El Tiempo, Juez Insobornable

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Diario Español de la República Constitucional

El tiempo es Juez insobornable que da o quita razones. Allá por Diciembre de 2.009 el Tribunal Supremo inadmitía a trámite una demanda planteada en vía contencioso-administrativa por los Letrados murcianos D. José Luis Mazón Costa y Dña. Encarnación Martínez Segado contra el nombramiento del Magistrado D. Carlos Dívar como presidente del Alto Tribunal y del Consejo General del Poder Judicial.

Los abogados recurrentes denunciaban en su demanda inicial que el nombramiento de Dívar lesionaba el principio de separación de poderes al producirse su elección en ámbito político por razones y agentes ajenos a lo judicial. Las evidencias presentadas por los demandantes eran tan indiscutibles como el propio hecho de que el Presidente del Gobierno anunciara públicamente la elección de Dívar para el cargo antes de la finalización del proceso formal de designación.

Dicha demanda, en la que asimismo se alegaba vulneración del derecho de acceso a los cargos públicos en condiciones de legalidad e igualdad al dejar en manos de los escogidos por la clase política el más alto cargo de orden jurisdiccional, resultó inadmitida a trámite al entender el TS que los recurrentes carecían de legitimación para su planteamiento, acogiendo así las pretensiones que en tal sentido sostenía la Abogacía del Estado.

La inadmisión a trámite del recurso con la excusa de la aducida falta de legitimación era tan demostrativa de la inseparación de poderes como que fuera la propia Abogacía del Estado quien promovió tal excepción procesal para evitar entrar a conocer sobre tan incómodo fondo del asunto.

La tesis judicial recurrida entonces definía con nitidez lo judicial como instancia departamental de la política poniendo negro sobre blanco y en papel de oficio su falta de capacidad para acabar con los mecanismos de dependencia que además formalmente se niegan.  Que fueran dos abogados a título personal los recurrentes subraya la penosa subordinación judicial, pues al pertenecer éstos al mundo jurídico la sin razón de la ausencia de legitimación es aún más escandalosa, al afectarles directamente la cuestión por cuanto su condición de elegibles para el cargo.

Meses después la falta de probidad personal de Dívar le ha llevado a su dimisión. Sin embargo en ninguno de los partidos que consensuaron su nombramiento se ha reconocido culpa alguna ni menos aún depurado responsabilidades con otras dimisiones subsiguientes.

Fotografía:  Carlos Dívar abandonando la sede del CGPJ tras su dimisión

Pedro M. González

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Carlos Prada

Qué frustrante debe ser para todos vosotros todos los ataques a la independencia de la justicia y la impotencia de no poder hacer nada.

Carlos RdT

Hola, soy arquitecto de 33 años, imaginense las corruptelas en este sector, y como de imposible para la mayoría en mi caso el desarrollar la profesión, cuando empezaba mi carrera profesional se habían comido todo el “pastel”.

Gracias al periódico y la radio estoy aprendiendo y descubriendo lo inimaginable para mí, por ejemplo cómo el derecho es la lógica del órden social, o el concepto revelador de la libertad colectiva. Yo me sentia frustrado en una sociedad que no me daba salidas y ahora entiendo que el problema es muy profundo y meramente político, algo que a mi generación no le ha interesado y rechazado por ignorancia o cobardía.

Animo y seguid así porque poco a poco vamos despertando!!

Fernando

Ante la corrupción desatada por todos los estamentos del Estado y pensando en las futuras elecciones, sería muy interesante que a través de D. Antonio García Trevijano, se le enviara una carta proponiéndole al Sr. Rajoy, que todos aquellos que no fueramos a votar en las próximas elecciones y siendo el Parlamento la representación (pseuda) del pueblo soberano, respetaran nuestra opción de no ir a votar haciéndolo valer MEDIANTE números de escaños VACIO, los QUE RESULTASEN ApLICANDO LA MAL OLIENTE LEY D¨hont.
saludos.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Querido Pedro: “Y de aquellos polvos…” Pero no sólo la elección de presidente del TC estaba contra el decoro de la independencia, sino que su sin-castigo irá también contra la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Si tú o yo derrocháramos dinero público en asuntos privados, es seguro que la Ley se aplicaría – lógicamente – contra nosotros. Ya está bien, ya está bien, ya está bien. ¿Hasta cuándo soportaremos a los chulos desaprensivos de este Estado?

Martín-Miguel Rubio Esteban

Y lo que pide el abogado Benítez de Lugo es lo menos que se le puede pedir a Dívar, que devuelva el dinero público que no tenía el fin para el cual se le empleó. Parece lo mínimo que se le puede pedir. A otros se les impondría una fuerte sanción. ¿Para cenas como las de Dívar aumentará la presión impositiva?