La principal causa del fracaso político en España se encuentra en la mentalidad forjada por el romanticismo de las obediencias. La creencia popular de que “lo importante son las ideas y no las personas”, la ilusión platónica propia de los que pretenden sostener la res pública en la virtud de sus leyes, actúa de forma tan refractaria a la política como lo fue la sociedad griega clásica ante la posibilidad del Derecho.
La mentalidad espiritualista de facción, la costumbre iniciada en la dictadura, queriendo transformar el hecho nacional de España en una suerte de amor iluso, en una mentalidad romántica, ha forjado hoy una sociedad culturalmente decadente, bajo la horma de un Estado de los partidos, donde se lucha contra la Persona para intentar que triunfe la Idea. Y así, el principio de igualdad en la servidumbre “aquí nadie es importante, lo que cuenta son las ideas” se impone plácidamente, mediante ese utopismo anti-moral y por lo tanto apolítico.
El filósofo Gustavo Bueno, fue uno de los mas serios y respetables epígonos de esa clase de mentalidad, al convertir a España en un ideal, lo que llamó la idea de España. La misma línea aristocrática de Ortega y Gasset o de su problemático discípulo Laín Entralgo.

En la fotografía, una persona absorta, buscando la sombra que no puede proyectar, mientras piensa en el mito religioso de la caverna de Platón. Metáfora de la sociedad española.