EL «AQUÍ Y AHORA»

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ANTONIO GARCÍA TREVIJANO

La moda literaria del existencialismo popularizó, en la segunda mitad de la década de los cuarenta, la expresión «aquí y ahora» en todo discurso con pretensiones de realismo y concreción. Su uso indiscriminado durante la guerra fría la convirtió, como cláusula de estilo, en estribillo ideológico de la «Realpolitik» y del pragmatismo vulgar. Cuando se empezaba diciendo «aquí y ahora» se sabía que a renglón seguido vendría una justificación de lo que, en sí mismo, es a todas luces injustificable.

El «aquí y ahora» de la situación española a comienzos de 1977 justificó la traición de los partidos ilegales a la causa de la libertad y la democracia. El «aquí y ahora» de 1978 se constitucionalizó en un eterno presente inmóvil. Éste es el atentado al futuro de la libertad creadora que se comete en todas las llamadas éticas ocasionalistas, oportunistas o situacionistas.

El «aquí» no se usa como adverbio neutramente descriptivo de un lugar físico o de una situación dada, sino como modo indicativo o prescriptivo de la idiosincrasia conformista de un pueblo o de una generación.

El «ahora» no designa un instante en la sucesión temporal, ni un momento fugaz de la situación, sino un tiempo indeterminado que permite anular el futuro y conservar el pasado haciendo perdurar la contingencia presente.

Si las circunstancias del momento nos impiden ser, aquí y ahora, verídicos y justos, decidiremos como lo mejor ser falsos e injustos para siempre. Ese fue el punto de arranque inicial de la Reforma y el sentido final de la Constitución.

La Transición española ha consistido en un súbito tránsito político y cultural desde el «aquí y ahora» que pasa al «aquí y ahora» que permanece. Lo explicará con claridad acudiendo a los orígenes filosóficos de esta expresión.

La locución adverbial «aquí y ahora» se acuñó, con pretensiones metafísicas, en la «Fenomenología del Espíritu» de Hegel. El ahora, que deja de serlo al instante siguiente, se conserva como algo negativo que, al ser conocido y verdadero, se convierte en un «ahora universal», en una fase del devenir entre el ser y la nada.

La inserción de la eternidad en el tiempo, a través del fluyente «ahora», llevó a Kierkegaard a ver en el «momento» algo semejante al «presente eterno» de Unamuno. Lo que «pasa quedando y se queda pasando». Cuestión capital para los megáricos modernos que identifican actualidad y realidad mediante la negación de la posibilidad, y para las nociones existenciales de autenticidad o inautenticidad de la vida personal. El «ahora» inauténtico es aquel que pasa y tiende al presente, como en las distracciones. Sólo es auténtico el «ahora» que se anticipa al futuro haciéndolo presente, como en los proyectos vitales que ponen su fundamento último en la libertad (Heidegger). Salvo en esta presencia del futuro de la existencia auténtica, las filosofías del «ahora» son ideologías frívolas o reaccionarias, basadas en una concepción pesimista de las posibilidades morales de la naturaleza humana.

El «aquí y ahora» del 77 y 78 español, completamente distinto del «aquí y ahora» del 2000, era un presente inauténtico, totalmente determinado por el pasado de la dictadura, que tuvo miedo de un futuro de libertad y que ha desembocado, como era de esperar, en un «aquí y ahora» de permanente distracción.

Juego y chiste como suprema expresión de la vida inauténtica. Incluso el terrorismo se vive como espectáculo. Dar permanencia real al «aquí y ahora», que son adverbios de lugar y tiempo (y no acciones o entidades), carece por completo de sentido.

Sin embargo, eso es lo que dictó, sin libertad constituyente, la Constitución del 78. Hizo eterno su presente «aquí y ahora», como la dictadura el suyo con los Principios Eternos del Movimiento. El «aquí y ahora» prescribe la eternidad de situaciones injustas.

LA RAZÓN. JUEVES 22 DE FEBRERO DE 2001

 

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Juan Luis

Siempre que he oído a Don Antonio comentar cualquier cosa sobre el existencialismo o alguno de sus fundamentos en particular, me ha quedado claro que no lo ha entendido en absoluto. Quede dicho que soy un gran admirador de su pensamiento político y que el Teoría Pura … es mi biblia política, soy además simpatizante del movimiento que lidera y suelo escuchar su “radio”.
El aquí y ahora de los existencialistas, que no son una moda literaria que pasó, es una disposición mental, una estabilización de la conciencia en el presente dinámico. Interpretar otra cosa es no haberlo entendido, lo que no es raro porque no es una filosofía sino un estadio evolutivo en el proceso de maduración del individuo, se alcanza o no, pero no se intelige.

Gonzalo Alvarez

Ahora y aquí nunca hubo democracia.Todos los que digan que en España hay democracia, son unos hipócritas recalcitrantres o unos incultos satisfechos de su incultura.España es una realidad objetiva,nunca es una idea subjetiva.Ambición libertad y pavor.Esta Monarquía borbónica dentro de un Estado de partidos y de autonomías es una birría intelectual.

Juan Antonio Pérez García

Habrá que contextualizar “el aquí y ahora” como tema del artículo,probablemente fuese una frase repetida por algún partidócrata en aquel momento que ahora no suelen repetir.D.Antº.le da un punto de vista político a la expresión que es sinónimo de presente.Utilizan políticamente un término equiparable a un regalo ,el presente es un regali puesto que ya el derecho a la vida está gaantizado.Es decir es presente es un regalo del que podemos disfrutar gracias a la Carta Otorgada,rntira estatal.