Una solución temeraria

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

Todas las personas con un cierto nivel de información entienden por federalismo un movimiento, y una teoría, que busca la paz y la cooperación entre los pueblos mediante una unión permanente de Estados nacionales, que dé lugar a otra forma superior de convivencia, llamada Estado federal. Prescindiendo ahora de los matices importantes que distinguen las uniones federales de las confederales, es indudable el carácter progresista y civilizador que tiene para el porvenir de la humanidad la unión federal entre Estados nacionales previamente separados. Aunque la meta final del federalismo, un solo gobierno del mundo, sea utópica y contradictoria con la esencia del Estado, siempre será mejor que haya menos centros de decisión de guerras y discriminaciones. Por eso defiendo nuestra integración en un Estado federal europeo, si la decisión la toma libremente el pueblo español y si está garantizada la democracia en el Gobierno de la Unión. Cosa que no sucede en el Tratado de Maastricht.

Pero cuando se habla ahora en España de federalismo se está pensando en otra cosa que nada o poco tiene que ver con el movimiento europeo de integración federal. Se trata más bien de lo contrario, o sea: de dividir el único Estado nacional que tenemos en diecisiete Estados regionales, para separarlos y volverlos a unir simultáneamente, mediante pacto, en un nuevo Estado federal. Los neofederalistas pretenden transformar así el Estado de las Autonomías en Estado federal. Y que sea este nuevo Estado el que se integre luego en la Unión Europea.

Antes de examinar esta propuesta política desde el punto de vista de la democracia, para saber si es o no una solución posible y aconsejable, conviene delimitar el problema que se pretende resolver con ella. Que no es, desde luego, el problema de la democracia, porque los neofederalistas creen, pese a la evidencia contraria, que en España existe libertad política y democracia. Los dos supuestos fácticos que han hecho imaginar la solución federal son: el fracaso de las autonomías y el peligro de secesión de Cataluña y País Vasco. Sin ese fracaso y sin ese peligro a nadie se le ocurriría hoy hablar de federalismo estatal interior. La íntima relación entre estos factores es innegable. Pero hay que saber si el fracaso de las autonomías consiste en que no han podido eliminar el peligro secesionista o si este peligro ha sido creado por el fracaso político de las autonomías. Parece evidente que de no existir nacionalismo catalán y vasco nadie pensaría, con fracaso o sin fracaso de las autonomías en el resto de España, en una solución federal. Luego el único problema que se piensa resolver con el federalismo es el del nacionalismo periférico.

Sin embargo, los neofederalistas no están proponiendo una fórmula federal para Cataluña y el País Vasco exclusivamente, sino para todas las regiones que hoy están bajo administración autonómica. La incoherencia que supone proponer una solución general para un problema particular, que fue la incoherencia cometida con el café para todos en el sistema de Autonomías, es debida a la vigencia de aquel mismo prejuicio igualitario de las autonomías en los neofederalistas. Como buenos doctrinarios de la igualdad jurídica regional, se niegan a reconocer en el Estado español diferencias políticas entre hechos regionales diferentes. Antes que admitir la particularidad política de Cataluña y del País Vasco prefieren generalizar la solución a su particularidad, convirtiéndola en jurídica a través de la fórmula federal para toda España. Lo que no ha logrado el sistema de Autonomías, o sea, satisfacer los sentimientos de identidad nacional de los nacionalistas vascos y catalanes, piensan los neofederalistas que puede conseguirlo el sistema federal.

Sin necesidad de entrar en los polémicos temas de la Historia del Estado español y de la nación española, basta el método empírico que guía el razonamiento de este artículo para juzgar equivocada y temeraria la solución federal. Equivocada porque es artificial. Temeraria porque agravaría el peligro secesionista. El núcleo duro del-sentimiento nacionalista está en su oposición al Estado por considerarse expresión de una nación diferente con derecho a tener su propio Estado, sea para separarse o para federarse con el de España. Por ese motivo, los nacionalismos catalán y vasco no aceptan federarse con partes de España para integrar el Estado español. Aceptarían, y no todo el movimiento nacionalista, una federación de España, Cataluña, País Vasco y tal vez Galicia, en un nuevo Estado que difícilmente admitirían llamar español. La federación estatal de todas las regiones autonómicas, como asunto interno de España, es una solución fantástica para problemas inexistentes en el resto de las regiones españolas, y no es una solución real para los que existen en Cataluña y el País Vasco.

Pero además de artificial, la solución federal es temeraria. La esencia cualitativa del sentimiento nacionalista es la permanente afirmación de su identidad diferenciada. Tenemos la prueba de que el régimen general igualitario de las autonomías ha exacerbado, mucho más que el régimen particular estatutario de la República, la reivindicación nacionalista del derecho de autodeterminación, que es una forma pedante y confusa de reclamar el derecho a la independencia. La fórmula federal generalizada no puede dar satisfacción adecuada al derecho a la diferencia que reivindica el nacionalismo periférico, y dejaría expedito el camino a la afirmación de ese derecho a través de la independencia, con la fácil ruptura del lazo contractual o jurídico en que consiste el pacto federal. El federalismo interior exacerbaría el sentimiento diferenciado de los nacionalistas y haría más fácil el camino a la secesión. Nadie que pretenda asegurar o fortalecer la unidad de España puede promover sin caer en flagrante incoherencia, el federalismo general.

Existe una cuestión catalana y vasca que las autonomías generales no han resuelto ni podrán resolver. Existe un hecho lingüístico diferenciado y unos movimientos nacionalistas en algunas regiones españolas que no existen en las demás. La solución al conflicto particular de Cataluña y País Vasco o es una solución particular a esas regiones o no es una solución. Sin admitir una diferencia política para Cataluña y el País Vasco con relación a las demás regiones no hay salida correcta al conflicto vasco-catalán. La democracia es el único método pacífico de arreglar conflictos, con soluciones que van de abajo a arriba, desde la sociedad al Estado. Y no con arbitrismos de la autoridad estatal, como el de las autonomías, que han sido creadas desde el Estado.

Sólo hay dos fórmulas particulares para afrontar la cuestión de las nacionalidades lingüísticas. Una de ellas, autoritaria y estatal, es la solución federal particular para Cataluña y el País Vasco. Otra, democrática y societaria, es la federacional. La primera sería un privilegio para el nacionalismo moderado, que seria rechazado por el independentismo y por el resto de la sociedad española. La segunda, basada en la tradición del federacionismo de la Revolución Francesa y de la concepción proudhoniana que introdujo en Cataluña Pi y Margall, es la única solución compatible con la libertad política y con el derecho democrático de todas las comunidades municipales a dotarse de estructuras de poder regional mediante federaciones municipales, que el Estado se limitaría a reconocer, y a financiar cuando permitieran evitar la doble administración de unas mismas competencias. Es inútil desarrollar más esta solución mientras en España no exista un régimen representativo de los electores en el Parlamento y un régimen separado de poder electivo en el Gobierno del Estado. Sin democracia en España no hay solución correcta al problema de las nacionalidades lingüísticas.

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Gonzalo

Totalmente de acuerdo con Antonio.

Marco Antonio López Redruello

Este magistral análisis plantea algunas derivadas posteriores: ¿Estaremos a tiempo todavía de darle solución?; ¿es viable la segunda solución sin solucionar el problema de fondo del estado?, ¿no se podría usar este problema tan grave como detonante y solución al problema del sistema político en nuestro país?. Actualmente, la solución federalista es la que propone el Partido Socialista, sus problemas e inconvenientes han sido magistralmente desarrollados en el texto de Don Antonio. El federalismo asimétrico es la opción, quizá oculta, pero cada vez menos creíble entre sus bases, del nacionalismo moderado, y lo que es más importante, de una parte muy considerable de las personas que viven en Catalunya, de cualquier tendencia política, que optan por esta solución llevados por el miedo a la amenaza, cada vez mayor del independentismo. Esta solución, el independentismo radical, aunque no sea posiblemente el objetivo de fondo de partidos como CiU, ha calado ya socialmente en sus bases como única solución factible al problema, los medios afines al gobierno de Catalunya hacen campaña permanente de sus bondades y posibilidad, si los dirigentes de CIU pueden o no controlar esta tendencia, es una incógnita, es posible que se vean arrastrados por la corriente de opinión que ellos mismos han generado. Peor es la situación de la posición del gobierno central y del PP en Catalunya, no presenta ninguna solución ni opción de futuro, parece esperar a que escampe, noqueado por la realidad y sin tener siquiera, el apoyo de la monarquía, atenta como siempre a la opción socialista que prevee factible. Ante este enrocamiento falto de imaginación. Al final, muchas personas optarán con cualquiera de las otras dos posturas, ante la parálisis y el resquemor que genera continuar en una situación sin posibilidad de solución a medio y a largo plazo. ¿No sería una solución conseguir que la gente se movilizase exigiendo una solución de fondo a los poderes actuales sin decantarse, en principio por ninguna?, al menos esta sería una propuesta de mínimos aceptada por una parte muy importante de la población, esto podría dar pie a cambios más importantes. Una vez conseguido esto, sería el momento de proponer las soluciones, a parcial y a lo total, esto es, al modelo de estado, ¿no se podría convertir el problema de los nacionalismos periféricos en el detonante de un cambio total de estado hacia la democracia real?, este problema no es percibido por una mayoría… Leer más »

Charlie

¿Tanto te cuesta utilizar el término CATALUÑA cuando utilizas el idioma español en el artículo?¿Tan
difícil es?

Marco Antonio López Redruello

Estimado Charlie, no tengo ningún inconveniente, como puedes comprobar:
Cataluña, Cataluña, Cataluña.
Normalmente, no traduzco los nombres, y tampoco creo que el uso de una u otra lengua constituya un problema en si mismo, si no el uso manipulado o la imposición cultural que conlleve este, pero si esto es un problema, por mi, que no quede. Tampoco traduzco New York, pero en fin, lo dicho.
Saludos

Juan B

El problema, me parece a mí, reside en el no reconocimiento de la Patria catalana o la Patria vasca como un territorio mental o cultural que se apoya en una lengua. Otra cuestión es la nación que es un territorio vital sustentado en una emoción colectiva como ocurre en ciertos ambientes de euskadi pero no en Cataluña: observese la emoción que despierta en cualquier lugar de Cataluña o Valencia un partido de futbol de la seleción nacional española . Otra cosa es el estado que es un territorio físico fundado en un poder central.
Y de estos entes colectivos, Patria, Nación y Estado, deberían emanar los poderes judicial, legislativo y ejecutivo repectivamente. Debería reconocerse queí la patria española está formada por más de cuatrocientos millones de almas que tienen el privilegio de poder comunicarse entre sí; si cataluña persiste en ese proceso de reconversión linguista, y no reconoce su doble patria, su territorio linguistico quedaría muy disminuido. Pero, en la práctica, la patria está en manos del poder mediatico y el estado en manos del poder financiero.

Gonzalo

La Constitición de 1978,que tecnicámente está mal redactada,estabece que el castellano es la lengua española oficial del Estado.Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.Las demás lenguas españolas serán también oficiales en…España no es UNA,ni GRANDE ni LIBRE,¿Porqué?. Porque para que España sea UNA y GRANDE tiene que ser LIBRE.