Intervención de Don Antonio García-Trevijano Forte en Libertad Constituyente a 7 de febrero de 2012
Antoni Tápies es una muestra de la deshumanización del arte. El arte abstracto comienza su desarrollo en los años anteriores a la guerra europea, a la que se llamó la “guerra estúpida”. Los artistas que se reunían en Zurich, en el cafe Voltaire, fundaron el dadaísmo, que pretendía poner en ridículo a la sociedad que había hecho la guerra: militares, banqueros, etc. Lo hicieron muy bien, aunque aquello no fue arte abstracto. Era un arte grotesco y exagerado que pretendía poner en ridículo aquellos que habían llevado a Europa a esa “guerra idiota”.
Tras la guerra, la república de Weimar -que es la fuente de casi todos los males que padece hoy el mundo: además de fundar una República bajo los auspicios de la socialdemocracia, que se inventó el régimen actual electoral por el sistema proporcional, se destrozó toda posiblidad de realidad en la política- fue la creadora de las Bauhaus, las casa de arte. Allí los pintores, artistas, escultores, músicos, fotógrafos, y cineastas más importantes de Europa se reunieron para enseñar aquello que el otro no sabía. Por ejemplo, si había un gran pintor cubista lo hacían profesor de materiales o de fotografía, y de ahí salió toda la degeneración del arte.
El arte abstracto que representa Antoni Tápies sale con fuerza de la revolución bolchevique, de la que proceden tres formas de arte. El primero es el arte lineal que, por ejemplo, siguen los arquitectos para la construcción de los rascacielos donde almacenaron a los ciudadanos en celdas. Hubo otro arte lineal que tuvo éxito en Holanda, donde había una serie de arquitectos calvinistas. El más conocidos de todos ellos fue Mondrian, que todavía hoy está presente en la moda, en el vestido de las mujeres, en cuadernos, en todas partes… su obra más conocida fue “boogie woogie”, un tablero de ajedrez de colores con puntitos que simulaban gente bailando.
Tápies tiene en su comienzo bastante influencia de Miró y de este arte calvinista. Otra dimensión que sale del bolchevismo es el arte de un solo color, que triunfó sobre todo en los Estados Unidos. Por ejemplo Malevich, que paso media vida estudiando cuál era la esencia del arte para llegar a la conclusión de que su esencia consistía en un cuadro completamente negro. Cuatro años de estudio más tarde aceptó que se había equivocado, y afirmó que la esencia del arte era un cuadro en blanco.
En la segunda etapa de su vida Tápies tiene influencias de Malevich. La tercera escuela se llama informal, que no es cuando la obra no tiene forma, lo que es imposible, sino cuando no tiene una forma reconocible. Su principal manifestación fue el tachismo, que proviene de la palabra francesa tache que significa “mancha”. Tápies ha sido un cultivador de esta manifestación tachista de la pintura que consiste en poner manchas de colores. Nada más.
En la escuela de André Bretón hicieron un experimento. Utilizaron un burro con la cola muy corta al que le ataron una brocha, le dieron una pajas de comer y detrás de la cola un lienzo. El burro hizo unas cuantas pinceladas que después expusieron con un éxito fantástico. Y ese procedimiento es sublime cuando los pintores abstractos imitan con sus manos la cola de un burro. Cuando hacen esas pinturas de las que ha sido un gran ejemplo Tápies.
Yo he escrito un libro llamado “Ateísmo estético: el arte del siglo XX”, demostrando de donde provienen todos estos movimientos, todas estas deformaciones. Ortega y Gasset cometió el error de llamarlas “arte puro” en su “Deshumanización del arte” porque pensaba que el artista se preocupa por retirar de su obra cualquier elemento que remitiese a la realidad y pensaba que lo que quedaba es el arte, en lo que definió como un arte para artistas
Ortega y Gasset escribió esta obra en 1927, diciendo además que esos artistas no iban a ninguna parte porque no tenían grandes aspiraciones. Esto demuestra que no leía, porque en aquel tiempo ya se habían escrito los grandes manifiestos de las escuelas futurista, metafísica, rayonista, etc. Lo que destaca en esas escuelas es, precisamente, su inmensa ambición de transformar el arte. Hasta el punto de intentar suprimir los museos de arte, defendiendo que un Bugati o una Harley Davidson tiene más belleza que La Victoria de Samobretoracia.