Claro

Oscuro

¡Falsa constitución de 1978! ¡Nefasta! España es anterior a ti y al consenso que perpetúas con tus horrendas definiciones y tu articulado de república bananera. ¿Quiénes denunciamos esto si no unos pocos repúblicos? ¿Dónde está la crítica en España? ¿Dónde está el pensamiento libre? ¡Presa del oportunismo y la traición! ¡Encerrado en la cúpula de cristal del consenso! Donde todos se miran y respiran el mismo aire contaminado, donde la pregunta es siempre la misma y la respuesta nunca llega. ¡Falsa constitución de 1978! ¡Nefasta! Redactada en secreto por unos pocos, como si fueras resultado de una logia. Ellos querían hacer teatro de transición, maquillar la realidad con la sonrisa podrida del carcelero que se abraza con el preso para conquistar juntos el poder y hacerse alcaides de una España sin valores.

 

¡¿Todos a la cárcel?! ¡No! Sólo unos pocos. Cárcel para lavar la cara, cárcel de alfombra roja, hotel del glamour por el que desfilan los leales damnificados que no tiran de la manta, no, para que sus jefes suban al estrado a repetir la expresión Estado de derecho, democracia, independencia judicial… La corrupción se ha girado como un perro para morder el tobillo de los que cayeron en desgracia. Esos que inauguraban cárceles por las que ahora pasean sus tardes con nostalgia. ¡Falsa constitución de 1978! ¡Inexistente! Ni separas los poderes, ni garantizas los derechos del individuo frente a todos; la corrupción es tu sombra. Sin embargo grandes y pequeños te defienden, corruptos y frustrados, todos yerran, unos son malvados y otros desalmados, porque no tienen memoria, no saben de ti más que un eslogan: democracia, democracia, democracia…. ¿Y dónde está? ¿Dónde? ¡Si nació muerta!

 

La España de la corrupción, la España que tú, falsa constitución de 1978, entregaste a los nacionalistas a causa de tu enfermedad falangista. Tú sólo fuiste la excusa, la solemne homologación del régimen neofranquista, resultado de unas ambiciones sin límites, de la inmoralidad, de la traición que te firma y de la sumisión te confirma. Dos escudos decoran tu portada para vergüenza de quienes conocen la verdad que significas, lo que pudo ser y no fue: la libertad política. Nadie habla de ella, sólo se fijan en el poder que tú consagras, ese poder incontrolado que unos cuantos partidos estatales se reparten mediante unas elecciones fraudulentas por su esencia no representativa y su consecuencia proporcional. La gente vota como si la política fuera una pasión futbolística. El poder roba y somete, los derechos se recortan, las libertades se hacen exclusivas, la gente vaga sin saber qué hacer y se entrega desesperada al primer salvador que cruza su puerta. ¡Tú!, fingida Constitución de 1978, ¡tú consagraste a Felipe Gónzalez!, luego creaste a Aznar, a Zapatero y ahora ¡nos brindas a Pablo Iglesias! Tu amante prohibido, quien te detesta en público y te desea en la cama para hacerle el amor al poder sin límites que tú le entregas.

¡Libertad Constituyente ya!

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