La monarquía española

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La monarquía rompe el principio de igualdad ante la Ley. En el siglo XXI la monarquía es anacrónica. RLC (8-01-17).

Edición: Juan Antº. Pérez
Locución: David Cabrera
Dirección técnica: Carlos Ferrándiz
Coordinación producción: César Bobadilla

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Radio Libertad Constituyente 2017
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Música: El amor brujo, Manuel de Falla. Canción del amor dolido cantada por Rocío Jurado.

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Thulio Moreno

Unas pocas líneas, podrían ser cientos, sobre nuestra monarquía. La monarquía española es tan disparatada, que es biarquía. Uno, emérito con descrédito o demérito, porque para convencer, hubo de aparecer el 23F con uniforme de gala y bastón sobre bastón. Quizá no tuvo la corona a mano. Tal parece, que la autoridad la presta el ropaje y no quien lo lleva; o fuera tal vez, la imitación de quien le impuso.

Una dimisión inexplicada a quien ostenta la soberanía española: la ciudadanía, que sigue sin saber, qué ocurre en la ley de 29 diciembre de 1978 con dos reyes.
¿Inclinará la cabeza ante Felipe, como hizo Juan Borbón? ¿Inclinarán ambos la cabeza? Y si falta el rey posterior, ¿vuelve el anterior? ¿Uno titular y otro en el banquillo? Al paso que va el tema, terminarán yendo a Belén el próximo 25 de diciembre. Por falta de “camellos” no va a quedar.

Pero además de absurdas pleitesías cortesanas, en el caso español se confunden monarquía y jefatura de Estado. La monarquía observará su orden interno de relevo, que no tiene por qué satisfacer las necesidades o responsabilidades políticas del Estado. Imponer que un varón es preferible a una mujer, es una desigualdad y crimen de derecho humano de tal calibre, que invalida lo que diga la familia Borbón. Y si no vale la primogenitura, que es otro despropósito, por qué confiar en el criterio, de quien carece de responsabilidad.

(Parte 1)

Thulio Moreno

No entro en cómo se organiza una familia, pero sí en la jefatura del Estado.
Causa risa, cuando no irritación, que haya un rey por el art. 56 y otro por el 56 bis. O que la duda en la sucesión familiar art. 57.5 se deba resolver por ley orgánica; si es ley, no hay criterio de sangre. Si no vale el criterio de sangre, por qué toleramos, que quien no tiene responsabilidad, decida la jefatura del Estado.
Y se alcanza el paroxismo, cuando el art. 57.1 afirma que Juan Carlos Borbón es el legítimo heredero de la dinastía histórica; se supone que la Borbón, porque históricas hay más. La legitimidad dinástica jamás la origina un dictador (Francisco Franco), la causa una sucesión de orden familiar; bueno en España, sí.

El art. 61 es el colmo del despropósito y la desfachatez. Alguien que jura desempeñar fielmente sus funciones, pero que ya se aceptó, que es irresponsable. Cómo se puede ser fiel a un cometido y a la par ser irresponsable. Alguien, que es símbolo de unidad de la nación y que arbitra y modera las instituciones, pero que no ha sido capaz de expresar su criterio ¿lo tiene?, respecto a la secesión, la corrupción, el Banco de España, la desigualdad, el fracaso político, la deslealtad, etc.

¿Qué árbitro deja gangrenar los problemas, como los que existen en España? Y no en 2017, sino los que se iniciaron en 1978. ¿No modera la desigualdad entre distintas regiones? ¿No modera la rapiña de los diputados y senadores? ¿No modera los conflictos entre los poderes del Estado? ¿No se posiciona al lado de la justicia y frente a quien delinque, sea quien sea? ¿Asiste impávido al expolio de la ciudadanía, con una deuda impagable? ¿Es esa la irresponsabilidad?

Y al que se ha ido, que “le quiten lo bailao”: viajes, fiestas, cacerías, amigas, medallas y palmas. Así va España…

(Parte 2)