Deontología política contemporánea

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Existe un problema importante en las sociedades: ambigüedad moral, hipocresía, la extendida idea de que las cosas no se pueden cambiar… ¿Por qué aparentar que se es algo o que se hace algo cuando se puede luchar y conseguirlo? Ya, porque luchar es más lento y da menos beneficios que la traición. Dónde quedaron los ideales, los principios; qué ha pasado con la valentía; por qué existen hombres que se dejan pisar, pisar y pisar, que permiten que los políticos o los jefes de Estado aniquilen su dignidad día tras día, hablándoles de las cosas que saben para decirles mentiras infumables. Qué le ha pasado al ser humano que no sueña; por qué creemos que nada nos queda por saber ni por ver; qué fue de los poetas de antaño: Quevedo, Góngora, Calderón de la Barca; de los románticos: Larra, Bécquer, Espronceda, de Castro, o de los intelectuales noventayochistas: Valle-Inclán, Baroja, Unamuno ¿De verdad fue morirse ellos y no dejar nada más allá de ochenta años después? ¿De verdad no contribuyeron lo más mínimo en cambiarnos? ¿O será que nos hemos vuelto demasiado adictos a la celeridad que no podemos pararnos a entender un poema, un sentimiento o una idea.

Hablemos ahora de la clase política, ya sea de la alta o la baja, o participe en ella directa o indirectamente. Esos gallardos, aparentemente magnánimos con sus trajes y su retórica barata, que creen que el cachorro del león dormido seguirá siendo como su padre; permiten que se les compre con placeres o dinero, venden sus principios y su lealtad al mejor postor y se prostituyen mientras otros dirigen su imagen de cara al público como si fueran marionetas a las que les dicen qué hacer, cómo reaccionar….

Supongo que a todos nos gustaría creer en las buenas intenciones y en los corderos de Dios que quitan los pecados del mundo, pero eso no es real, el ego tiene sus planes y el ser humano no es tan noble, menos en estos tiempos donde escasea la libertad de pensamiento. Pero más allá de la deontología política, hay que hablar de nuestro papel como ciudadanos libres.

¿Cuál es por tanto nuestra tarea histórica? Pues yo estoy de acuerdo con D. Antonio García-Trevijano. Hay que luchar por la libertad política colectiva, materializada en la República Constitucional (RC), es decir, una república de las leyes, basada en el cumplimiento de la ley y la supremacía del Estado de derecho, en el que la política pública debe adecuarse al marco de la Constitución como ley suprema e inviolable y si esta fuese violada se pudiese recurrir al poder judicial como órgano guardián constitucional. Como diría el árabe, la segunda vez que me mienten la culpa es mía, así que, como consejo, si lo aceptan, diría sencillamente que las personas deben instruirse, ya que también existe una deontología ciudadana, así como mantener al poder en su sitio. Que sepan que son observados y que aquellos que los observan ya no se quejan resignadamente, sino que con el poder de la razón y la virtud de la memoria son conscientes de los problemas, de los malos actos y de los buenos actos.

Necesitamos leer más a Maquiavelo y menos a Belén Esteban y, sobre todo menos tele, menos conexión; menos individualización al fin y al cabo. ¿No os dais cuenta de cómo le beneficia al gobierno que seamos una sociedad individualizada, corrupta, solitaria, dividida, autovigilada, donde ancianas critican a una persona sin saber nada de su vida, o donde las escuelas están llenas de chivatos y el compañerismo se ha ido a la mierda? Necesitamos ser un país unido bajo el lema de que si un solo español pierde un empleo, perdemos todos; si un solo español pierde su dignidad, todos debemos sentirnos indignos. Basta de enfrentamientos estúpidos por ideologías porque la única ideología que debemos asumir, que en el fondo es el máximo principio de todas, es la de la libertad, pero la de todos, de arriba a abajo. Simplemente hay que ser demócratas de verdad, creer en la democracia, conocerla, entenderla y avanzar hacia ella, teniendo claro que una vez subidos al barco, o se hunde o llegamos a puerto: siendo el barco la España de hoy y el puerto la libertad política colectiva de mañana.

Luchemos por una España que recupere su dignidad y conquiste por primera vez la libertad política colectiva de todos por sus propios medios, pacíficos, prudentes, pacientes, constantes y activos.

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Raúl Cejudo González

Antonio, te felicito por este magistral artículo. Me ha gustado muchísimo y no tengo nada que añadir, ya lo has dicho todo. Los poetas que mencionas ahí están, al alcance de todos. Y no valen las excusas de que los libros son caros. Hay bibliotecas en todas las ciudades y pueblos. Pero el problema es que están vacías, a diferencia de la sección de la prensa, que suele estar llena y con gente esperando a leer su periódico favorito. Así nos va. Para muchísimos españoles, leer consiste en hojear por encima el periódico de turno.

Un saludo

Raúl Cejudo González

De acuerdo en todo, Antonio. Sí, por desgracia tenemos una sociedad que no piensa porque no le da la gana, no porque tenga alguna malformación cerebral; simplemente no quieren hacerlo. Y por eso los políticos, excrecencia como dices de la sociedad, pueden campar a sus anchas y hacer todo lo que quieran. No pasa nada. Nunca pasa nada, para muchos. Es muy importante lo que dices al final, sobre los jóvenes. O hacemos algo, y rápido, o estarán perdidos si no les damos herramientas para que luchan y no conseguimos que aprendan a pensar por sí mismos.