La marcha de la libertad

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Estáis ahí. Con los colmillos apretados, salivando, lanzando dentelladas a nuestros corazones. Intentando engullirnos, devorarnos, sorbernos el tiempo que tenemos de vida. Hasta antes de empezar la marcha me dejaba, os dejaba que lo hicierais. Os soportaba como si fuerais algo inevitable. Era muy consciente de lo que nos hacíais. Con mi pequeña voz gritaba desde mi gran soledad. No había respuesta a mi grito, en silencio seguía gritando y vosotros me seguíais quitando la vida, y yo os seguía dejando. En el momento en que empecé a caminar comencé a limpiar mi piel de vuestras babas. Mi mente se liberó del miedo y entonces vi a mis compañeros, con sus pequeñas voces, marchando firmes sabiendo que no hay otra opción. Comprobando a cada paso que podemos que somos libres.   Con nuestra marcha hemos puesto esperanza en las vidas de los desheredados, de los pensionistas, de los enfermos, de los que buscan una vida digna, de los parados y de los que trabajan. En resumen, hemos ilusionado el corazón de la buena gente. Juntos nos hemos hecho los representantes del pueblo y el pueblo así lo ha entendido, dándonos su apoyo material y, sobre todo , moral. La mujer que nos dio una barra de pan, la que trajo zumo y agua, el anciano de las ciruelas fresquitas, el desayuno del cura, etc. Etc. Estos actos daban alas a nuestros pies y fortalecía nuestro corazón. Con cada kilómetro nuestras pequeñas voces se oían más y más fuerte. Voces uniéndose para gritar alto y claro que no os creemos, que vuestras mentiras ya no nos engañan.   Voces juntándose y ampliando la conciencia de quién las oye.   Estoy orgulloso de haber caminado a vuestro lado, y estoy orgulloso del pueblo que nos lleva y nos cobija en el camino. Hay una frase de Bertolt Brecht que quiero citar: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay quienes luchan muchos días y son muy buenos. Y están los que luchan toda una vida, esos, son los imprescindibles”.   Compañeros nunca dejéis de luchar. Al mundo le hace falta gente como vosotros. Gente capaz de ganar batallas con estas armas: la no violencia y la razón.

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