Las propuestas políticas deben responder a la realidad

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    El pasado 16 de agosto leí un artículo de opinión del profesor Juan Ramón Rallo, publicado en el diario digital El Cofidencial, cuyo titular me resultó atrayente, “La política corrompe a la sociedad”(1). Tan pronto como leí el titular me puse de su lado, estoy totalmente de acuerdo con él, pero quería saber cuál era su diagnóstico y el tratamiento que recetaba para esa enfermedad.

Debo decir, antes de entrar a hacer una mención expresa de ese diagnóstico y tratamiento propuesto en el artículo, que yo asistí a una charla organizada en Málaga por el Foro Economía y Sociedad donde el Profesor Rayo expuso sus propuestas económicas para lograr un adecuado crecimiento económico. En aquella charla tuve ocasión de hacerle una pregunta que, según recuerdo, venía a ser como sigue: “Admitido el acierto de sus propuestas económicas, ¿qué posibilidades hay de que se apliquen en un sistema  partidocrático como el nuestro?”; su respuesta vino a ser que si un número suficiente de ciudadanos lo quiere, él no veía ningún problema para ello.

Por el tiempo que le llevó meditar la contestación, me dejó la impresión de que nunca se la había planteado antes y su contenido me llevó a la conclusión de que no conocía el funcionamiento del sistema partidocrático.

Con este antecedente presente en mi memoria leí su artículo. Su contenido está basado en un libro publicado por un profesor estadounidense donde según se refiere sostiene esa misma tesis, esto es, la política corrompe a la sociedad, pero en ese caso a la sociedad estadounidense. El diagnóstico del articulista reside en que la sociedad se polariza en sus decisiones electorales, debido a que en un sistema democrático la tendencia natural es la radicalización de las propuestas de cada polo político en la lucha electoral. Con este diagnóstico de la corrupción social por la política, el tratamiento que propone es la reducción del papel del estado a la mínima expresión, diciendo que “la solución deberá pasar por despolitizar la sociedad, esto es, por extraer del ámbito colectivo decisiones que deberían pertenecer única y exclusivamente a la esfera individual.”, acabando con la siguiente conclusión, “Para reducir la conflictividad social y la violencia con motivaciones ideológicas no necesitamos más política sino menos.”.

El razonamiento del profesor Rallo parte de una evidencia, la de su título, y es que para afirmar que la política corrompe a la sociedad española, no hay más que ver los efectos del nacionalismo catalán o vasco. Pero el diagnóstico es erróneo, puesto que un sistema de partidos como el español es una oligarquía y no una democracia, como el estadounidense. Por lo tanto, nuestro mal, nuestra enfermedad política es totalmente distinta y requiere su propio tratamiento.

La asfixiante presencia del Estado en nuestras vidas diarias (con los partidos políticos estatales a la cabeza) no se debe a una lucha política en el seno de la sociedad civil que empuje a su sociedad política en un sentido u otro.

Nuestra sociedad no tiene más criterio político que el marcado por los partidos políticos auspiciados por el propio Estado, de la misma manera que no hay más iniciativa sindical que la de los sindicatos también auspiciados por el Estado. Esta relación, sociedad civil-sociedad política, donde la primera está dirigida por la segunda debió entenderla el propio profesor Rallo, cuando, al parecer, él mismo fue víctima de la censura en Televisión Española, no permitiéndosele participar más en uno de sus programas debido a una nota de protesta de un sindicato (2).

Volviendo a mi pregunta antecedente, si hubiera sido él quien me preguntara a mí qué posibilidades hay de que nuestro sistema de partidos aplique la propuesta económica más eficiente para lograr el ansiado crecimiento económico, yo le hubiera contestado inmediatamente que ninguna, cero posibilidades. Nuestro sistema de gobierno no responde a las decisiones políticas nacidas en la sociedad civil porque no es así como está diseñado; obedece a un conjunto de intereses, muchos de ellos contrapuestos, que conforman la llamada oligarquía, donde se encuentran los partidos políticos, sindicatos, el poder financiero, y los grandes medios de comunicación, entre otros. Todos ellos moldean las leyes que acaban ordenando nuestra sociedad, cada vez de manera más implacable y con una precisión casi quirúrgica gracias a la potente tecnología de la que disponen y la información que tienen, unas veces porque se la procuran, al amparo de sus propias leyes, y otras porque los mismos individuos de nuestra sociedad embriagados en la fiesta ególatra de las redes sociales exhiben sin pudor los aspectos más íntimos de sus propias vidas.

Acertó el profesor Rallo en el título, pero marró en lo demás. Su error se puede comprender, se formó como licenciado en Derecho en una Facultad española, y como a mí, sus profesores le habrán inculcado año tras año que nuestro ordenamiento jurídico se fundamenta en un sistema de gobierno democrático. También la humanidad durante siglos creyó que la Tierra era el centro del Universo, hasta que Copérnico logró desvelar la verdad.

Pero siendo comprensible el error de este articulista en un tiempo precopernicano,  también debemos exigir a aquellos que viven de sus enseñanzas que se aseguren de que sus ideas sean útiles para la realidad a la que se destinan, porque de lo contrario acaban ofreciendo únicamente sueños imposibles enmascarados en el prestigio mediático, académico o profesional. Como ya señalé aquí en otro artículo mío, ya tenemos a nuestro Copérnico, y por lo tanto quienes se empeñen en ignorar su pensamiento se condenan a ser relegados por la realidad.

En un próximo artículo, escribiré sobre un trabajo de investigación histórica publicado por The National Bureau of Economic Research en el que se explica cómo un sistema de gobierno mal constituido conduce inexorablemente a la tiranía en un proceso degenerativo donde la política corrompe a la economía, algo que en España don Antonio García Trevijano viene denunciando desde hace muchos años y que lo resume con una frase lapidaria, la corrupción es factor de gobierno.

 


(1) Se puede leer en:  https://www.elconfidencial.com/autores/juan-ramon-rallo-1464/

(2)  Se puede leer en:   http://www.vozpopuli.com/medios/Juan_Ramon_Rallo-RTVE-Marilo_Montero-UGT_0_731626890.html

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