Claro

Oscuro

ÍNDICE pág.

1. Recuperar la economía, construir la democracia 2

2. Conquistar la libertad, construir la democracia 9

3. Conquistar la igualdad, construir la democracia 15

4. Recuperar la fraternidad, construir la democracia 25

5. Conquistar la soberanía, construir la democracia 31 / 36

6. Recuperar la tierra, construir la democracia 35

Lo que pueden leer al comienzo de este artículo es el índice del programa “colaborativo” de PODEMOS, el nuevo partido estatal que se presenta como constructor de la democracia. Tal falsedad es la que motiva este texto crítico. No hay ni un sólo precedente en toda la historia que pueda dar credibilidad a la temeridad de PODEMOS. Jamás un partido de masas, un partido estatal, financiado por el Estado, que ha aceptado además las condiciones del régimen de partidos que pretende destruir, ha sido capaz de reformar una oligarquía desde dentro para convertirla en una democracia. Si bien es cierto que, como ya dijeron tanto Platón como Aristóteles, resulta más fácil pasar de una oligarquía a una democracia, que de una dictadura a una democracia, ello no significa que dicha oligarquía vaya a renunciar a sus privilegios.

El problema histórico de la reforma política de un régimen de poder radica en la propia naturaleza del poder. Como ya descubriera Montesquieu, un poder sólo se detiene ante otro poder de igual o mayor magnitud. El Estado es quien ostenta el monopolio de la violencia legal (Max Weber), su organización es jerárquica y autoritaria. Quien posee el poder del Estado puede llegar a controlar a la Nación si no existen reglas de juego que limiten dicho poder. Tales reglas de juego no están establecidas en España. De tal manera que, en el remoto caso de que la formación de Pablo Iglesias ganara las elecciones con mayoría absoluta, sería increíble e inédito en toda la historia que renunciara a su poder a cambio de la libertad política, el único camino para la instauración de una democracia. Para más INRI, el partido del círculo confunde democracia con igualdad, cuando la igualdad es inalcanzable, y la democracia es realizable y se ha de fundar con la libertad colectiva.

Dos son los tipos de democracia posibles: la democracia griega o asamblearia y la democracia formal o representativa. La primera sólo se puede desarrollar en países poco poblados, dado que es el propio ciudadano quien acude a la asamblea para discutir y votar las propuestas. ¿Imaginan una asamblea con más de treinta millones de parlamentarios? ¿Sería posible la deliberación? Sin deliberación no hay parlamento. El parlamentarismo no se sostiene sólo sobre el voto, sino también sobre la deliberación previa. Incluso el mismo Rousseau lo afirmaba.

Respecto a la democracia representativa, fueron los padres de la Constitución de los Estados Unidos quienes, tras el fracaso de la Confederación, instauraron un nuevo sistema democrático sin ser conscientes de ello. Cuando Alexander Hamilton fue preguntado por una ciudadana acerca de qué forma de gobierno estaban estableciendo, éste respondió: la república de las leyes. La Nación organizó el poder del Estado, creando una democracia representativa. El Presidente de la República sería elegido por toda la Nación en elecciones separadas de las legislativas y ostentaría la facultad ejecutiva. El poder legislativo quedaría en manos del Senado y del Congreso, una cámara territorial y una cámara en la que quedarían representados los ciudadanos a través de los diputados de distrito. Ejecutivo y legislativo separados de raíz, representación ciudadana, garantía de independencia judicial. Si bien es cierto que la democracia de los Estados Unidos de América es la única que existe en el mundo, también lo es que se puede mejorar. De hecho, el fundador de este diario y de este movimiento ciudadano ha desarrollado esas mejoras en su magnífica obra “Teoría Pura de la República”, de obligada lectura para todo aquél que desee conocer la democracia formal.

PODEMOS forma ya parte del Estado; y la lucha por la democracia corresponde a la Nación. Se trata de una lucha pacífica entre la Nación y el Estado, nunca del Estado contra el Estado, lo que sería como pegarse bofetadas uno mismo; una locura. La democracia de PODEMOS sólo existe en el nombre. Lo malo es el daño que están haciendo a la democracia posible confundiendo a la gente con falsas esperanzas. Lo único que está en juego con la llegada de PODEMOS es el reparto de poder en el Estado, nada nuevo.

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