Claro

Oscuro

Nada habría que objetar a la celebración del aniversario de la Constitución si lo festejado fuera el hecho, nada asombroso en un pueblo acobardado desde hace casi sesenta años, de que lleve veinte de vigencia. Pero no es esto lo que se celebra: se viene haciendo lo mismo desde el primer año. Ni tampoco la perfección de la Norma, pues se reconocen sus errores y deficiencias. Lo que se festeja, haciendo memoria colectiva de lo que no está en la memoria personal, no es un hecho capaz de ser registrado por la historia real, ni un acontecimiento legendario de los españoles, memorable por su grandeza, sino un empeño metafísico de la clase gobernante de transformar la conciencia histórica de España en conciencia patriótica de la Constitución. Lo metafísico consiste en ver en ella el hecho de la existencia de España, como forma adjetiva de un sustantivo Estado monárquico; y no un hecho de la experiencia de los españoles, como forma sustantiva de dejarse gobernar por un accidental sindicato estatal de partidos.

La repugnancia del empeño metafísico está, mucho más que en el desmentido de los hechos físicos de la historia, en su propósito inhumano de hacer creer a los gobernados que fueron ellos mismos los que, ebrios de pánico por la peligrosidad de gobernarse a sí, con libertad política, impusieron a la clase gobernante el gran sacrificio de gobernarlos, bajo la condición de que renunciara a los motivos ideológicos que la dividían en grupos opuestos, y permaneciera unida en un Estado de partidos, sin separar los poderes estatales y separando los poderes regionales. Masoquista mandato popular que fue cumplido a rajatabla por los epígonos de la dictadura y los antífonos de la democracia.

Para huir del temor a la libertad constituyente, se unieron por consenso monárquico, con un pacto secreto de olvido del pasado, y de reparto de los intereses y ambiciones que genera el Estado. Aquel pacto de reparto, meollo de la Constitución y del sistema electoral, fue animado por los que se oponían a la ruptura bajo el absurdo de que se podía llegar a la democracia por la vía de reforma, sin salir de la legalidad. Estos formalistas no tuvieron escrúpulos en romper luego la legalidad, para dar a las Cortes legislativas, por mandato de sus jefes de partido, la naturaleza de constituyentes de una Real oligarquía. Y el pueblo, contento de que sus liberales nuevos amos le permitieran gritar libertad y votar sin ella a listas, y no a personas, aceptó el paquete constitucional, como un regalo, sin abrirlo. Esta es la memoria de la historia real, la única que se puede probar, como la de la ciencia.

La memoria animal es un don instintivo y, por tanto, irreflexivo e involuntario. la evolución extendió el registro de la memoria humana, dándole la facultad de recordar de modo simultáneo los vestigios de muchas clases de percepciones y de pocas emociones. La memoria pasó a servir de escaparate de objetos a los apetitos de placer; de cámara de los horrores a la imaginación del dolor; de página ilustrada al libro abstracto de la inteligencia; y de molde plástico a la conciencia de identidad en los sujetos o personas individuales. La memoria, por referirse al pasado, es de médula histórica. Pero llamamos «memoria histórica» a la que registra el molde colectivo donde se fragua inconscientemente la conciencia de unidad de los sujetos de la historia. Y «memoria colectiva», a la que archiva emociones de multitudes ocasionales afectadas por una misma pasión de temor o de esperanza.

Conmemorar el día de la Constitución es “hacer memoria colectiva” de la emoción que produce, en una multitud ocasional de ciegos partidarios, la esperanza en una reglamentación partidista de la vida política. Memoria colectiva contra irrevocables memorias personales de la traición a la libertad del pueblo, para que se diera la forma de Estado y de gobierno de su elección. Memoria oficial contra otras memorias colectivas de amarga desilusión (demócratas republicanos) o desesperanza (nacionalistas vascos, anarquistas y fascistas). Y memoria metafísica contra la memoria histórica de España, sujeto de la Historia, independiente de ésta y de cualquier constitución. Los intereses de una conmemoración no son los de la memoria.

LA RAZÓN. LUNES 14 DE DICIEMBRE DE 1998


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Gonzalo

En España no hay democracia.Hay que evitar la corrupción del sistema político y el defectuoso funcionamiento de las instituciones incluso la desintegración de la conciencia nacional.Hay que analizar sin reparo ni temor.los fundamentos históricos,jurídicos y ideólogos de La Ley Fundamental del Reino borbónico, de 1978,es decir de esta Real oligarquía de los partidos.