Todos los ignorantes, todos los más moralmente débiles frente a la voluntad de poder, agotan sus esfuerzos en las investigaciones que conducen indefectiblemente a la confirmación de sospechas. Como en la máxima de Tertuliano (“credo ut intelligam”), operan creyendo para después poder entender. Y así, como resultado de sus pesquisas, cualquier cosa se vuelve en el descubrimiento de lo que sabían.
Es perfectamente normal que sean, como los jansenistas, defensores de la indefección de un plan; que todo lo observen creyendo que ya está planificado y que, como en lo que resulta de sus investigaciones novelescas, todo esté predeterminado o predestinado. Esa es la derrotista mentalidad, presa de la fatalidad, que concibe una consigna política imbécil, como lo es la palabra “plandemia”.
Todo esto es políticamente reaccionario. Y no es desde luego innovador, ni menos aún revolucionario.
NOTA: Una palabra surgida de la mentalidad dialéctica, enfrentada a la imposibilidad científica de definir lo que significa “pandemia”, que trata de vigorizar la idea de las epidemias. Científicamente, nadie en el mundo sabe definir lo que es una “pandemia” y sin embargo la vulgaridad en el pensamiento transforma lo indefinible en una fatalidad del destino universal, en un proyecto que en España consiste en cambiar la idea de Dios por la de algo llamado por Fraga “el nuevo orden mundial”.
Publicado originalmente en la red social Facebook el 26 de agosto de 2023