  pronuncia unas palabras que dibujan una dulce sonrisa:   Libertad de pensamiento.

         Sus compañeros lo miran aterrorizados y comienzan a ulular alrededor del fuego al que sienten agonizar.  Ese rítmico canto de desesperación que invoca los poderes ocultos de la tierra convierten las ascuas en formidables llamas. De nuevo,  la seguridad circula por el torrente sanguíneo,  repleta de nutrientes mágicos, de hechiceros hematíes, de restauradores de la piel quebrada.

          Todos se miran los brazos donde hace un  momento la bilis sañuda hizo estragos. Un espabilado pide otra ronda y añade:  Un brindis.

Todos alzan sus copas.

 ¡ Por la libertad de pensamiento¡ ¡ Viva el estado de partidos¡

 

Zoilo  Caballero  Narváez

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Antonio M. Ballesta

Piensan los periodistas del estado de partidos español ?
No piensan, no expresan.

La prensa española.., qué lejos está de aquellos versos de un verdadero español:

Cuando allá dicen unos
que mis versos nacieron
de la separación y la nostalgia
por la que fue mi tierra,
¿sólo la más remota oyen entre mis voces?
Hablan en el poeta voces varias:
escuchemos su coro concertado,
adonde la creída dominante
es tan sólo una voz entre las otras.

Lo que el espíritu del hombre
ganó para el espíritu del hombre
a través de los siglos,
es patrimonio nuestro y es herencia
de los hombres futuros.
Al tolerar que nos lo nieguen
y secuestren, el hombre entonces baja,
¿y cuánto?, en esa escala dura
que desde el animal llega hasta el hombre.

Así ocurre en tu tierra, la tierra de los muertos,
adonde ahora todo nace muerto,
vive muerto y muere muerto;
pertinaz pesadilla: procesión ponderosa
con restaurados restos y reliquias,
a la que dan escolta hábitos y uniformes,
en medio del silencio: todos mudos,
desolados del desorden endémico
que el temor, sin domarlo, así doblega.

La vida siempre obtiene
revancha contra quienes la negaron:
la historia de mi tierra fue actuada
por enemigos enconados de la vida.
El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,
sino de siempre. Por eso es hoy
la existencia española, llegada al paroxismo,
estúpida y cruel como su fiesta de los toros.

Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo
en creer que la razón de soberbia adolece
y ante el cual se grita impune:
muera la inteligencia, predestinado estaba
a acabar adorando las cadenas
y que ese culto obsceno le trajese
adonde hoy le vemos: en cadenas,
sin alegría, libertad ni pensamiento.

Si yo soy español, lo soy
a la manera de aquellos que no pueden
ser otra cosa: y entre todas las cargas
que, al nacer yo, el destino pusiera
sobre mí, ha sido ésa la más dura.
No he cambiado de tierra,
porque no es posible a quien su lengua une,
hasta la muerte, al menester de poesía.

La poesía habla en nosotros
la misma lengua con que hablaron antes,
y mucho antes de nacer nosotros,
las gentes en que hallara raíz nuestra existencia;
no es el poeta sólo quien ahí habla,
sino las bocas mudas de los suyos
a quienes él da voz y les libera.

¿Puede cambiarse eso? Poeta alguno
su tradición escoge, ni su tierra,
ni tampoco su lengua; él las sirve,
fielmente si es posible.
Mas la fidelidad más alta
es para su conciencia; y yo a ésa sirvo
pues, sirviéndola, así a la poesía
al mismo tiempo sirvo.

Soy español sin ganas,
que vive como puede bien lejos de su tierra
sin pesar ni nostalgia. He aprendido
el oficio de hombre duramente,
por eso en él puse mi fe. Tanto que prefiero
no volver a una tierra cuya fe, si una tiene, dejó de ser la mía,
cuyas maneras rara vez me fueron propias,
cuyo recuerdo tan hostil se me ha vuelto
y de la cual ausencia y tiempo me extrañaron.

No hablo para quienes una burla del destino
compatriotas míos hiciera, sino que hablo a solas
(quien habla a solas espera hablar a Dios un día)
o para aquellos pocos que me escuchen
con bien dispuesto entendimiento.
Aquellos que como yo respeten
el albedrío libre humano
disponiendo la vida que hoy es nuestra,
diciendo el pensamiento al que alimenta nuestra vida.

¿Qué herencia sino ésa recibimos?
¿Qué herencia sino ésa dejaremos?

II. BIEN ESTÁ QUE FUERA TU TIERRA

Su amigo, ¿desde cuando lo fuiste?
¿Tenías once, diez años al descubrir sus libros?
Niño eras cuando un día
en el estante de los libros paternos
hallaste aquéllos. Abriste uno
y las estampas tu atención fijaron;
las páginas a leer comenzaste
curioso de la historia así ilustrada.

Y cruzaste el umbral de un mundo mágico,
la otra realidad que está tras esta:
Gabriel, Inés, Amaranta,
Soledad, Salvador, Genara,
con tantos personajes creados para siempre
por su genio generoso y poderoso.
Que otra España componen,
entraron en tu vida
para no salir de ella ya sino contigo.

Más vivos que las otras criaturas
junto a ti tan pálidas pasando,
tu amor primero lo despertaron ellos;
héroes amados en un mundo heroico,
la red de tu vivir entretejieron con la suya,
aún más con la de aquellos tus hermanos,
Miss Fly, Santorcaz, Tilín, Lord Gray,
que, insatisfechos siempre, contemplabas
existir en la busca de un imposible sueño vivo.

El destino del niño esos lo provocaron
hasta que deseó ser como ellos,
vivir igual que ellos
y, como a Salvador, que le moviera
idéntica razón, idéntica locura,
el seguir turbulento, devoto a sus propósitos,
en su tierra y afuera de su tierra,
tantas quimeras desoladas
con fe que a decepción nunca cedía.

Y tras el mundo de los Episodios
luego el de las Novelas conociste:
Rosalía, Eloísa, Fortunata,
Mauricia, Federico Viera,
Martín Muriel, Moreno Isla,
tantos que habría de revelarte
el escondido drama de un vivir cotidiano:
la plácida existencia real y, bajo ella,
el humano tormento, la paradoja de estar vivo.

Los bien amados libros, releyéndolos
cuántas veces, de niño, mozo y hombre.
Cada vez más en su secreto te adentrabas
y los hallabas renovados
como tu vida iba renovándose;
con ojos nuevos los veías,
como iban viendo el mundo.
Qué pocos libros pueden
nuevo alimento darnos
a cada estación nueva en nuestra vida.

En tu tierra y afuera de tu tierra
siempre traían fielmente
el encanto de España, en ellos no perdido,
aunque en tu tierra misma no lo hallaras.
El nombre allí leído de un lugar, de una calle
(Portillo de Gilimón o Sal si Puedes),
provocaba en ti la nostalgia
de la patria imposible, que no es de este mundo.

El nombre de ciudad, de barrio o pueblo,
por todo el español espacio soleado
(Puerta de Tierra, Plaza de Santa Cruz, los Arapiles,
Cádiz, Toledo, Aranjuez, Gerona),
dicho por él, siempre traía,
una doble visión: imaginada y contemplada
conocido por ti el lugar o desconocido,
ambas hermosas, ambas entrañables.

Hoy, cuando a tu tierra ya no necesitas,
aún en estos libros te es querida y necesaria,
más real y entresoñada que la otra:
no ésa, mas aquélla es hoy tu tierra,
la que Galdós a conocer te diese,
como él tolerante de lealtad contraria,
según la tradición generosa de Cervantes,
heroica viviendo, heroica luchando
por el futuro que era el suyo,
no el siniestro pasado donde a la otra han vuelto.

La real para ti no es esa España obscena y deprimente
en la que regentea hoy la canalla,
sino esta España viva y siempre noble
que Galdós en sus libros ha creado.
De aquélla nos consuela y cura ésta.

Vicente Carreño

Muy bien Zoilo. Son así y están así, adoran la mentira y mienten. Creo que fue Juan Belmonte quien dijo: “se torea como se es”…

Estos periodistas que “rascan en la superficie” tienen poderes mágicos para curar luego las úlceras en la piel.

Va por usted Zoilo.

Spinoza

Sr Zoilo, tiene usted sobrado dominio del lenguaje para excitar nuestro miedo y nuestra rabia. Pero me surge la duda de si eso es lo más correcto que podemos hacer en esta delicada situación. Una vez que el león sale de la jaula…

Saludos

jaime

Tengo un amigo que hace años me comentó que a él, la clase periodística le parecía el nuevo clero. Leyendo ahora su artículo, empiezo a creer que mi amigo tenía razón. Desde sus púlpitos arengan, suben al cielo y bajan a los infiernos a este o aquel. Ni entran ellos en el paraíso de la libertad, ni dejan entrar a los demás.
Saludos.

José Luis García Naveiras

Excelente artículo. Hoy mismo oía a unos “tertulianos” de una emisora de radio preguntarse por qué sus empresas se arruinan y sus compañeros son despedidos. No quieren saberlo, pero el pueblo llano, esos que antes compraban periódicos, se expresa diciendo: “Sólo hay dos verdades en un periódico; el precio y la fecha”.