Liberación de la Libertad (XXXVII)

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Manos rompiendo cuerdas

PACO CORRALIZA

Y, claro, con el oscurantista «culto a “la” Razón» [«VI»], que es culto equivalente al culto a la invidente «Psique»; que es culto, también, a su recurrente e intransigente; narcótica y equívoca; superficial y superflua; a su lúgubre y artificiosa «Cultura» -«brebaje psicodélico» y «psíquico-Cultura» la llamábamos en «XV»-… Con aquel culto, digo, llegó el culto al «interés»; y, con éste, los juicios (perpetuamente oportunistas), tanto atávicos como «modernos», de lo malo y de lo bueno; y, con los juicios, los prejuicios: ¡los prejuicios sin freno! Y, con todos ellos, el «culto a “la Ley”»; [¿qué «Ley»? según parece, la que sea (“de la Ley a la Ley”, proclamó el «estato-social-franquismo» transeúnte hacia el «estatismo social-€-burocrático» transitivo hacia «sí-mismo»)]. Y, con el «culto a “la Ley”» (la que sea), el frenesí de «Justicia» (la que quepa); y, con ese afán frenético, la inmersión en lo legalmente justiciero; y, tras esa inmersión, se reflotó un «Gran Barco Destructor»; se botó un gigantesco verdugo pendenciero: el «Estado-Leviatán» XXXV»]; o sea, el «Estado-Dinero». Sí, con aquel «interés», puesto a los pies del Poder como herradura bajo pezuña, regresaron, como siempre, los negros caballos encantados; los «caballos-lobo renegados»; y, con ellos, su «Poderoso Lobo-Caballero»: llegó «Don Dinero» [«Contralibertad-regreso»].

Y, como dijimos [en «Libertad-preparación»], cuando el «interés» (y, con él, prejuicios y juicios) «se cuela» en el «Paraíso de la Libertad», inmediatamente, el Amor se aparta, la Verdad se esfuma y la Libertad Política es extraditada; y, extraditada de la Comunidad Política, permanecerá extraviada. Apenas una sola aguja de Libertad (ni de «Política») quedará en el «pajar» de la Comunidad «estatalmente ideologizada» [«Cambios de Sofía»] . Sólo queda el «Poder», el «Poder-hacer» pendenciero; la potencia de «Don Estado», el poderío de «Don Dinero». Y las ideológicas «Leyes» que «hace» el «Poder» de ese descontrolado y «auto-interesado» «Estado-Dinero» se convierten, «ipso facto» en «autocumplidos sortilegios» (otra vez «VI»; «XXIV»).

¿Acaso «“la” idolatrada Razón» filosófica, «pre- y para-científica» («psico-ideológica»), ha dado un solo paso sin ser «conducida o educada» por el «interés auto-conservador de sí-misma»?; ¿ha dado un paso sin estar «auto-interesada» y, por tanto, sin emitir continuamente auto-complacientes juicios universales que generan, «ipso facto», atrevidos y clarividentes prejuicios omniscientes? ¡¡A la mismísima «Psique» de Kant, Immanuel, «se le coló» esa «interesada serpiente»!! [El mismo Kant que, en 1795, escribirá el infundio réprobo ése de: “La política dice: sed astutos como serpientes”(1). «XXXVI»]

Escribió Kant en su obra magna (1781): “Todo el interés de la razón (el especulativo lo mismo que el práctico) se concentra en las tres siguientes preguntas [preguntas que no parece hacerse Kant, Immanuel, sin «el hombre»; un metafísico «súper-hombre extra-universal»]:

1ª. ¿Qué puedo saber?

2ª. ¿Qué debo hacer?

3ª. ¿Qué puedo esperar?”(2)

Puesto que el «deber-hacer» presupone necesariamente un «poder-hacer» (que siempre es «poder-ejecutar»), así como un «poder-obligar» (que siempre es «poder-ordenar»), resulta que, ya en las propias tres preguntas nos encontramos de frente, ¿cómo no?, con el enemigo de la Libertad: el «Poder»; la «Voluntad de Poder», del «genérico poder-hacer». «“La” Razón», «”la” Razón»… ¡todos creen tener, todos quieren poseer a «“la” Razón»! ¡Qué bien vislumbró esto, ya en 1657, la astuta «Psique» de Hobbes!, como reflejamos en el artículo anterior [otra vez «XXXVI»]. ¿No son, más bien, esos posesivos «”todos”», obsesionados posesos poseídos por «“la” Razón»?

Pero…, ¿qué es «”la” Razón»? ¿dónde está? ¿dónde «vive», si es que «tiene vida»? ¿Y dice usted, Sr. Kant, que «“la” Razón» tiene “interés”(2)?; ¿”interés”(2), entonces, de «“la” Razón» en «“la” Razón”»? ¡¡Vamos, que «“la” Razón”» es la «auto-interesada “bien-pagá”»!! ¿“Bien-pagá” de «sí-misma»?… Todo esto es un absurdo sinsentido, una sinrazón, pero no para «ella», pues «ella es “la” Razón de “la” Razón»; o sea, la sinrazón de sí-misma: «el Poder»; es decir la «razón de no-ser» [«Libertad-preparación»]. Tal como escribíamos, ya digo, en «XXXVI» (¡y otra vez!) [y en «XXIV» también].

No, no; no es «“la” Razón» (esa sofística ficción). Sí, sí, el auténtico «“bien-pagao”» es el propio «poder-en-sí» de ese «súper-hombre-mega filósofo»…, quiero decir, de la «Psique» de Kant; del propio egotista y egolátrico «sí-mismo» (¡ese libertino y cuasi-muerto «vividor»!) de la «Psique» (¡esa vulpeja!) del amigo Immanuel. Y «“la” Razón» (como «“la” Ley»), la “bien-pagá”, afirmada así, «in vacuo», no es más que un mito, una ficción (insisto) una elucubración; un impulso tiránico de la ciega «Psique», la de Kant y la de todos sus ilustres epígonos ilustrados, todos «bien-pagaos-de-sí-mismos». Todos «embriagados-por», «embridados-a» y «bien-pagaos-de» su propio «poder-en-sí», al que se anudó, por si fuera poco, el «poder-en-sí» de otro monstruo impersonal: el «Estado-Dinero». ¡Qué bien vieron todo esto (tras los horrores del siglo XX, eso sí) Horkheimer y Adorno! (1944): “La filosofía, que en el siglo XVIII, desafiando la quema de libros y hombres, había infundido a la infamia un terror mortal, se puso, ya bajo Napoleón, de su parte.”(3a)

Pero mucho mejor, y con más acierto, lo había «cuasi-profetizado» el, también judío, el espiritual Poeta, el original pensador, también alemán, Heinrich Heine; tanto lo relativo a la «quema de libros» [¡otra vez! «XXIV»], como lo concerniente al despotismo de los «”bien-pagaos-de-sí-mismos”». Nos escribió el espíritu de Heinrich Heine (1831) [«XX»]:Nosotros [alemanes, respecto a los «asuntos reales que competen a los franceses»] habríamos roto con lo existente y con la tradición en el reino del pensamiento […]. En torno a la «Crítica de la Razón Pura» se reunieron nuestros filósofos jacobinos […] Kant fue nuestro Robespierre; después de él vendría Fichte con su «Yo», el Napoleón de la filosofía, el amor supremo y el egoísmo supremo, la autocracia del pensamiento, de la voluntad soberana, que improvisaba un rápido imperio universal, […], el idealismo despótico, horriblemente solitario.”(4a)

 La Ilustración es totalitaria como ningún otro sistema(3) escribieron también Horkheimer-Adorno (1944), completamente ignaros de que el totalitario déspota implacable se levanta de la dialéctica combinación: «Poder-en-sí» y «Razón»: ya sea en la propia «Psique»; ya sea en el «Estado-Dinero», es decir, en el «Gran Cabrón» embaucador, ése que, para mí, el espíritu de nuestro Francisco de Goya, metafóricamente, tan bien supo pintar sobre una pared de “La Quinta del Sordo” [«XXXI»; «XXXIII»].

Para terminar, y como síntesis y florilegio de todo lo anterior, que se exprese la meticulosa  «Psique» de Kant. Mientras, digo que todo aleccionador racionalismo a ultranza se muestra, necesariamente, cínico y extralimitado; y, lógicamente, no le importa disfrazar con fingida humildad la astuta soberbia que se retuerce en sus entrañas, en sus montañas de «yoica» auto-suficiencia pretenciosa; en su «prejuiciosa» omnisciencia montañosa:

[En el “Prefacio” (1781) a la 1ª Edición de «su» “proyecto“ (2a) (1778)]: “En este trabajo he atendido cuidadosamente a todo y casi «puedo» atreverme a decir que no hay una sola cuestión metafísica que no haya «yo» resuelto aquí, o dado al menos la clave de su resolución.[…] La «razón pura constituye una unidad perfecta» […] Al decir esto, paréceme descubrir en el semblante del lector cierto desdén por estas pretensiones aparentemente presuntuosas y arrogantes […] son infinitamente más modestas que las que tiene el más insignificante de los autores de cualquier vulgarísimo programa […] Estos autores, en efecto, se comprometen a extender el conocimiento humano más allá de los límites de la experiencia posible, mientras «yo», humildemente, confieso que no llega a tanto «mi poder»(2) [la negrita y las comillas españolas son nuestras].

«Por la boca muere el pez», reza un sabio refrán español. «Por la boca muere la egolátrica Psique», ¡esa vulpeja; esa piraña!, digo ahora «yo», amigo Immanuel, fiel tataranieto del «yoico» Descartes, René, el francés [«III»; «IV»].

El texto en que Kant muestra explícitamente el despótico totalitarismo de las «Leyes» (normas) de «su» moral y «su» libertad [basadas en, según Immanuel (1781): “la condición de que todos [cursiva de Kant] hagan lo que deben(2) «XXIII»] lo dejaremos para el siguiente artículo, por no alargar más el presente.

Saludos amigable lector, amigo de la gente sencilla; de la buena gente; seguiremos con el siguiente.

(1) KANT, Immanuel. “Hacia la paz perpetua. Un esbozo filosófico”. Ed. Biblioteca Nueva, S.L. 2005. [Ed. original: 1795].

(2) KANT, Immanuel. “Crítica de la razón pura” (I y II). Ediciones Folio, S.A. 2002. [edic. original 1781].

(2a) Kant dedicó diez años a escribir la “Crítica de la razón pura”. En una carta de 1778 escribió: «Yo espero que encontraréis justificada la causa de la tardanza en la naturaleza de la cosa y del proyecto mismo». Según cita de FISCHER, Kuno. “Vida de Kant.” (como introducción a esta edición de la obra de Kant).

(3) HORKHEIMER, Max; ADORNO, Theodor W.Dialéctica de la Ilustración”. Editorial Trotta, S.A. 2009. [escrito 1944; corregido 1947].

(3a)  “Prólogo”. [escrito 1944].

(4) HEINE, Heinrich. “Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania”. Alianza Editorial, S.A. 2008 [escrito 1834].

(4a) Anexo 2. “Introducción al escrito de «Kahldorf sobre la nobleza, en cartas al Conde M. Von Moltke» [escrito 1831].

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