23F: Pacto de silencio para proteger al rey

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Rueda de prensa previa al juicio del 23-F
Rueda de prensa previa al juicio del 23-F

PATRICIA SVERLO.

Gracias a los esfuerzos no se sabe muy bien de quiénes, las referencias al rey desaparecieron en la sentencia, y Sabino ocupó su lugar como responsable de algunas de sus actas. Por ejemplo, se atribuyó al secretario de la Casa la conversación que el rey había tenido con Armada, a las 18:30 aproximadamente, en la que el general se “ofrecía” para ir a La Zarzuela. Y esto teniendo en cuenta que esta novísima versión no se correspondía con ninguna de las declaraciones que habían tenido lugar durante el juicio: ni con la de Fernández Campo, ni con la de Gabeiras, ni con la de Armada.

Sabino y Juan Carlos2

Libro de Jose Luis de Vilallonga - El rey
Libro de Jose Luis de Vilallonga

Después el mismo rey también se encargó de desmentirla en las conversaciones que tuvo con Villalonga para su biografía autorizada. No fue la única vez que metió la pata en aquellas largas entrevistas, en quE, además, se permitía descalificar a los golpistas, con exclamaciones como “¡Verdaderos amateurs!“, o “¡Era un golpe de Estado montado sin sentido común!” Exclamaciones que le habrían podido valer que fieles como Armada le perdieran el respeto y rompieran el pacto de silencio, pero que Sabino, siempre más atento a los detalles que el monarca, se encargó de que fueran suprimidas en la edición española del libro.

El que salió peor parado de todo el proceso, sin duda, fue Tejero. Le tocó comerse casi todo el marrón. Aparte de los 30 años, fue condenado a pagar al Estado 1.076.450 pesetas por los destrozos que había causado en el Parlamento. Además, como se le había expulsado del cuerpo, toda su familia tuvo que desalojar el piso de la Guardia Civil en que vivía. Su castigo aumentó cuando fue trasladado al Castillo de Santo Ferran, en Figueres, una fortaleza del siglo XVIII, en la que fue prácticamente el único inquilino de 1983 a 1991. Actualmente continúa en prisión*, en la de Alcalá de Henares, pero disfruta de régimen abierto.

A Milans del Bosch le fue algo mejor. El Ejército empezó por mostrarle su apoyo concediéndole la medalla de sufrimientos por la patria, a finales de 1981, aunque después el Gobierno consiguió anularlo, porque aquello era demasiado descarado. Con una condena de 30 años a la espalda, pasó por varias prisiones (Algeciras, Alcalá de Henares, Figueres y la Prisión Naval de Carranza, en el Ferrol de su Caudillo). No quiso pedir nunca el indulto, pero el 1 de julio de 1990, después de haber cumplido la tercera parte de la condena (dicen, aunque las cifras no cuadran: desde febrero de 1981 sólo habían pasado 9 años), fue puesto en libertad. Se instaló en un chalé de La Moraleja, un barrio residencial de lujo, en Madrid, y murió en 1997, al parecer de un tumor cerebral. Le enterraron como a un héroe en la cripta del Alcázar de Toledo, por su condición de defensor del recinto durante la Guerra Civil.

El asunto de Armada, que sólo cumplió 7 años de prisión en total, se puede decir que fue una ganga.

Al servicio de la corona
Al servicio de la corona, de Alfonso Armada

A finales de 1987 el Consejo Supremo de Justicia Militar ya le había rebajado la pena a 26 años, 8 meses y 1 día. Pero la libertad definitiva la obtuvo el 24 de diciembre de 1988 cuando el Gobierno socialista de Felipe González le indultó por razones de salud y por “acatar la Constitución“. Ahora vive en Galicia, en una casa solariega, donde se dedica a cultivar camelias.

Con respecto al CESID y a su papel en el 23-F, igual que en todo lo que hace referencia al monarca, también hubo una campaña de silencio, adoctrinamiento y destrucción de pruebas. Entre los documentos desaparecidos en los días siguientes, de los cuales sólo queda el recuerdo en la mente de los agentes que entonces estaban activos, se citan el “informe Delta sur” (que evaluaba la actitud de cada mando del CESID respecto a un cambio de régimen), unos edictos y decretos que se tenían que difundir una vez hubiera triunfado el golpe, e informes de vigilancia que incluían fotos de reuniones conspirativas celebradas en varios puntos de Madrid. Después se elaboró el “informe Jáudenes“, “acerca de la posible participación de miembros de la AOME [Agrupación Operativa de Medios Especiales, cuyo jefe era José Luis Cortina] en los sucesos de los días 23 y 24 de febrero pasado“. Fue encargado al teniente coronel Juan Jáudenes el 31 de marzo de 1981, cuando ya no quedaban pruebas. Pero todavía se pudieron reunir testigos que implicaban a unos ocho agentes (García Almenta, Monge, Sales y Moya, entre otros). De todos modos, ninguno fue denunciado por el CESID.

Si Cortina llegó a ser procesado, fue en base a las imputaciones de Tejero. Pese a que el fiscal le pedía 12 años, por actuar de enlace de Armada en Madrid y dar apoyo logístico a Tejero para que tomara el Parlamento, fue absuelto de manera poco convincente por falta de pruebas. No dejó el Ejército. Desde 1983 tuvo diversos destinos: el Regimiento de Infantería Jaén 25, el Polígono de Prácticas de Carabanchel y, para terminar, en 1985, el Cuartel General del Ejército, en el departamento MASAL (Mando de Apoyo Logístico), ascendido a coronel de Estado Mayor. En 1990 le fue concedida la Cruz Militar con distintivo blanco y la placa de San Hermenegildo.

Después, su suerte dio un vuelco: todavía con el PSOE en el poder, en 1991 fue expedientado y destituido por negligencia en la custodia de documentos secretos. Pero esta es otra historia.

Gómez Iglesias fue el único agente del CESID condenado por implicación directa en el asalto al Congreso. El Tribunal Militar sólo le impuso una pena de 3 años, aunque después el Supremo la amplió a 6. Pero los otros ni siquiera atestiguaron en el juicio.

El “informe Jáudenes” fue incorporado a la causa 2/81 y después devuelto. En los 13.000 folios del sumario no se hace ninguna mención del Rey. En cuanto a la implicación de políticos, y muy especialmente de los socialistas que estaba probado que se habían reunido con Armada, hace falta decir que también tuvieron mucha suerte en el juicio. Tanto ellos como el grupo de La Zarzuela, incluyendo a Armada, cumplieron el compromiso de no implicarse mutuamente. Un equipo de abogados entrenó a Múgica durante mucho tiempo para que su declaración como testigo se ajustara a los intereses del PSOE, que consistían en desvincularse de Armada. Al cabo de los años, Múgica no ha modificado su disciplina y todo lo que reconoce es que hablaron de la cría de mulas para el transporte de las unidades de artillería de montaña. Cuando salió la sentencia, Felipe González, que ya era presidente del Gobierno, declaró en el Congreso: “Esta sentencia cierra un capítulo importante y doloroso de la historia de España“. Empezaba a entrenarse en la disculpa de que se enteraba de las cosas por la prensa, cuando, recalcando “la absoluta independencia entre el poder judicial y el ejecutivo“, dijo: “Yo me he enterado a media mañana del contenido de la sentencia, por una nota manuscrita del portavoz del Gobierno“. Para que la historia lo juzgue, permanece la anodina sentencia del Supremo, que a lo largo de los considerandos puntualizaba que la rebelión habría existido incluso con el supuesto “impulso regio“. Se decía literalmente: “No sobra razonar que si, hipotéticamente y con los debidos respetos a Su Majestad, tales órdenes hubiesen existido, ello sin perjuicio de la impunidad de la Corona que proclama la Constitución, no hubiera excusado, de ningún modo, a los procesados, pues tales órdenes no entran dentro de las facultadas de Su Majestad el Rey, y, siendo manifiestamente ilegítimas, no tenían por qué haber sido obedecidas“.

Felipe González, Múgica, Tejero y Juan Carlos de Borbón
Felipe González, Múgica, Tejero y Juan Carlos de Borbón

 


* Tejero salió en libertad condicional el 3 de diciembre de 1996

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2 COMENTARIOS

  1. Sobran los que están, faltan los que son. Desenredando la madeja.

    Conviene seguir en la labor.Uno de los ejercicios más apasionantes para entender las claves que se esconden tras el 23-F es volver continuamente sobre nuestros pasos, despejando el camino de falsas pistas, para adentrarnos sin miedo en el túnel del tiempo que nos depara sorprendentes hallazgos.
    Si algo tan complejo y trascendente como el desmontaje y demolición del Estado del 18 de Julio tuvo sus lejanos antecedentes en Munich, en 1962, donde afianzaron su protagonismo para el futuro personajes que hoy están en la cumbre del Estado de las Autonomías, diseñado entonces, no resulta descabellado afirmar, y la realidad nos da la razón, que para llegar al ritmo de descomposición nacional que el mismo juicio de Campamento delata, hubo que preparar el terreno propicio con antelación. No nos cansaremos de repetir que en política, en la clase de política que padecemos, nada ocurre por casualidad. Por eso resulta tan estimulante y esclarecedor volver de cuando en cuando la vista atrás para buscar y descubrir claves reveladoras de tantos enigmas actuales.

    Retrocediendo al año 1975, varios eventos reclaman nuestra atención. Los síntomas más patentes de decadencia del régimen tienen como telón de fondo en aquel verano, precursor de acontecimientos históricos que ocurrirían meses después: La visible decrepitud de Franco abrumado ya por la evidencia de que la España que él tanto amó cruje y se cuartea sin posibilidad de apuntalamiento, carcomida por las fuerzas oscuras contra las que ya no puede luchar y cuyo dato más perentorio es la situación del Sáhara, para el que la posición «oficial» ostenta ya, sin tener en cuenta la opinión de las Fuerzas Armadas, moral de abandono… Curiosamente, el coronel Carlos de Meer, defensor del capitán Dusmet, de la DAC, asegura, refiriéndose a la retirada del Sáhara, que su defendido sintió «rabia, vergüenza y deshonor»… reproche que parece un aviso al presidente del tribunal…

    Con el «transitar» de la política, llegaría al quinto Poder: Director General de RTVE. Francisco Ansón detentó los más variados cargos, desde formar parte del equipo censor de RTVE, hasta poner en marcha un programa, en colaboración, con el Alto Estado Mayor, para la Defensa Nacional, que permitiría a los hermanos Ansón relacionarse con figuras de la Milicia que luego veremos en altos cargos en la «transición».

    Aquel verano de 1975 Luis María Ansón, discrepante del franquismo, «cerebro gris» de Estoríl, presta un gran servicio a la Corona: «diseña», «sugiere» con un año de antelación el futuro presidente de la «transición», el «instrumento» que necesita el futuro Rey de España para romper las ataduras que le ligan, legalmente, al pasado. Este joven monárquico perpetuamente en la oposición, en aquel verano y en las páginas del semanario que dirige, «Blanco y Negro», otorga el titulo de «político del mes de junio» a un eterno aspirante «a lo que sea», un «segunda fila» del régimen, que un año después haría famoso un pueblecito abulense: Cebreros.

    Van colocándose los peones. Un «accidente estúpido» había segado una vida prometedora: la de Fernando Herrero Tejedor. Adolfo Suárez, a remolque suyo constantemente, cesa como vicesecretario general del Movimiento. Luis Maria Ansón le «insufla» nueva vida política con el homenaje que patrocina «su» semanario. En el colmo de la fantasía escribe que «si Carrero Blanco no hubiera caído brutalmente asesinado», Adolfo Suárez hubiera sido ministro en la crisis que se «preparaba» para comienzos de 1974… Los Ansón nunca echaron en saco roto los «servicios» prestados dentro y fuera del Régimen: Habría una recompensa: La dirección de una de las todopoderosas agencias de prensa del mundo y un puesto de primera categoría en la Trílateral, el triángulo «esotérico» cuyos vértices se sitúan en Europa del Norte, Estados Unidos y Japón; una élite económica y política con un poder mundial estremecedor. El nombre de Ansón, suena en el 23-F, pero es «enterrado» con un desmentido fulminante.
    «Rabia, vergüenza y deshonor» le produjo a Dusmet, capitán de la División Acorazada, el abandono del Sáhara, según manifestó su defensor, el coronel de Meer.
    Esa rabia fue promovida por una amplia operación política en la que se encuentran destacados civiles y también militares.

    Volviendo a aquel verano «sintomático», la «sugerencia» de Luis María Ansón surte efecto: El consejo de Ministros del 24 de julio nombra a Adolfo Suárez (el príncipe tiene mucho que ver en este nombramiento) delegado del gobierno en la Telefónica, donde empezaría a practicar las «escuchas» que se harían famosas en los años de «transición» y en el «juicio» del 23-F; es también la época donde no deja .crecer la hierba en el camino de la Zarzuela: El futuro ha comenzado, una vez desaparecido el obstáculo… En diciembre se consuma una de las dos operaciones militares que prepararían el terreno para ulteriores sorpresas: Un general, paisano del otro «cerebro gris» de la transición, Fernández Miranda, ocupa la subsecretaría de la Presidencia, donde pueden controlarse grandes secretos; este general, Sabino Fernández Campo, otro «cerebro» en un momento clave de la transición, sustituiría a otro general en la devoción y proximidad regia, un monárquico «de toda la vida» que se haría famoso en un juicio histórico: Armada. Los peones van colocándose por los «meneurs de jeu» en una partida trágica en la que España es la gran perdedora. La otra gran jugada que quedará para más adelante es la de «colocar» al «Guti» en «su puesto» en el edificio de «semillas selectas»… Cuando Suárez sea ya presidente, hasta llegar a ser «inseparables» hasta en el ocaso… Todas estas piezas del «juego» van a tener un protagonismo singular en cada uno de los momentos clave: Cuando el señor Gutiérrez «sugiere» dividir el ministerio de Defensa en dos departamentos, abre un portillo por donde se colaría andando el tiempo un Oliart, familia de los Ansón, un banquero con mentalidad «ad hoc» para planificar un Ministerio tan vital como si fuera una entidad bancaria; un ministro adecuado a un ejército, que se quiere «profesionalizado», aséptico y «robotizado» en el que no puedan caber «motivaciones» de patriotismo, «obediencia debida» o «estado de necesidad» a la hora de elegir entre la defensa de España o la defensa de la norma constitucional; y que pueda decidir con omnipotencia hasta para «hospitalizar» e «incomunicar» a quien puede «estorbar» los «planes»: Dicen que el «paciente» obligado aún continúa preguntándose por qué tantos «cuidados» para una antigua úlcera; «pero qué hago yo aquí que no estoy donde debiera estar»… Parecen totalmente métodos «sovietizados».

    Aparecen los Cassinello. En todos los momentos clave de la «transición» sobresale un personaje que circula por los estratos subterráneos pegado a pespunte al tejemaneje de Adolfo Suárez: Andrés Casinello, de los «servicios secretos» de Presidencia, ya desaparecidos, para ser sustituidos por el «complejo de semillas», metido también en el CESID del señor Gutiérrez… Curiosamente éste es el enviado a parlamentar con un Tarradellas, todavía en el exilio, que, sorprendentemente seria el primero que en la España de las nacionalidades hablaría desde su confortable «ostracismo», con voz «autorizada», de la conveniencia de dar «un golpe de timón»… Este Casinello, hermano de otro Casinello de la sección logística de Paracaidismo, (entonces ambos comandantes) estuvo también detrás de todo el montaje para el reconocimiento del PCE; detrás también del «seguimiento» de la «operación Galaxia». Extrañamente desaparece su «pista» en el montaje del «contragolpe» y aparece Cortina… con un extraño pasado en el que se mezclan actividades de «instructor» de grupos castristas (ya teniente de Infantería), usando nombre supuesto de «Restarazu», colaborador con su hermano Antonio, de un personaje no menos extraño, Fernando Cadarso Preciado, uno de los testigos que luego no compareció en el 23- F, Y Esteban Sierra Muñiz relacionado con la organización Tercera República, que, curiosa coincidencia, estuvo implicada en el atentado contra Cubillo, el cabecilla del MPAIAC, del que se confiesa responsable un murciano, Espinosa Pardo, uña y carne de otro murciano, el presidente del Consejo Regional, de no menos turbio pasado… y que comió con Armada en diciembre de 1980 por motivo de una finca de su mujer, (la de Armada) sita en Algezares… Los hermanos Cortina tienen relación a su vez con GODSA y ASEPROSA, empresas conecta- das con Alianza Popular de Fraga, el Fraga-Frégoli de las misteriosas ausencias oportunas en fechas clave, el Fraga que sólo protesta a las nueve de la mañana del 24 de febrero, porque -tal vez- lo que se «esperaba» no ha lugar… Son demasiadas coincidencias alucinantes…

    El CESID está detrás «de lo de Carrero», en «lo de la Galaxia» y en «el 23-F». Resulta demasiado sospechoso, y más parece un instrumento al servicio de los enemigos de España que de los intereses de España. Sólo con su «mediación» se explica el fracaso del 23-F, el éxito, por contrapartida, de la intervención de Tejero para parar el verdadero «golpe»… Yo me pregunto todavía ¿qué papel jugaba Casinello? …

    ¿Puede resultar raro que con todos estos elementos dispares y contrapuestos, mezclados, se pueda preguntar Ángel López Montero, defensor de Tejero, con la historia en la mano, que quién es capaz de tirar la primera piedra. ¿Puede sorprender que el codefensor del teniente coronel Más, ese magnífico y leal prototipo del ayudante de campo, afirme «que la defensa de la soberanía de la Patria exige que los Ejércitos estén dispuestos a defenderla, INCLUSO DE LOS REPRESENTANTES DEMOCRATICOS»?..

    Es evidente que Tejero, y en cadena, a excepción de tres, todos los principales protagonistas del 23-F que se sientan en el banquillo fueron utilizados. ¿Por qué y por quién? Es una incógnita que tiene vocación de cometa… FUE URDIDA UNA GRAN TRAMPA… A mí no se me olvida que Manchado me dijo en Alcalá que detrás de todo, moviendo los hilos, estaba la Masonería…

    «SOBRAN LOS QUE ESTÁN y FALTAN LOS QUE SON»…

    No se ha explicado bien, a estas alturas, el papel que han jugado los hermanos Casinello. El CESID, a través de sus actividades, más parece, en algunos momentos, un instrumento al servicio de los enemigos de España que de los intereses de nuestra nación.Feroz campaña de prensa contra los abogados defensores de la mayoría de los encausados, en especial a cargo de «Diario 16».

    Asusta pensar que todas las voces que intentan descubrir la verdad van a quedar ahogadas por riadas de palabras tergiversadoras de los hechos; que este sumario, como un guadiana jurídico brota caudaloso en miles de folios pero quedan ocultas discurriendo por corrientes subterráneas, las auténticas fuentes cristalinas de esa verdad que, desesperadamente, tratan de sacar a la luz la mayoría de los defensores de los encausados en el 23-F. Difícil, arriesgada y vana tarea la de estos hombres, lumbreras del foro en su mayoría, sorprendentes revelaciones de jóvenes andaduras por estos vericuetos de la Justicia, en otros casos, pero todos luchando contra la zancadilla, la presión, la amenaza velada o expresa de la clase política empeñada en que «el juicio» machaque de tal forma a las Fuerzas Armadas, que arranque de raíz para el futuro cualquier nueva tentación «reconductora»… Y encima, teniendo que aguantar las continuas llamadas al orden del Tribunal que interfiere con harta frecuencia en la legitima y noble tarea de la Defensa.

    Sorprende a este respecto que don Antonio Pedro Rius, ilustre trilateralista y Decano del Colegio de Abogados de Madrid, que se muestra tan circunspecto en cuanto al sumario del 23-F dando a entender que si no hubiera premisas democráticas la vista no discurriría por unos cauces tan amplios de libertad de expresión -siendo notoria la constante interferencia del presidente del Tribunal cuando se le «desmandan» los defensores en el ejercicio legal e su función-, dijo en una intervención en RTVE en un programa de Iñigo, a tenor de su aceptación como defensor del drogadicto que robó en su casa solariega de Reus, que , «la defensa debe exponer, para matizar las motivaciones de una acción contra la Ley, las circunstancias concurrentes y circundantes que han llevado al acusado a cometer tal acción», Al parecer lo que sirve para un enfermo inducido por la droga a una vida de delito, lo que sirvió para alzar en un pedestal de héroe popular a un vulgar «quinqui» tristemente famoso, elevado a conferenciante ilustre, LA CIRCUNSTANCIA, no sirve, o tratan de que no sirva de argumento legítimo a unos hombres patriotas que intentaron, en virtud de unas circunstancias adversas para la Patria, tratar de «reconducirla», en razón de lo que creían deseo regio, por caminos más estables y acordes con su tradición y con su historia más excelsa.

    Por ello resulta todavía más admirable el valor de estos hombres de la Defensa que pese a tantos obstáculos no se arredran en el cumplimiento de su misión, incansables paladines de la verdad. Igual cabria decir de esa nueva figura (que no gusta al señor Pedro Rius y en cambio quizá aceptaría al Jurado) del codefensor, de tan brillantes y gallardas actuaciones en este juicio. Entiendo que pese a las dificultades que entraña su tarea, es hermoso y pienso que debe resultarles en cierto modo fácil defender a unos hombres que tienen por divisa el honor y el amor a España entre otras muchas y altísimas ‘virtudes. Las defensas de Abad, Muñcas, Álvarez Arenas, Carricondo y Dusmet, tres oficiales de la Guardia Civil y dos de la Acorazada: En los unos la «obediencia debida», por sobre cualesquiera otro interés personal, como es el caso del capitán Abad que tenía ya el pasaporte para un curso en el extranjero: su concurso era necesario y no lo pensó dos veces cuando se lo pide Tejero. Luego, es el que tras largas horas de angustiosa espera comunica a Tejero que «por fin la autoridad militar ha llegado». a la vista de Armada. Los otros dos oficiales de la Acorazada, que se apuntan generosos al gesto noble de su jefe inmediato, Pardo Zancada, «un hombre de una pieza» que siente rabia y vergüenza del abandono o la traición a la Guardia Civil que manda Tejero en el Congreso. Actitudes, gestos, que pasarán con sus protagonistas a la historia del 23-F. Y estos hombres que les defienden que, como Solón, porten sabiduría, poesía y belleza literaria suavizando la fría letra de la Ley. No dejo de comprender por otra parte el difícil papel de unas defensas cuyos patrocinados han tenido en el 23-F un oscuro cometido, que, además, para mayor desdoro, niegan tozudamente. Así, por muchas filigranas y filtirés jurídicos que se empeñe en hacer el defensor de Gómez Iglesias, no tiene otra salida que recurrir «a la falta de pruebas», a falta de otros argumentos. No vale negar simplemente ante testimonios abrumadores. Si Tejero no habló de Gómez Iglesias en las primeras declaraciones, es porque éste no fue arrestado hasta mucho después que Tejero, y Tejero no es capaz de traicionar a un amigo. Cuando lo siente unido en su suerte ad- versa, espera todavía a que hable de «motu propio». Gómez Iglesias, el amigo, niega toda conexión con Tejero. Ante la traición, Tejero habla sin miramientos ya: Y dice la verdad. Caiga quien caiga

    Es oportuna y necesaria la advertencia que en su magnífica defensa de Abad hace el general Aguado cuando apela al Tribunal para que no olvide el fallo de Dios y de la Historia; sobre todo, cuando advierte a los señores consejeros que los enemigos de España «quieren que seáis los miembros de esa orquesta ya tramada y cumpláis una misión amañada y al antojo de esa política democrática, que traducida en términos tácticos significa, en fin, haceros responsables de la condena de unos honorables militares creando la división del Ejército». Pero lo que más me ha impresionado, porque refleja exactamente la verdad, es su frase última al pedir la absolución: «convencido de que en esas sillas que frente al Tribunal ocupan los procesados sobran los que están y faltan los que son»…

    Tejero guardó el «secreto» de Gómez Iglesias celosamente, y sólo cuando vio clara la traición rompió el silencio cayese quien cayese. De antología también es la de defensa Segura Fern, sobrino del cardenal, apelando a la justicia divina del Señor de los Ejércitos. Le recuerdo cuando me lo presentaron aquel día que conseguí una entrada de dos horas en la Sala de Campamento, con sus cabellos blancos, su fuerte anatomía, sus cejas pobladas, la mirada enérgica y la voz tronante y la toga que le hacía majestuoso… Su alusión a la JUJEM… y llama a Camicondo, el teniente bisoño, «convidado de piedra»; más eran convidados de hambre, allá arriba, en el patio de prensa, y un vaso de leche, en 18 horas.

    Me quedé sin conocer a De Meer, a quien unos amigos comunes querían presentarme. Sé que tiene larga estatura y largo y ancho el corazón. Desde la cobardía ambiente, desde el agallinamiento general, yo me descubro ante este coronel con nombre extranjero y españolísima gallardía: Ahí va su andanada contra los que quieren envolver en papel de plata tanta debilidad, tanta hipocresía, tanta milicia cuadriculada con mentalidad de contable al detalle, mientras las fuerzas del frente popular avanzan sin apenas una voz ni una actitud de rechazo. Es ese «estado de necesidad» urgente, dice De Meer el sentido trascendente de la Patria amenazada, el que movilizó voluntades; y el de vergüenza y rabia el que movió a Dusmet (tuve el privilegió de escuchar la repetición de su juramento, aquel día memorable para mí, en que conseguí una invitación para el palco de la Historia) el 23 F, fracasada la «operación Tejero, a seguir a Pardo Zancada, en su gesto solidario con la Guardia Civil».

    No sé si escapará indemne De Meer después de esta «conferencia política», según la definición del presidente del Tribunal, en la que no deja títere con cabeza. De Meer arremete sin miedo contra las vaguedades de una Constitución tan «sabiamente» elaborada que sin quitarle una tilde puede parecerse como una gota de agua a otra, el artículo 2, al artículo 70 de la Constitución vigente en la URSS… «Hay artículos de la constitución que son un verdadero ejemplo de nacionalismo disgregador»; o aquello: «el que asegura que la disciplina es la mayor virtud del Ejército nacional se equivoca, porque existen valores superiores, como su predisposición a defender a la Patria. La disciplina puede ser la mayor virtud en un Ejército mercenario, o en una guardia pretoriana, pero no en un Ejército nacional»… O «El Ejército debe depender del Rey o el Jefe del Estado»… Siento muchísimo no tener a mano el texto íntegro de esta intervención, que merecería un comentario mucho más extenso, porque se circunscribe a los deberes estrictos de un militar, ante la Patria en peligro, desde la óptica de un militar «en activo», de hoy, de ya mismo. No de un «nostálgico». Y además sin «tergiversaciones» interesadas, sin «interpretaciones» democráticas… Se ha atrevido a decir mucho De Meer, y no se lo van a perdonar. y así como ha dicho que Dusmet «sólo es valor y futuro», de De Meer se puede admirar su valor; pero yo apostaría muy poco por su futuro militar… a pesar de ser número uno de promoción y de muchas otras cosas, después de su hermosa y arriesgada defensa. Habida consideración de que vivimos en la peor de las tiranías: La que sólo permite, sin castigar el ultraje, a un genocida, en desahogo electoral, gloriarse de «quién nos iba a decir hace cinco años que iban a estar en el banquillo de los acusados los que están hoy». Efectivamente, como ha dicho muy bien el general Aguado: «sobran los que están y faltan los que son…»