Institución de la mentira

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Diario Español de la República Constitucional

Hola amigos, soy Paco Bono, hoy quiero empezar mi “Reseña” denunciando una vez más la ausencia de democracia en España. Sí, como lo oyen. No agachen la cabeza, no se indignen, mírenme a los ojos, ¡mírenme! No hay democracia en España; ni mejorable, ni reformable… Lo que sufrimos se llama oligarquía de partidos estatales. Este régimen surgió de una traición, de la ambición de unos canallas que cambiaron el exilio y sus ideas por la alfombra roja y los coches oficiales. De aquellas galas, de aquellos polvos, estos lodos en los que España se hunde sin lágrimas, mirando hacia el cielo, con la lengua seca y las arterias casi sin pulso. No hace calor, no hace frío… No sienten nada…

 

¿No les tiembla el alma? Me refiero a los recuerdos, a la verdad que el consenso soterró con sus palas de vanidad e inmoralidad. Don Juan se quedó solo, todos le abandonaron para subir la escalinata que les ofrecía el dictador. ¿Qué buen hijo es aquel que traiciona a su padre? ¿Qué se puede esperar de él? Cierren los ojos, dejen de leer, un segundo, visualicen la fotografía: Juan Carlos y Sofía. ¿Los ven? Pura propaganda, un drama en tiempos de burdo teatro político. Sofía, esa mujer que siempre ha inspirado lástima. Dicen que el rey ha sido un golfo… Que los Borbones son así… Que hay que perdonar a Sofía por haber soportado su humillación a cambio de una corona que sangra sobre su cabeza. Sus cabellos rubios, su sonrisa amable, su elegancia y su bondad son simple fachada. ¿Cómo ha de amar quien no se ama? ¿Cómo ha de amarse quien soporta tales indignidades por causa de un erróneo sentido del deber? ¿Honor? ¿Qué honor podía haber en una corona instaurada por un dictador? Don Juan se quedó solo, lo repito, ¡Majestad!, ¡por España!, ¡todo por España!, ¿lo recuerdan? Le temblaban las manos, pero tampoco había lágrimas. Tocqueville decía que un dolor resulta soportable siempre y cuando no tenga remedio, pero cuando se descubre que tiene cura, se torna insoportable. ¿En qué momento asumió Don Juan que su causa estaba perdida ? ¿Por qué se tornó soportable lo que antes fuera insoportable? ¿Qué había cambiado? ¿Qué sucedió para que el titular de la corona se dejara tragar por los lodos de la Transición como el elefante exhausto que se deja morir en la sabana? Sólo Antonio García-Trevijano lo sabe; subió con Don Juan en su Volkswagen y ambos se encerraron en una habitación. Conversaron largo tiempo. Le prometió no contar nada…

 

Cómo me duele la memoria, el dolor inaguantable que significa la mentira oficial, la verdad clandestina, la falsa democracia que nos han impuesto, la élite periodística de cortesanos sin ningún conocimiento de política y sin ningún afán de verdad, la servidumbre de los nuevos traidores, los oportunistas, la cínica sonrisa de esos malditos chulos del Estado que suben a un atril para recibir aplausos a cambio de falsas promesas. La mentira se ha instituido y la corrupción es su medio de gobierno. ¡Cuánta razón tenía Don Antonio cuando lo advirtió en aquellos años de infamia! Y sin embargo, sigue habiendo solución.

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No es por no ir...

¿Sigue habiendo solución? Lo dudo mucho, pues nunca la hubo. Habría solución en una nación deseosa de libertad y democracia pero no hay ni hubo nunca tal nación. Lo que tenemos en su lugar es un pueblo que no siente la menor curiosidad por saber qué es la democracia. Les basta con una cierta sensación de libertad, derechos individuales y la sanción europea. Ah, y la posibilidad de ir cambiando cada cierto tiempo al saqueador que nos robe el dinero.
Con mantener estas potestades el pueblo se da por contento y se torna leninista radical. Libertad ¿para qué?

Daniel

Con ese razonamiento resultaría imposible hacer nada nunca.
Los derrotismos no sirven en la lucha por la libertad, son estorbos.