La abeja y la araña

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El sentido más antiguo de cultura es la agricultura, cuidar aquello que crece es cultivar.

El cultivo de la naturaleza o de uno mismo, tienen en común el culto a la libertad.

En la libertad habita la adorada luz y con ella nos iluminamos y desarrollamos.

 

Los griegos pusieron el sentido de la vida en el ocio.

El ocio estudioso proporciona los hábitos y los recursos para disfrutar de la madurez.

Estudio y afición, quehacer y vocación se funden en una misma realidad.

Saber y aprender haciendo, transformando el conocimiento en acción.

 

El conocimiento requiere un lugar en la memoria, amiga leal, que incorpora capacidad para reflexionar sobre el pasado y proyectar el futuro.

La inteligencia tiene un ingrediente de juego, para jugar es necesaria la imaginación.

Los libros son arcas que guardan conocimiento, memoria e imaginación, aprender de ellos es revelar y facultar ideas para afrontar lo mundano y sus modas.

 

Los modernos escinden cultura y trabajo, el trabajador cumple tareas difíciles de amar.

La negación del ocio conlleva el negocio, la ociosidad desperdigada degrada la mismidad.

La cultura contemporánea vive en un perpetuo presente de excesos virtuales y espectáculo.

Polifonía lúdica de desmemoria, escepticismo, apariencia, relativismo y distracciones.

 

La propagación igualitarista de la palabra cultura, como contenedor para todo, ha sido obra de las industrias e ingenierías autodenominadas culturales.

Una camarilla de agentes orgánicos rellenos de espuma proyecta la sombra gris de su megalomanía en un pantagruélico festín sobre un fondo de humo.

Excrecencia cultural de un régimen estatal que corrompe todo lo que toca.

Como a la misa dominical, los devotos culturales asisten al teatro, al concierto o al museo.

Plausibles actos cívicos convertidos en placebos donde se acomodan artistas y pastiches.

 

Jonathan Swift escribió en 1697 La batalla de los libros antiguos y modernos.

Una abeja vagabunda simboliza a los antiguos, con un par de alas y una gaita visita las flores de todos los rincones. Tras largas búsquedas, mucho estudio, buen juicio y capacidad para llenar las colmenas de miel y cera, proporciona a la humanidad dulzura y luz.

Los modernos están representados por una orgullosa araña doméstica, que hila y teje su castillo con sus propios excrementos, produciendo el veneno y la ruina de los insectos y parásitos del momento.

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