Mundos incompatibles: el real de las libertades británicas y el ilusorio de las igualdades continentales

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Radio Libertad Constituyente - Diario Español de la República Consitucional

En la primera parte presentamos las últimas noticias sobre las negociaciones de la UEE con Reino Unido y la decisión del alcalde de Londres, Boris Johnson, de apoyar al Brexit.
La segunda parte se centra en analizar las palabras de Cameron cuando interés de aglutinar ‘lo mejor de los dos mundos’. Esto nos da pie a poner de relieve las diferencias culturales entre el mundo anglosajón y el de Europa continental.

Han colaborado con D. Antonio García-Trevijano, Armando Merino y Adrián Perales. Ha presentado Miriam Fernández con la colaboración técnica de Daniel Fernández.

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Antonio Marín

El texto de Boris Johnson me parece importante como texto de movilización, como bien dice, por la democracia. El Reino Unido tiene en su haber haberse adelantado en la detección de problemas graves de Europa anteriormente, como lo hizo frente al expansionismo del III Reich. Johnson defiende la importancia de la política, frente a la determinación de la política por la economía que difunde una Unión Europea liderada por Alemania. Dice además que la economía de la UE lleva décadas estancada. Y cabe comparar su enumeración de los sectores económicos del siglo XXI que lidera el Reino Unido con los del siglo XX de Alemania, como la producción automovilística. La cohesión de los países de la UE ha fracasado. Al respecto, recuerdo la osadía de Aznar al aliarse con Polonia, en contra del Reino Unido, para imponer medidas en la UE; es decir al país vencedor de la II Guerra Mundial desde Polonia, cuya invasión en 1939 motivó la declaración de guerra, y a una economía avanzada desde España, un país que por su corrupción ha dilapidado en proyectos sin sentido los ingentes fondos que países como el Reino Unido destinaron a su cohesión con la media de la UE. Frente a esto Alemania parece haber optado por volver a poner al resto de Europa al servicio de las necesidades de su economía. A diferencia de Alemania, la economía de Francia cuenta con el norte de África y podría, liderada por Marine Le Pen, optar por salir de una Unión Europea dominada por Alemania. Johnson, desde un país al que no se puede descalificar por su incompetencia económica, rompe las barreras entre derecha e izquierda al advertir sobre la imposición de burócratas europeos no electos sobre el gobierno legítimo de Grecia. Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. El movimiento pan-europeo del griego Varoufakis por la democratización de Europa no ha tardado en recoger el guante llamando a “juntarnos todos los demócratas, no la derecha o la izquierda, sino todos nosotros, independientemente de nuestras afiliaciones políticas partidistas, independientemente de ideologías” (vídeo en http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/21/actualidad/1456073107_693401.html). Con respecto a Varoufakis cabe recordar que ya en la elaboración del plan de reformas para la recuperación de Grecia, que descartó la UE, contó con el asesoramiento de Norman Lamont, ex ministro británico de finanzas bajo el primer ministro conservador John Major, y de Larry Summers, ex Secretario del Tesoro de EEUU bajo la presidencia de Bill Clinton. En fin, el artículo de Johnson me parece una reivindicación de la política, hecha desde un gran país orgulloso de sus logros.

Manuel Ramos

Muy interesante su comentario. Quizá el siguiente país en plantearse la salida de la UE sería Francia, ya no sólo por los motivos económicos que usted plantea, sino por motivos de cultura política diferente a la no democrática Alemania o el resto de países vencidos en la II Guerra Mundial. La diferencia cultural de los británicos radica en gran medida por su concepción de la representación política. No comprenden quiénes son los que, con directivas y leyes absurdas, mandan desde lejos.

Francia, con ese ímpetu nacionalista, podría encontrar extraño que desde la UE le manden hacer cosas que ella no quiera pues sí tienen claro quiénes son sus representantes en su país pero no en ese ente burocrático lleno de listas de partido y comisiones extrañas. Eso sí, si Francia plantea siquiera ese asunto la UE recibiría una puñalada mortal de necesidad.

Antonio Marín

Estoy de acuerdo con usted. No en vano Johnson termina su artículo así: “En las próximas semanas el parecer de personas como yo importará cada vez menos, porque la elección es de aquél que es realmente soberano -el pueblo del Reino Unido. Y en el asunto de su propia soberanía el pueblo, por definición, acertará.” Además, en ese artículo ha incluido también su preocupación por que, en las reuniones con el gobierno de Grecia, la UE se negara a negociar como dijo después Varoufakis, “les ordenara qué hacer con sus presupuestos y su gasto público, a pesar del enorme sufrimiento de su población”. Ha recordado a Winston Churchill, que propugnó la creación de unos Estados Unidos de Europa como también ha recordado recientemente el Sr. García-Trevijano, a quien aprovecho para agradecer sus esfuerzos y determinación. Viví en Londres durante 5 años a principios de los 90 y creo que la diferencia es por lo menos política, de carácter y de experiencia vital -mis amigos entonces y el interés de los informativos de ahora que he pasado un mes en la ciudad 20 años después, siguen siendo no sólo de Inglaterra, sino de la India, de China… Mientras, los políticos y medios de comunicación españoles se permiten usar de manera despectiva términos como “bolivariano”, con los que han querido definirse gobiernos legítimos de nuestro supuesto ámbito de influencia, como Venezuela, Ecuador y Nicaragua. No puedo aventurarme sobre la transformación del Reino Unido de la que habla Lamont, pero sí que he visto la de Londres y es sorprendente. Nada que ver con el simple remozado y construcción de vivienda en nuestras ciudades. Ya que la otra ciudad que he vuelto a visitar ha sido Oxford y que Lamont destaca las universidades inglesas, me parece que ésta no ha cambiado. Bien diferentes también de las nuestras, en caída libre en las clasificaciones internacionales desde hace décadas, nada preocupadas por la educación superior de sus estudiantes, sino entregadas al corporativismo y el fraude de profesores sin otro mérito que haber sido empleados por su fidelidad durante la dictadura, después por la regularización de los PNN y después enchufados por los anteriores, en su gran mayoría irrelevantes en sus áreas de conocimiento. En fin, la cuestión aquí es quién o quiénes les ponen el cascabel a estos gatos.

Manuel Ramos

El cascabel lo ponemos desde el MCRC, Sr. Martínez. Siendo cada vez más pero siempre leales a las ideas de democracia y representación política.

Antonio Marín

Lo que yo veo por ahora es que aparecen nuevos gatos, como Pablo Iglesias y Albert Rivera, que desde luego que no están por la labor de poner ningún cascabel a sus semejantes. De llegar a ponérselo a todos, lo que yo también considero posible, en España el ruido de cascabeles va a ser fenomenal.