Claro

Oscuro

ALFONSO SASTRE.

Mirando hoy, yo elogio en general lo que se intentó entonces desde el Estado Republicano con la creación del Consejo Central del Teatro (13 octubre 1937), y desde los sindicatos UGT y CNT, y así mismo las hazañas que se realizaron, sobre todo en Barcelona y en Madrid pero también en otras ciudades y pueblos, y en frentes de guerra, fábricas, y calles urbanas. La Guerrillas del Teatro y las diferentes expresiones de Teatro de Urgencia han dejado constancia de aquella inquietud.

La Tercera República se enfrentará a una situación diferente, y podemos pensarla sin cercos, bombardeos y hambres. Por otra parte, la idea de un teatro “obrero y campesino” quedará a trasmano en cuanto que la configuración social de hoy aleja las condiciones del antiguo “obrerismo” y del antiguo “agrarismo” (el feudo del “campesinado”). En términos generales se puede pensar, pues, el futuro en la proliferación de ayudas públicas para la puesta en marcha -hasta que las Compañías “anden” por sí solas -o sea, con su público- , y luego habrán de ir por sus propios pasos, en relación dialéctica con ese público, hoy perdida (lo que no es causa de grandes añoranzas, dado el bajo nivel cultural con el que había que enfrentarse, y ello era cierto, sin que Aub dejara de tener razón en su crítica); una relación que será por fin fecunda (así lo espero y lo deseo) – con su público, en un trance renovado de interfecundación que no habrá de reproducir las inepcias de aquel “teatro comercial”, en el que el factor más ignorante no era el público sino desgraciadamente aquel sistema de empresarios privados (hoy sustituído por el de unos programadores entre los que abunda también la ignorancia y la falta de consciencia poética), y de “primeros actores y directores”, generalmente iletrados.

La noción de “centralidad” -Consejo Central del Teatro, análogo al Consejo Nacional del Teatro del franquismo- será ocupada por la que inspire un organismo de vocación federal que habrá de considerar en su horizonte la incorporación de Portugal bajo la insignia de lo Ibérico (sobre esto tuve ocasión de pensar con mi amigo el actor portugués Rogério Paulo, ya fallecido, cuya idea era esta). El sistema de producción que se favorecería sería el cooperativo, y las gentes de teatro y de letras dejaríamos de vivir en dos mundos diferentes.

Cuando esto ocurra yo no estaré, pero sí me gustaría que alguien se pusiera en mi lugar para rendir un homenaje a las figuras de María Teresa León y Rafael Alberti, poniendo en escena, en recuerdo de su gloria, mi propio Nuevo cerco de Numancia, y a ser posible en el mismo Teatro de la Zarzuela para que la memoria fuera más carnal y significativa. En ello residiría mi modesta contribución a tal homenaje y a aquella gran tentativa de un gran teatro republicano.

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