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La crisis financiera que se desató en el verano de 2007, hace ya más de seis años, está  lejos aún de resolverse, a pesar de la marea de dinero público que se inyectó y se inyecta actualmente a los circuitos financieros a nivel internacional. Las consecuencias de este colapso financiero, después convertido en Gran Recesión para la economía real, las conocemos todos con mucho detalle, ya que una generalidad de la población de las regiones involucradas se ha visto afectada directa o indirectamente por las medidas de austeridad establecidas a posteriori por los gobiernos.  Sin embargo, la hecatombe financiera tiene su origen y evolución en dos hitos fraudulentos de la pasada centuria acaecidos en EE.UU y, que describo a continuación: el primero, se produjo en plena fiebre capitalista del año 1913, cuando el 22 de Diciembre un grupo de banqueros omnipotentes deshabilitan al Congreso, con malas artes, la facultad de emitir dinero con el fin de adjudicarse ellos mismos esa prerrogativa. La noche de Navidades cuando los congresistas opositores al Acta de Reserva Federal en ciernes se fueron a partir el pavo a sus casas, los promotores de la creación del Sistema de Reserva Federal impelieron a los congresistas que estaban a favor de dicha Acta a que esa misma noche se quedaran para aprobarla. Así sucedió, y la norma se aprobó  con el congreso en receso, suspendidas las sesiones.  Inmediatamente, esa misma noche se pasó al senado para que le diera el visto bueno. Para más inri, el banquero que financiaba la campaña del Presidente Wilson,  se presentó vehemente en la oficina presidencial obligando al “comandante en Jefe” a sancionar la nueva Ley que otorgaba plenos poderes a una élite de banqueros y empresarios. El segundo hito sucedió el 15 de Mayo de 1971, cuando Nixon aniquila los acuerdos de Bretton Woods, en los cuales, el dinero emitido en billetes estaba respaldado por oro (patrón oro) a razón de 35 dólares por onza de oro. Ya en los últimos años de los 60 las aventuras bélicas y otros gastos federales obligan al gobierno en correspondencia con la Fed  a emitir más billetes de los que pueden ser rescatables en oro, inundando el mundo de papel moneda y dígitos de computadora sin ningún respaldo en metal tangible.  De esta forma, se crea la denominada banca fraccional y toda su ingeniería financiera: derivados, cds y operaciones piramidales con las deudas y otros activos financieros. Llega pues, la era del dinero ficticio, del crédito generado de la nada, de un sistema económico sostenido primordialmente por dinero que no tiene más valor que el otorgado por unos gobiernos irresponsables que endeudan a sus ciudadanos a golpe de impresión de papel fiduciario. La prueba irrefutable de este fraude se materializa en la actual financiarización de la economía, en la cual, el 70% de su circulante son activos especulativos que se transfieren piramidalmente por avanzados programas informáticos bursátiles, quedando solo un 30% de economía real, aquella que produce productos, ofrece servicios y genera empleo.

En la misma línea, los candentes informes publicados de la primera auditoría operada a la Fed en 100 años, desvela las operaciones financieras encubiertas que esta realizó tras el colapso financiero de 2007, en la estrategia para rescatar a grandes corporaciones financieras y multinacionales por un montante total de 16 billones de dólares. Este enjuague financiero se llama sencillamente socialismo para ricos, dejando el salvaje mercado capitalista para los pobres. Con el eslogan “independencia con respecto a la política” esta institución privada con ropaje federal se lleva la palma en cuanto a secretismo, opacidad y capacidad de influencia en las sedes legislativas y ejecutivas de los EE.UU.  Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos, lo vaticinó  en su famosa advertencia bancaria de 1802. ¡Quien quiera que lea! El circo vergonzante entorno al denominado “techo de deuda” y la posible suspensión de pagos ha sido otro numerito más en la estrategia de lobbiying  realizada por los partidos y quienes los financian. Todo esto demuestra que las carreteras transitadas en el pasado por la sociedad estadounidense los ha conducido hacia un  destino presente nada halagüeño que los hace zozobrar, arrastrando además a gran parte del mundo hacia los abismos. Sin embargo, aparcados en la estación de servicio, perdidos ante lo intransitable del camino y mirando el mapa para resituar la estrategia de avance, la sociedad global tiene ante sí el pretexto y la oportunidad excepcional para desenmascarar y desarmar las estructuras de una economía que marca el destino de la mayoría a sangre y fuego, conservando los privilegios de una minoría que retoza en la más abyecta de las abundancias.

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