Demagogia indigesta

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JOSE MARÍA ALONSO

Como español residente en el extranjero, sigo con interés la vida política de mi país y suelo desayunar combinando este diario y otros medios de internet con los dos canales de televisión que puedo sintonizar desde esta parte de Europa: TVE Internacional y el Canal 24 horas.

Como mi desayuno no es del interés del lector, baste decir que procuro ingerir alimentos cuya metabolización resulte en un aporte equilibrado de nutrientes que me ayuden a vivir con salud y no me envenenen. Desgraciadamente no ocurre así con los informativos de los canales mencionados más arriba, cuyo visionado obliga a mi castigado intelecto a pesadísimas digestiones puesto que para discernir cualquier atisbo de verdad que me aporte algo de información, he de estar contínuamente en guardia ante la utilización bastarda de términos como ¨democracia¨, ¨representación¨, ¨separación de poderes¨, ¨soberanía popular¨ u otros que los oligarcas partidocráticos emplean sin conocimiento y con una frivolidad que unas veces causa enfado y otras provoca vergüenza ajena.

Sin intención de colorear ideológicamente ni de distinguir qué oligarca de qué partido flagela el significado de los términos hasta deshacer palabras fuertes y sanas en su acepción original en pulpa deforme y vacía, baste decir que es habitual ver a la portavoz del llamado grupo ¨socialista¨, a su vicesecretaria general, así como a la secretaria general del grupo conocido como ¨popular¨ y a la portavoz y vicepresidenta del Gobierno, utilizar de manera degenerada los términos entrecomillados en el párrafo anterior. Lo qué es más grave, y ya no sabe uno si es por mera ignorancia o por tomar el pelo a la ciudadanía,  mediante concesiones y halagos hacia los sentimientos de súbditos adoctrinados durante casi cuarenta años de partidocracia y basándose en contínuas falacias hacen de sus discursos una sarta de imposturas, verdades a medias y mentiras procaces que dejan a la víctima, el espectador,  envenenada y confusa, creída como el pobre Cándido en que vive en el mejor de los mundos democráticos posibles.

Por eso debe el ciudadano responsable y amante de la verdad, que es igual a la libertad, ingerir mentalmente alimentos conceptuales sanos y puros, sin adulterar, y ser consciente de que la vitaminas que inmunizan a  la ¨democracia¨ de enfermedades partidocráticas no son otras que la ¨representación¨ verdadera de los ciudadanos por el diputado de su distrito uninominal con mandato imperativo revocable, y la ¨separación de poderes en origen¨ , no la separación de funciones de un sólo poder como ocurre en España.

Una vez conocida y digerida la verdad, queda el súbdito ya convertido en ciudadano inmune a la deslealtad de la mentira partidocrática, y consecuentemente abomina del discurso falaz de los oligarcas puestos a dedo en una lista de partido por sus jefes. Sanado de una vez por todas y nutrido de conceptos puros como proteínas que conforman sus ideales,  no puede por menos que abstenerse en las sucesivas convocatorias electorales y, si es leal y ama la libertad, difundirá la verdad que conoce entre sus conciudadanos con la sana democracia formal como horizonte ideal para moverse hacia la República Constitucional y salir finalmente de la indigesta monarquía de partidos que sólo le provoca pesadillas.

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