Lo práctico

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

Cuando una acción moral o política no encuentra su justificación en algún principio espiritual que la pueda honorar o ennoblecer, siempre busca su legitimidad en el subterfugio de «lo práctico». Con este ardid, cualquier elección que se haga en el mundo de la política puede justificarse, no por los valores prácticos de la acción preferida, sino por la naturaleza teórica del otro término de la alternativa. Si la Reforma era lo práctico y la Ruptura lo teórico no había elección posible. Y se vuelve, con más sutileza idiomática, al argumento de que la Reforma era «lo necesario».

Lo que se contrapone a los modos de vida teórica o contemplativa no es el mundo moral de «lo práctico», en el que también ellos participan en tanto que formas humanas o morales de existencia, sino los distintos modos de realizar la vida práctica. Tan propio de la práctica política era la Reforma como la Ruptura. Quien ha entendido a los grandes pensadores de la filosofía de la acción, sabe de sobra que en «lo práctico» hay tanta teoría de la razón como praxis de la voluntad. Y cuando se oye eso de que algo «está bien en teoría, pero en…», no se espera que la frase termine diciendo «en lo práctico», sino «en la práctica». Sin perjuicio de aclarar en otra ocasión esta diferencia, lo que me importa afirmar ahora son las dos dimensiones básicas de «lo práctico»: la que afecta a su razón y la que condiciona su práctica.

Primeramente, lo práctico es todo aquello que se puede conseguir mediante la libertad, lo que puede ser libremente elegido por estar dentro de la esfera de acción del libre albedrio, el objeto de la razón práctica. Quienes defienden el abandono de la Ruptura con el argumento de que no era «lo práctico», deben de saber que están negando así la libertad, el libre albedrío y la razón en que se fundó toda la acción política de los demócratas contra la dictadura, desde la muerte de Carrero en el 73 hasta el Pacto de enero del 77. Están negando así tanto la legitimidad adquirida por la oposición mediante su praxis a favor de la Ruptura, como la razón práctica de Suárez para dar a los partidos ilegales la condición de parte contratante en el pacto de la Reforma. Se me puede objetar que lo práctico hasta el Referéndum de 1976 era la ruptura democrática, y que a partir de la invitación de Suárez a pactar la libertad (con los «rupturistas»), lo único práctico era ya la Reforma. Aparte de que lo práctico no deja de serlo con el cambio de las circunstancias que condicionan su realización, tal objeción olvida dos cosas esenciales: el objeto del pacto no fue la Ruptura y la dimensión práctica de «lo práctico», la Libertad, no estaba en las capacidades de la Reforma.

La realización de lo práctico está sujeta, en el pensamiento y la acción, a la ley del mínimo esfuerzo. Si el objetivo de la Reforma, en lo tocante a la libertad política, hubiera sido el mismo que el de la Ruptura, ese postulado de economía de esfuerzo habría hecho «más práctico», para izar la democracia de abajo arriba, el pacto de la oposición con la dictadura. La continuidad de la lucha para conquistar la libertad política, por mor de unos principios de acción que perderían su belleza al dejar de ser necesarios o dialécticos, habría dado a la Ruptura la clase de esterilidad de lo que Sartre llamó «práctico inerte». Por eso he condenado siempre el activismo político, la acción que nace sin principios teóricos y la que continúa por inercia cuando deja de tenerlos. Pero éste no era el caso. Lo práctico para la Reforma, su finalidad última, era transformar la dictadura, con el mínimo esfuerzo, en una oligarquía de partidos. El Gobierno necesitaba, para eso, «la práctica» del pacto con los partidos de oposición, la renuncia de ellos a «lo práctico» de la Ruptura.

LA RAZÓN. LUNES 16 DE OCTUBRE DE 2000


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Gonzalo

Lo práctico para España hubiera sido romper con la dictadura para traer la democracia y no transformar de arriba abajo la dictadura en una Monarquía borbónica y oligárquica dentro de un Estado de Partidos y de Comunidades Autónomas.Hay que construir de abajo arriba la democracia abriendo un periodo Constituyente para que la libertad colectiva determine en un Referéndum vinculante,y no en plebiscito,la forma de Estado-Monarquía o República Presidencialista-y la forma de Gobierno-Oligarquía de Partidos o Democracia Representativa-.Esta clase de libertad precisa el instante creador de la libertad política.

Gonzalo

Lo práctico para España hubiera sido romper con la dictadura para traer la democracia y no transformar de arriba abajo la dictadura en una Monarquía borbónica y oligárquica dentro de un Estado de partidos y de autonómias.Hay que construir la democracia de abajo arriba abriendo un periodo Constituyentre para que la libertad colectiva determine en un Referéndum vinculante,y no en plebiscito,la forma de Estado-Monarquía o República Presidencialista-y la forma de Gobierno-Oligarquía de Partidos o Democracia Representativa.Esta clase de libertad precisa el instante creador de la liberad política.

Jose Luis Acedo Gomez

EL PODER DEL MAL Ayer, emitieron en el programa de televisión lágrimas en la lluvia, la película de Abraham Polonsky, autor perseguido durante “la caza de brujas” del macartismo, cuyo titulo es con el que he querido comenzar mi comentario de hoy. También fue conocida la película como “la fuerza del destino”, como si el destino a veces fuese el impulsor y el que arrastra al mal. El debate posterior a la película, se centró principalmente en el tema central del programa, el dinero, derivando a sus principios económicos y morales, tema muy interesante, pero no el que yo voy a tratar hoy. La película ponía de relieve otros temas, la distinción entre lo legal y lo moral, tema que tratare otro día. Pero hoy voy a tratar sobre un tema que es la influencia de las ideas morales en la cultura de las sociedades y su desarrollo. Pienso que las personas podemos actuar bien o mal, dependiendo de muchas circunstancia, llamémosle “la fuerza del destino”, este relativismo moral, no nos puede servir como excusa en nuestro comportamiento, pues siempre tenemos la opción de elegir en nuestro libre albedrío, pero si pienso que la sociedad puede influir en el comportamiento de los individuos a través de muchos medios, y el comportamiento de los individuos determinará la supervivencia de ese sistema social. En lo referente al plano moral, el comportamiento individual de un ser humano viene determinado por factores, genéticos y ambientales. Centrándonos en los ambientales, fue la religión, la que primeramente trato de regularlos, basándose en la idea de la existencia de un Bien Absoluto (Dios), al que todos tendríamos que imitar, todas las religiones poseen un trasfondo de organización social basadas en una moral y sin la cual no hubiese sido posible el desarrollo de las sociedades, el pensamiento moderno en algunos casos sustituyó la idea religiosa por una moral (que en los principios fundamentales de concepto de Bien y Mal apenas difiere), cuya base es filosófica, política o de otras índoles. Lo que es común a todos estos pensamientos es la necesidad de fomentar “el Bien”, crear al Hombre nuevo, esta fuerza que ha servido para el desarrollo del ser humano y sus sociedades, podríamos calificarla como “EL PODER DEL BIEN “, pienso que es la fuerza del materialismo Histórico (indistintamente de su procedencia moral. Ética o religiosa), cuando un sistema, su cultura, su economía, no sirve para… Leer más »