Ideología versus constitución

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PEDRO M. GONZÁLEZ.

Resulta unánime en las ideologías que se reclaman democráticas la formulación programática de la Libertad Política como algo inherente a su propia concepción social.

Ya se sea liberal, socialista o conservador, se asume la premisa de la libertad política como algo esencial para su desarrollo ideológico.  Sin embargo tal asunción no es tal, sino presunción ya que en nada explican, formulan ni exigen sobre las condiciones constitucionales de necesaria observancia para llegar a tal libertad política.

En consecuencia, la Libertad Política para las ideologías en la postmodernidad es un elemento preexistente al ser propio del que no se ocupan en absoluto ni merece la menor consideración técnica, pues se da por supuesta.

Si además de ello, las ideologías organizadas en partidos pueden llegar al poder político sustrayéndolo a los ciudadanos y encastrándose en el Estado, la presunción de la existencia de Libertad Política eliminándola del debate público, es un útil anestesiante de la sociedad civil.

Sin embargo tal presunción es falsa. La libertad política, lejos de ser un concepto abstracto es claramente concreto y articulable a través de unas normas básicas, pocas, pero de inexcusable cumplimiento. Hace referencia al juego, no a la jugada. No está ahí porque siempre estuvo, sino que debe ser articulada positivamente. Ahí reside el valor de la técnica constitucional.

No por creer en la separación de poderes esta existe; no por valorar positivamente la representación entre el elector y el elegido esta se da; y no por votar nos encontramos en Democracia.

La denuncia de la Gran Mentira encuentra vehículo en la cuestión constitucional. Que esto no es una democracia resulta de fácil explicación al ignorante que se transforma en sorprendido tras la simple formulación y sencilla explicación de un simple principio: Donde no hay separación de poderes y principio representativo, no hay democracia.

La explicación de estas pocas normas y su alcance (Presidencialismo, separación de poderes, sistema electoral mayoritario por distrito uninominal…)  en contraste con la prostitución de la palabra democracia en la oligarquía de partidos, es un útil arma  de fácil uso.

 

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Gonzalo

La corrupción de esta Monarquía parlamentaria y borbónica,vigente desde 1978,es evitable.Cuando muchos españoles se conforman a admitir la insuficiente actuación de las instituciones y hasta el derrumbamiento del conocimiento de la unidad nacional,tal vez es el momento de analizar,sin temores ni recelos,las causas históricas,teóricas y jurídicas de la Ley Fundamental borbónica actualmente en vigor.Discurridas más de tres décadas,es posible discutir la capacidad de conceptos políticos como la autodeterminación de las autonomías,la exclusiva del poder por los partidos instalados en el Estado,el sistema proporcional de listas abiertas o cerradas, que establece la ley electoral y,en definitiva,el recelo de los gobernantes de siempre en la aptitud de los que contribuyen con sus impuestos a la cosa pública para ejercitar la LIBERTAD POLITICA que es la que tiene que iluminar la democracia.Hay que reducir a un agudo análisis los principios ideológicos de esta oligarquía del Estado de partidos.España exige una recuperación institucional y moral.