Problemas de legitimación en el estado de partidos (I)

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Diario Español de la República Constitucional

Cuando Gerhard Leibholz[1], el jurista  del tribunal constitucional federal alemán, definió científicamente a  la nueva forma estatal que se inauguraba después de la segunda guerra mundial en la Europa occidental como “estado de partidos” estaba, a su vez,  justificándola  mediante el argumento rousseauniano de la  integración de la masas sociales en el estado a través de los partidos políticos convertidos en auténticos órganos estatales.

En el fondo  estaba reconociendo que el estado de partidos  continuaba la filosofía del sistema totalitario fascista por otros medios, aparentemente más democráticos pues la “voluntad de todos” estaba más directamente presente en las decisiones del estado.

En cuanto a  la nueva forma de legitimación de los regímenes políticos europeos en la guerra fría sólo podemos concluir que se utilizaron como material  de construcción, para el nuevo palacio partidocrático, los escombros del palacio de poder totalitario estatal precedente y vencido.[2]

La legitimación o justificación racional de un sistema político  se refiere, en primer lugar, a la legitimación misma de la forma estatal de la organización y orden político, es decir,  se refiere a la legitimación de la relación de dominación de los gobernantes a los gobernados; gobernados que aceptan libremente la obediencia a un gobierno legal, entre otras cosas, para evitar el caos y el desorden en la sociedad.

Esta primera forma de legitimación de lo político no es difícil de conseguir por parte de los gobernantes en la  población. Los estados nacionales modernos surgieron, entre otras razones, para evitar las permanentes guerras y conflictos religiosos y, además, esta justificación del estado iba acompañada por una gran teorización filosófica y jurídica que la consolidó.[3]

Es, pues, la legitimación un prestigio social, reconocido así por la generalidad de la población.

La legitimación de lo político presenta este carácter de aceptación por la sociedad, a pesar de los intentos radicales del anarcocapitalismo de reducir al mínimo o a la nada los espacios o bienes  públicos.[4]

Sin embargo, la legitimación del poder – del régimen de poder político del estado de partidos- es mucho más difícil de sostener racional y sentimentalmente.  Estos aspectos directos-coactivos- de la política práctica  favorecen el que una gran parte de la población pueda reflexionar sobre ella  y, por tanto, detecte la falta de legitimación de la misma, y con más razón en los actuales  regímenes de poder basados en los partidos estatales.

La legitimación del poder se refiere, por tanto, a la justificación o reconocimiento social de la política y de sus protagonistas, es decir, de los que expresamente imponen su voluntad en una relación política.[5]

La legitimación de lo político o dominación y la legitimación del poder se suelen confundir con la legalidad del régimen político en cuestión. Ésta última se da en todo poder por el hecho de que todo estado es un estado de derecho o normas; la legalidad se tiene que  imponer y aceptar, en última instancia, por la fuerza estatal; pero, en cambio, la legitimación del dominio y la del poder  tienen que producirse por un reconocimiento libre de la población y, como hemos visto, la de dominación es fácil, pero la de poder es más difícil de conseguir como muestran la baja puntuación que dan  las encuestas a sus protagonistas[6].

El estado de partidos tiene legalidad, pero no legitimación.

Como es bien sabido se debe al gran sociólogo  Max Weber (1864-1920), ya en el siglo XX, la distinción de las tres formas de legitimación de la dominación:

a)  la legitimación tradicional basada en la creencia popular en la santidad del orden político como la que se producía en el dominio patriarcal, pero también en el feudalismo y, lo que es más importante, en el patrimonialismo, que tanta duración ha tenido en España hasta bien entrado el siglo XXI.

b)  la legitimación carismática fundamentada en la devoción sentimental, familiar o afectiva o religiosa a la persona de un profeta, héroe, señor o demagogo. España también ha mantenido, en cierta forma, este tipo de legitimación del poder en las figuras del Caudillo por la Gracia de Dios ( el generalísimo Franco), el rey Juan Carlos, Felipe González e, incluso José María Aznar. Carisma que ya han dejado de tener Zapatero y Rajoy.

c)   La legitimación  legal o racional-legal centrada en el Estado de Derecho moderno y en su burocracia administrativa. Forma de legitimación a la que tienden naturalmente a evolucionar la tradicional y la carismática, que son organizaciones y acciones orientadas a valores frente a la legitimación legal consistente en una organización y tipo de acción racional orientada a objetivos prácticos- de este mundo y con medios de este mundo-.[7]

Ahora bien, la pregunta esencial que cabe hacerse en estos momentos de crisis del estado de partidos es la siguiente: ¿qué tipo de legitimación corresponde a la forma política democrática en el siglo XXI?

Es evidente que no pueden ser ni la legitimación tradicional (a) ni la carismática ( b), por lo que sólo la legitimación racional-legal es la propia de una república democrática.

Sin embargo, también el estado de partidos intenta legitimarse mediante la forma racional-legal cuando, en realidad, siempre reclama un reconocimiento por las vías tradicional y carismática. El estado de partidos simula poseer la legitimación racional-legal, pero simplemente es un régimen basado en una legalidad ilegítima.

Y ello es así por una primera razón evidente: la legitimación racional-legal implica la posibilidad del disenso en política y la imposibilidad del consenso. Así, por ejemplo, en los EEUU y en Francia el consenso es algo impropio de sus repúblicas y de sus políticas.

En cambio en las partidocracias lo que impera es el consenso en política y también en lo político.

Pero dicho consenso es lo propio las legitimaciones tradicionales y carismáticas y no la idiosincrasia de  la legitimación  racional-legal que se reclama.

 

[1] Ver mi anterior artículo en el diario rc sobre el jurista alemán: http://diarioerc.com/archivorc/enemigos-de-lo-natural/1954.html

 

[2] Ver el magnífico artículo de Zoilo Caballero en este mismo diario, http://diarioerc.com/?p=10996

 

[3] Maquiavelo, Bodino, Thomas Hobbes & cia.

[4] Así  lo pretenden las teorías de Jesús Huerta de Soto y Hans H. Hoppe & cia.

[5] Otra acepción de la legitimación es la que se produce o no  en las diversas relaciones sociales  cuando hay reciprocidad o no entre los miembros del grupo.

[6] En el estado de partidos español la puntuación más alta la tiene Rosa Diez y no el presidente del gobierno o el jefe de la oposición.

[7]  La jaula de hierro de control racional que atrapa a los individuos en una burocracia  de reglas puede ser calificada como la de una “noche polar de oscuridad helada”.

 

 Antonio Muñoz Ballesta

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9 COMENTARIOS

  1. Querdo AMB: El anarcocapitalismo, como el anarcosocialismo, niega la existencia del estado TOTALMENTE como forma de organización de lo político, no lo minimiza como alternativamente con la conjución “o” se deduce de tu por otro lado impecable artículo. Es el minarquismo quien lo minimiza aceptando la fomra estatal. De ahí qeu lso minarquistas ma´s iportantes como Ayn Rand fueran defensores del consitucionalismo USA y anarquistas como el citado Hoppe o M. Rothbard, por el contrario, lo aborrezcan.

    Un abrazo.

    • Gracias Pedro,

      Así es, el ejemplo del colectivo objetivista liderado por A.Rand para el estado mínimo es pertinente, aunque no está claro si la reducción que proponen es de la política intervencionista del gobierno o una reducción del estado mismo,como expresamente defienden lo anarcocapitalistas.

      SyRC
      A.

  2. Estimado Antonio:
    Leo con gran interés tu artículo, y el anterior que citas.
    Es tan importante que los ciudadanos sepan que en España no gozamos de un sistema democrático sino que sufrimos un régimen político basado en la formulación jurídico-constitucional denominada”Estado de partidos”, que los miembros del MCRC en La Rioja hemos organizado una conferencia el próximo día 12 de junio en el Ateneo Riojano de Logroño en la que trataremos esta materia.
    Como yo seré quien, en concreto, asuma su exposición, te ruego que te pongas en contacto conmigo para compartir algún texto (por ejemplo, me gustaría poder contar con la traducción al español de la famosa sentencia del TC Federal alemán) o alguna idea.
    Es muy necesario denunciar el concreto régimen que padecemos y, para ello, debemos explicarlo, justificar su origen y poner de relieve que, como toda obra humana, podemos arrumbarla si, como resulta evidente, es indecente moralmente y falsa políticamente. Por ello agradezco mucho tus artículos.
    Un afectuoso saludo.

  3. Felicidades Antonio por el artículo y mi sincera enhorabuena a Ramón por la organización en el Ateneo Riojano. Aquí en Asturias hemos tenido una primera aproximación en el Ateneo Obrero de Villaviciosa y ha sido un éxito.
    La sociedad más comprometida, libre y preparada estima nuestras propuestas y nuestra lealtad hacia la democracia y los ciudadanos; algo que no pueden decor ninguno de los oligarcas del Estado de Partidos.

    • Gracias Fernando y enhorabuena por las conferencias en Asturias. Hay que hacer una labor de formación democrática por toda España.

      SyRC
      A.

  4. Muy interesante el artículo. Solamente apuntar que, en el preriodo de preguerra mundial, que va de 1929 a 1939, en Europa se produjeron algunos hechos dignos de atención y mención. Alemania, acuciada por una crisis de “caballo”, con una Républica de Weimar frágil, sin tradición, poco asentada, y, aunque no tengo la certeza, pero me da en la nariz que así fue, con un sistema partidocrático y proporcional. Italia, otra que tal. Por el contrario, en el Reino Unido y Francia, aunque se presentaron a las elecciones algunos “esbozos” de autoritarismo y de populismo nacionalista, el sistema democrático resistió. ¿Gracias al sistema, solamente? ¿Gracias al sistema y a la tradición democrática de franceses y británicos? Digno de hacer un pequeño estudio sobre ello. Saludos

    • Su nariz acierta D. Jaime. El fracaso de la república de weimar, como la II española estaba en la ausencia de instituciones democráticas como el Presidencialismo que la debilitaban. Un saludo

    • El parlamentarismo y las repúblicas no democráticas – sin separación de poderes en origen- son avances hacia la democracia y la República Constitucional pero la partidocracia es un retroceso político.

      SyRC
      A.