Es frecuente durante charlas entre amigos y familiares que salga el tema de si en España hay o no hay . Los que sabemos que no la hay, tenemos el deber de razonar nuestra aseveración, y hay ocasiones que el interlocutor acaba sorprendido al descubrir que tenemos razón. En otras ocasiones nuestro interlocutor no acaba de entender los dos conceptos necesarios para que exista : la representación del elector y la en origen.

No es menos frecuente que nuestro interlocutor identifique la democracia y confunda el concepto de representación con el mero hecho de votar cada cuatro años a una lista de partido, creencia disculpable sobre todo en España debido a la tarea de desgaste y lavado mental realizada por el , que estrecha el campo de visión del elector a la creencia de que poder votar a la lista de un partido significa que hay democracia. Sacarle de ese error es fácil, y no es motivo de éste artículo.

Sin embargo, más difícil es que comprenda la separación de poderes en origen. La mayor parte de los interlocutores son conscientes de la existencia de tres poderes, les suena de su educación secundaria o universitaria, y son capaces de nombrar el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.

A la pregunta de si creen que esos poderes están separados, suelen contestar que sí, confundiendo la mera existencia dividida de los mencionados poderes con su estado de separación en la práctica. ¨Bueno, separados o divididos, qué más da¨, me espetan algunos. Pues sí que da. Un ejemplo sencillo es el de la naranja. Tómese una naranja que tuviera tres gajos como ejemplo, cada gajo es un poder, y es evidente que la naranja, aún pelada, es una unidad cuyos gajos están divididos, sí, pero no separados. Llegado éste punto suelen entender la diferencia entre División de Poderes (Tocqueville) y Separación de Poderes ().

Si se muestran receptivos y no les ha estallado el cerebro de alegría ante el descubrimiento, se puede ahondar en la parte que dice ¨separados en origen¨ y explicarles que para que estén separados en origen, y no desgajados de un todo previo, es necesario que sus órganos sean elegidos en elecciones separadas, unas elecciones al Legislativo para que se forme la Asamblea Nacional en el Congreso de los Diputados y represente a la nación española, otras elecciones al Ejecutivo para que el Jefe del Estado nombre al Gobierno de la Nación que representa al Estado, y otras elecciones al Judicial para que todos los integrantes y profesionales del mundo jurídico elijan al Consejo General del Poder Judicial sin interferencia de los partidos.

Desgraciadamente aún quedan muchos españoles que en su ignorancia no dolosa intentan tragarse la naranja pelada, pero sin separar sus gajos, y viven atragantados por un régimen de poderes inseparados incapaces de vigilarse, contrapesarse y controlarse entre sí.

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