Por fin, abstención

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

 

Ya era hora de que la abstención electoral ganara, fuera de las urnas, la dignidad que se pierde con este sistema, dentro de ellas. Ya era hora de que lo más selecto de la prensa percibiera que lo mejor del cuerpo electoral está en los que se abstienen de apoyar con su voto, incluso en blanco, a un modo de integrarse en la sociedad política -listas de partido; cerradas o abiertas es prácticamente lo mismo- que hace imposible, por su naturaleza, la representación de la sociedad civil. Los abstencionistas han visto, por fin, el poder deslegitimador del NO, cuando puede expresarse sin temor, en todo régimen de dominación. Y nadie podrá negar, sin ridiculizarse, la insoslayable evidencia de que vivimos bajo la humillante dominación oligárquica de vulgares jefaturas de partido. Aunque tarde, ya es de conocimiento público que el derecho de votar implica por necesidad el de no votar. Y que si ambos tienen la misma legitimidad política, sólo el último alcanza una dimensión ética, cuando no hay nada que pueda ser votado sin indignidad, es decir, sin complicidad con la mentira, el crimen político o su perdón.

La cabeza de lista del PSOE quizás no era consciente de la verdad exacta que se traslucía en su mensaje confesatorio, cuando pidió la complicidad de los votantes. Nadie ha sido más sincero que ella. La palabra cómplice es inequívoca: participar en un delito del que no se es autor. Y su sentido alegórico, más negro que el de compinche, es deshonroso: conciencia pícara de estar obrando mal, para obtener un beneficio, en perjuicio de otro, sin riesgo de punición. Ante tal invitación a la complicidad, no denunciada por los otros partidos ni por los medios de comunicación, ¿cómo dejar de abstenerse sin caer en el deshonor?

La abstención de los que hubiesen votado de haberles sido posible es muchísimo menor que la de los que no votarían sin la coacción de su entorno. Y la apatía política de los que votan, para poder desentenderse luego de la cosa pública, no es predicable de los que se abstienen por ignorancia. Si votar en blanco legitima al sistema, con más razón no votar por incultura política debe ser la mayor deslegitimación del método que la produce. Si todos los votos cuentan lo mismo, con abstracción de sus diversos y hasta opuestos motivos, no es honesto atribuir el efecto deslegitimador solamente a los que no votan a conciencia. Si se distingue entre los que se identifican con un partido y los que lo votan para que no gane otra, también se puede distinguir la diferente índole de los motivos que empujan a la abstención. La conciencia personal se abstiene por la defraudación de las ilusiones puestas en los partidos en liza. Hoy no ha votado, pero mañana puede hacerlo por esas confusas tácticas del mal menor. ¡Como si el mal pudiera ser alguna vez objeto de libre elección! En cambio, la conciencia política sabe de antemano, y desde que el método se inventó, que votar a una lista es corromperse, porque ese fraude fue fruto de la perversión partidista y es causa de la corrupción ideológica.

¿Pero quiénes somos estos arrogadores de la conciencia política? Bien simple. Los que rechazamos el sistema proporcional por la razón suficiente de que no es representativo. O sea, porque los diputados no representan, aunque quieran, a los votantes; porque los electores no eligen, aunque lo crean, a los elegidos; porque las Cámaras no son una diputación o una representación de la sociedad en el Estado, sino una mera representación pública de la clase política designada por las jefaturas de partido; y, en fin, porque la arbitraria distribución de los escaños, para potenciar a los nacionalismos periféricos, no corresponde a la del voto. Para llegar a esta clara conciencia política ni siquiera hace falta saber lo que es democracia representativa. Basta con ser políticamente decente y, claro está, un poco inteligente.

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10 COMENTARIOS

  1. Desde 1976 sólo he votado dos veces:la primera,la Ley de la Reforma política redactada por Torcuato Fernández Miranda y la segunda voté a un candidato de lista de partido,pero en mi fuero interno votaba a la persona pues sabía que profesionalmente era competente y de moral intachable.Por cierto pasados unos años,en Oviedo,me dió la mano y su agradacimiento por haberle votado y le respondí pero no te elejí.Llevo diciendo 30 años que “el primer partido “en España es el de la ABSTENCION, que hay que abstenerse porque no se está de acuerdo con las reglas de juego y que el voto es un derecho político,no un deber cívico ni una obligación del que contribuye a la cosa pública.Hay que sustituir¡ ¡YA!,el sistema electoral proprcional por el sistema mayoritario de distrito a dos vueltas.

  2. Yo soy abstenciócrata, o abstencionario, absoluto, ya que no he votado NUNCA, precisamente por ese desdén al sistema de partidos existente que desde hace mucho ya había percibido y ahora explicáis. Ahora bien, me temo que el descarado y poco sutil manipulador, va a salir mañana “atribuyéndose” a su partido toda la abstención en Galicia y Euskadi, buscando la justificación del mal menor a la debacle que ha sufrido su formación política en estas elecciones. Cómo protegernos de esta maniobra; solo faltaría que el manipulador viniera a sacarnos de nuestra íntima abstención, para incluirnos en las filas de su detestable partido. Sólo faltaría que este manejo nos aboque a muchos a tener que cambiar de posición y obligarnos a votar para que no nos confundan.

  3. Pues yo siempre he votado porque pensaba que había costado mucha sangre ganar el voto y que, el no hacerlo, era inmoral para quienes lucharon por él. Sin embargo, tras la que está cayendo, tras lo que leo, lo que aprendo y el constatar que la democracia no es esto, me estoy replanteando seriamente mis convicciones y es probable que no vuelva a votar, y menos aún a esta oligarquía de partidos que nos gobierna.

  4. ¿Por fin…? La abstención suele ser la opción electoral preferida por una mayoría frente a cualquier otro partido desde 1979. Pero ese 36% de ciudadanos que no votaron en las autonómicas 2012 de Galicia y Euskadi será ignorado como siempre, no molestan a la partidocracia porque no existen, nadie sabe qué quieren o dónde les duele. Pero ¿y si esa fracción llegase all 60% ó 70%? Pues ningún problema. El régimen se encargará de hacer las reformas suficientes para que todo siga igual, por ejemplo abriendo listas. Es la manifestación habitual de una sociedad tutelada que sólo sabe rebelarse con el silencio, esperando que lle regalen Transiciones o lo que sus tutores oligárquicos tengan a bien. Ésa es la cruda realidad de la abtención hispana.

    • ¿Estás encantado con este régimen hampón,Recaredo?Participa y disfruta siendo cómplice del
      Rey de la Corrupción y sus 40 ladrones.¿Te repugna quizás las fechorías de la chusma política y
      sus adláteres?Entonces no acudas a palacio cada vez que los mayordomos del borbón(chusmas
      política y mediática)convoquen y soliciten a sus súbditos que acudan con el combustible que man-
      tiene encendida la fogata de la corrupción.La decisión es tuya y sólo tuya.

    • Tus preguntas serán retóricas, supongo. Disfrutar ya lo hacemos desde hace 35 años con el “partido de las abstenciones”, el más votado en las encuestas electorales del Régimen. Si quieres seguir así otros 35 ya sabes, no rompas tu carnet de abstencionista y que lo disfrutes.

  5. http://iniciativadebate.org/2012/10/24/simplificando-el-fraude-estadistico-en-las-autonomicas-gallegas/

    Es aun mayor el porcentaje, así que la deslegitimación es mayor aun que lo que las cifras oficiales dicen.
    Evidentemente, para los recaderos, que ya sabemos de quien recibe recados, esto no quita que se cumpla la ley electoral, pero si ese más del 40% se empieza a movilizar, ya veríamos entonces como se para un movimiento así, cayendo por fin todas las mascaras de “democracia” y “representación” de aquellos que justifican este régimen.
    Un saludo.

  6. El votar en la elecciones es crear políiticos, o renovarlos ,que no se sabe lo que es peor.
    Políticos que cobran infinito, que tienen ventajas de clases, que no saben hacer Leyes justas para los españoles, que no gobiernan como deberían sino para que los vuelvan a votar ¿es esto lo que queremos?
    ¡NO!, pues ya saben hay que abstenerse y no votar mientras esto no cambie.