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¿Qué es la Unión Europea? Ellos se llaman a sí mismos demócratas pero, exceptuando el sistema de poder de Francia, lo que hay en Europa son regímenes de poder. ¿Qué diferencia un sistema de poder de un régimen de poder? La respuesta es sencilla. Mientras que en el sistema de poder es la sociedad civil la que ordena al Estado, en el régimen de poder es el Estado el que ordena a la sociedad civil. Max Webber definió al Estado como aquél que ostenta el monopolio de la violencia legal. Es el Estado y sólo el Estado el que puede hacer uso de la fuerza para imponer su voluntad tanto dentro como fuera del país. El que lo logre o no, depende de la existencia de otro poder equiparable que le haga frente. Antonio García-Trevijano define también al Estado como la personalidad jurídica de la Nación. Si la política es la ciencia del poder, si el poder es ilimitado en su ambición, si el Estado es la personalidad jurídica de la Nación, si goza además de la facultad de la violencia legal,¿cómo hay quien todavía cree que semejante poder ha de controlarse a sí mismo? Fue el Barón de Montesquieu quien estableció en su magnífico libro “El Espíritu de las leyes” que sólo un poder de similar magnitud puede detener a otro poder.

Una vez constituido el poder del Estado, la Nación puede ser sometida por la tiranía de uno o por el reparto de poder entre varios: el consenso. Esto último fue lo que sucedió en España durante la llamada Transición, que nosotros denominamos Transacción, no en el sentido de transigir, sino como trato, acuerdo para un negocio. La Transición significó el reparto de poder en el Estado por parte de una oligarquía. El Rey, anfitrión durante aquella fechoría, había recibido el poder del Estado de manos del dictador Franco, por lo que poseía el monopolio legal de la violencia (cuidado, legal, pero no legítimo). Digamos que aquello fue una transacción de poder dentro del propio Estado, cuyo fin no era otro que dar satisfacción a los intereses de los franquistas y de los futuros nuevos ricos (socialistas, comunistas, nacionalistas y demás). Para tal objetivo, el Estado, como régimen de poder heredado, impidió la constitución de su poder mediante la libertad constituyente y cometió la tropelía de ordenar la Nación dividiéndola en autonomías que se entregarían a los nuevos barones, los caciques regionales y provinciales; también aceptó la inclusión del término “nacionalidades” en la nueva Constitución (redactada en secreto, por cierto), cuando sabemos que una Nación sólo puede contener una nacionalidad. Lo demás es un suicidio.

¿No os dais cuenta? El poder incontrolado del Estado pasa de la mano de un dictador a las manos de varios jefes oligarcas incontrolados. Del Franquismo pasamos al Neofranquismo, cuya esencia es el descontrol del poder. No hay dentro de España un poder similar al del Estado, la Nación no goza de poder, está a merced del Estado, doblegada, ¡la Nación española es la zorra del Estado! Por eso hacen con nosotros lo que les viene en gana, porque no tenemos el poder para ordenar el Estado, porque no tenemos el poder para limitar la violencia legal del Estado, porque en España no hay democracia, sino partidocracia, oligarquía de partidos estatales. Montesquieu llegó a la conclusión de que si se dividían las facultades ejecutiva y legislativa del Estado, y se entregaba la segunda a la Nación, los ciudadanos podrían vivir tranquilos. El ejecutivo contra el legislativo, ambas ambiciones enfrentadas sin compasión, la acción política contra la acción legal sometidas a una constitución redactada tras un periodo de libertad constituyente. El ejecutivo en manos del Estado, el legislativo en manos de la Nación. ¿Comprendéis? He aquí los pilares de la democracia formal o representativa. ¿Qué se puede esperar de la unión de varias oligarquías cuyo poder es incontrolable? Un club de oligarcas, la Unión Europea.

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