El bazar de las opciones políticas

El consenso político causa la deformación del idioma

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Vendedor de alfombras en El Cairo
"Vendedor de alfombras en El Cairo" - Charles Robertson

Si me veo en la necesidad constante de realizar una labor docente y de ilustración, en el ejercicio de mi propia responsabilidad como hombre preocupado por las cuestiones de lo público, se debe a la lucha permanente que mantengo contra toda forma posible de confusión. En este sentido es en el que me dirijo siempre a todos los conciudadanos españoles, considerando únicamente como tales a aquella parte de ellos que no votan, los que son decididamente abstencionarios, en un pleno ejercicio de su posibilidad de serlo, adoptando la libre responsabilidad de sus conciencias.

Antes de continuar con mi exposición y aclaraciones, considero necesario explicar lo expuesto inicialmente en el párrafo anterior. Es cierto que en el actual Régimen vigente en España, bajo el ejercicio del mando y de la obediencia, no existen sino súbditos cuya condición hace imposible la consideración de una verdadera ciudadanía. Y lo es del mismo modo, que únicamente se despojan del atributo o merecen la consideración de ciudadanos, todos aquellos que no participan en las votaciones del Estado de partidos. No es tanto el espíritu de una calificación lo que señalo, como el de proveer una definición que permita el mejor entendimiento de lo que sigue a continuación. Considero pues que no puede ser nunca el ánimo de un ciudadano, de pleno derecho, el de su servidumbre voluntaria, por mucho que sea necesario un Gobierno que mantenga la paz y dirija el Estado. La condición del votante actual, siendo partícipe de la actual forma de gobierno y colaborador por tanto de la corrupción inherente, lo excluye de la posibilidad de adquirir una ciudadanía verdadera. Su consideración es incluso inferior a la de persona. Algo que, no debemos olvidar, adopta cada individuo de forma plenamente voluntaria y por tanto responsable de la propia humillación.

No pocas veces escucho hablar y leo escritos y publicaciones, en donde se hace referencia a las opciones políticas, en relación con todas las votaciones que acontecen en los distintos niveles de delegación del Estado español. Ya sea en esas instituciones territoriales a las que se les dio el nombre de “Autonomías” o bien en las dirigidas a la disposición de cargos en un ámbito general, se menciona, por la parte de la opinión publicada y en las conversaciones, la idea de una opción.

Ya mencioné, en alguno de mis escritos publicados en el pasado, la idea del bazar político, haciendo alusión a la concepción puramente comercial y de tráfico de valores morales que se produce necesariamente en el ejercicio del poder, en un sistema regido por el consenso político. No hay sino un constante tráfico y transacciones, que constituyen la propia estabilidad que la corrupción otorga al Estado de Partidos. Pero es a propósito de la oferta que realiza el Poder estatal donde me propongo incidir en esta ocasión.

Es sabida la deformación constante del idioma que provoca el consenso político y que debido a eso, es casi permanente la aberración lingüística que se refiere a las medidas administrativas del Estado como “las políticas”, utilizando una S final en el nombre de la actividad general. El origen de esta absurda confusión se debe, a mi juicio, tanto al desconocimiento del idioma español como al del inglés, al cual se quiere imitar mediante unas malas traducciones. No es algo extraño que fruto del complejo de inferioridad política que anima el espíritu de este Régimen, forjado en la transacción de 1978, se busquen siempre referentes y modelos ideológicos externos, que es lo propio de cualquier individuo adolescente. La propia necesidad de incorporar un pensamiento ajeno, sumado al esfuerzo de la traducción, ya es muestra de una cierta minusvalía e indigencia mental.

En el idioma anglosajón existe la palabra “policies” cuya correcta traducción es la de “medidas administrativas”, que es de frecuente uso en el ámbito empresarial. El singular para esta palabra es “policy”, cuyo significado es muy distinto al de “política”, y la palabra “política” en español, tiene su equivalente en esa lengua, en “politic”. No es correcta por lo tanto la traducción de “policies” como “las políticas”.

Mas allá del obvio aspecto ideológico y del error que lleva a considerar la materia nacional como una cuestión empresarial y comercial, es pertinente observar cómo el desconocimiento y la falta de formación y de una adecuada instrucción en Universidades y centros de enseñanza, incide en todo el pensamiento popular. Puesto que esta equivocación es constante en los Medios de masas y en casi todos los escritos, se traslada de forma inmediata a todas las reflexiones; se hacen así siempre confusas e inducen al equívoco.

Sin embargo, esta deformación del idioma, que puede parecer inocente o poco sustancial a los ojos de quien carece de criterio, produce una idea de pluralidad que induce a la consideración de diversas ofertas. Y es a este punto, al de las ofertas y el de las opciones, a donde se dirige la presente reflexión.

Existen diversos aspectos que sería preciso considerar y que extenderían en exceso el escrito, pero en síntesis, es pertinente apuntar dos cuestiones esenciales:

  • El aspecto puramente metafísico y espiritual de lo que se contempla como opción
  • El origen abstracto que produce la propia opción

En el primer punto es donde cabe observar que no responde a un carácter individual de una persona física y sus particulares atributos. En el segundo, que ese origen es el del propio poder ya establecido y no el de la libertad civil.

La mendicidad intelectual y mental a la que me referí antes, se forja en la propia naturaleza espírita de la opción y su falta de diversidad, en el origen causal. Pues no es sino la causa endogámica de un poder único como lo es el del Estado, y su efecto, la privación de libertades civiles en la nación, para que éstas engendren sus propias opciones.

No es extraño entonces, a tenor de lo anteriormente explicado, que a través del plural artificialmente añadido a la palabra “política”, se cause la confusión del pensamiento. Ni que el fruto de ese pensamiento inducido por el término, sea el de la sensación de unas opciones diversas que realmente son inexistentes.

 

Y ahora corran… ¡corran todos a votar!

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