Iniciativa Popular

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Diario Español de la República Constitucional

JOSE MARÍA ALONSO.

Mientras los ujieres del Congreso de los Diputados desalojaban de manera bochornosa a unas señoras y unos señores que gritaban ¨sí se puede¨ desde el gallinero donde el régimen permite con aquiescencia que se siente algún despistado, en el universo paralelo de los  lugares comunes donde la que cree ser la muy revolucionaria izquierda social  española se reune virtualmente, ésto es, desde las pantallas de sus ordenadores, se echaba humo felicitándose por el poder que tiene en España la iniciativa popular.

Sin perjuicio del hecho de que el que firma este artículo esté o no de acuerdo con el fondo de la reclamación de la plataforma, que en este caso sí lo está, hay que decir que ha sido árdua y respetable la tarea de la plataforma antideshaucios, que ha tenido que pedir una cantidad enorme de firmas para que los resortes del régimen se dejen influir y quedando como unos deferentes marqueses ceder a la iniciativa popular votando ¨sí¨ a la consideración de la dación en pago como forma de liquidar la deuda de unos súbditos que , llevados por la posibilidad de endeudarse sin pensárselo dos veces, se metieron azuzados por su bancario de confianza en el embolado épico de obligarse hasta las cejas por un habitáculo de ladrillo y escayola que no valía ni la cuarta parte de lo que costaba.

Nótese que he elegido el verbo ¨pedir¨ en vez de recoger o recolectar. Quiero explicar por qué: Se pide lo que no se tiene, y se recoge lo que hay o se ha cosechado. En una democracia formal, esa que se diferencia del bodrio regimental español por tener a sus ciudadanos debidamente representados por su diputados de distrito, hubiera bastado que en cada circunscripción electoral se hubieran coordinado unas cuantas personas para desde su oficina electoral EXIGIR a su representante la defensa de la dación en pago desde el escaño donde representa a los gobernados o electores de su circunscripción correspondiente, a través del mandato imperativo que los electores ejercen sobre él. A ese representante no hay que pedirle, tan sólo hay que exigirle, o lo que es lo mismo que él recoja la voluntad del electorado y la traslade a la Asamblea Nacional sede exclusiva del Poder Legislativo. No hubiera hecho falta ser desalojado entre gritos para satisfacción de la caverna filofascista antidemocrática del PP-PSOE, que con recochineo desde los medios que controla los llama cuadrilla de energúmenos, puesto que así se han comportado al perder los nervios en la tribuna.

Comoquiera que en España habrá alrededor de 350-400 distritos electorales compuestos por un mínimo de 100.000 habitantes, hubiera bastado la coordinación de la mitad más uno –democracia, vamos- para APLASTAR la injusticia de una manera incontestable, y que el legislativo legislase y el ejecutivo ejecutase, valga la redundancia; que para eso deberían estar, y no para que el ejecutivo legisle por mor de la disciplina de voto de partido que mantiene prisionero al legislativo. Ahí el pueblo es el que queda como un Señor, que es lo que somos todos los españoles por nacimiento  aunque algunos no lo parezcan y no habría que montar numeritos en lo que debería ser la Asamblea Nacional, templo de la República Constitucional si así lo deseasen la mayoría de los españoles con derecho a voto, y no ese club de macarras monárquico-partidócratas subvencionados y atrincherados en el edificio del Congreso tras los pesados sacos de arena de la Ley Electoral vigente de listas de partido  protegiéndoles.

Queda sin embargo en el aire una pregunta: Debido al éxito de la representante de la plataforma antideshaucios, Ada Colau, cuyo esfuerzo a favor de la justicia para con las víctimas de la ignorancia del peligro del endeudamiento vitalicio nadie pone en duda; ¿la veremos pronto en algún partido, sindicato, fundación u otro órgano estatal cobrando de las subvenciones procedentes de los impuestos de los españoles? Espero que no ceda a la tentación de los cantos de sirena que satisfechos entonaban con sus fofos aplausos los partidócratas de las camisetas naranjas desde sus escaños. Máxime cuando ella misma en su intervención en la comisión del congreso explica que ¨obviamente¨ no cuestiona la legitimidad representativa de los diputados puesto que les han votado para estar allí y que las medidas que propone cuentan con el ¨consenso social¨ de la población.

Ada Colau, no cojas el corrupto tren de la partidocracia que está a punto de estrellarse, destierra la palabra consenso de tu vocabulario y lucha por la libertad política colectiva en virtud de la regla de la mayoría, que la tienes,  para que ésta vez sí, el pueblo, a través de representantes legítimos, conquiste las nobles y justas metas por las que lucha la plataforma que tú si representas legítimamente, porque te han elegido como persona quienes te conocen, y no como desconocida cabeza en lista de partido.

Así, sí se podrá siempre, y no sólo esta vez.

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Vicente Carreño

Estupendo artículo José María. Enhorabuena.