Cambiar el punto de vista o de la libertad de todos (incluidos los carcas)

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Vicente Carreño Carlos y yo mismo salimos de la estación del tren de Totana hacia la Asamblea de Democracia Real Ya o movimiento de indignados del 15 M de Murcia. El sol ya iluminaba de soslayo, pero no era el crepúsculo de nada, al contrario, estamos viviendo el amanecer de la libertad de todos. El Sol de los jóvenes de todas las edades se ha elevado sobre el horizonte y ya no puede esconderse. Además de que sabemos por la ciencia política que son las personas configuradas en las mónadas electorales las que giramos sobre el Sol de la libertad política. Recordaba durante el camino a Murcia que la generación de españoles de los años setenta, la que aceptó sumisa el Estado de Partidos, la que no defendió lo suficiente la ruptura con el régimen franquista que propuso Antonio García-Trevijano, la que pensaba que había conseguido la democracia en España, la que cansinamente repite una y otra vez que “habían traído las libertades”… estará sorprendida –por lo menos- con los jóvenes de todas las edades concentrados en las plazas públicas. ¿Qué estarán pensando de ellos -de nosotros-? ¿Qué pensarán de sus hijos, de sus nietos, sentados, durmiendo, gritando en la calle? Que son – que somos- unos zagalicos que están indignados por la crisis económica -no más. Es comprensible, dirán. Pero ¿por qué exigen democracia real, ya? ¿No ha quedado claro y evidente que ya tenemos democracia?…   ¡No!, ¡no es nada evidente que exista democracia!, y ahora para toda una nueva generación de españoles hay una relación concreta entre la corrupción política de los partidos y la situación económica y social. Han establecido en sus jóvenes mentes, que es su lenguaje, la relación que tenían prohibida hacer: partidos políticos de la transición=corrupción y abandono del pueblo; partidos políticos=no es democracia. ¡Oé, oé, lo llaman democracia y no lo es!   Y ahora, ¿cómo les quitamos esa relación revolucionaria que con tanto esfuerzo hemos ocultado durante treinta años? -estará pensando la generación carca.   Aparcamos el automóvil sin marchas automáticas de Vicente en un parking público al aire libre en el malecón de Murcia, un magrebí en paro corre delante del automóvil para ayudarnos. Le entrego los tres puntos básicos para conseguir la democracia, me lo agradece y me pide más papeles para sus compañeros. Con mucho gusto. Paseando por el bellísimo Malecón de Murcia en dirección a la plaza del 15M, unos jóvenes de la  Escuela  de  Turismo aceptan más papeles con los puntos básicos de cómo conseguir la democracia: apertura de un período constituyente, constitución de las cortes constituyentes y redacción de una auténtica Constitución con separación de poderes en origen. Recuerdo que Sartre también repartía papeles por la calles a sus ochenta años, y también Russell. La otra noche Vicente leyó en la asamblea principal el manifiesto de Carlos en Valencia y fue aplaudido. Un camarada se nos cruza en dirección contraria a la plaza 15M, saluda a Vicente y entra en un puente de hierro para quedar atrapado entre los barrotes del estado de partidos. Nosotros seguimos hacia la plaza de la libertad política. Nos esperan Ana y Jesús, maravillosas almas sabias y luchadoras por la libertad de todos. Llevan desde la primera noche y no han faltado a nada. Saben de las numerosas comisiones. Nos movemos entre las pancartas y las tiendas quechuas. En una mesa encuentro un cartelito pidiendo una ¡nueva constitución ¡Empezamos bien!, pienso. Rápidamente se nos abalanza la TV. Una periodista, simpática y preguntona, que no paraba de mirar hacia otros sitios en busca de no sé qué, manifiesta su intención de entrevistarnos. Vicente le dice que estamos en una partidocracia, que no hay democracia… y creo que ya no le gusta lo que está oyendo. ¿Qué esperaba? “Sí, la filosofía también piensa que todavía no tenemos separación de poderes, y esa es la propuesta que traemos”- le contesto yo. Es simpática, más tarde estará también cuando vayamos a coger la palabra en micrófono abierto y libre. Horas y horas convenciendo a jóvenes de la necesidad de iniciar el período constituyente y, por fin, logramos hablar con el encargado de las propuestas jurídicas y políticas de las comisiones correspondientes. Es atento y también se interesa por la propuesta, sobre todo, por el problema –según él- del respeto a las minorías en una democracia formal en la que el representante es elegido por mayoría y con mandato imperativo por los electores de la mónada o distrito electoral. “-¿Y los otros que no ganan en las elecciones?”. “-No es problema alguno, compañero, el que gana las elecciones será el representante auténtico de sus electores y si no cumple con su mandato imperativo a la hora de hacer su labor legislativa, si no recoge las propuestas de sus representados, si no le da cuentas a ellos y no al jefe de partido o a los banqueros, será sustituido inmediatamente o se celebrarán elecciones de nuevo en esa circunscripción. Es como los delegados vuestros de las asambleas y de las comisiones. Ahí tampoco se atenta contra minoría alguna. La democracia es la regla de la mayoría con el respeto constitucional o natural de las minorías, que no por ser minorías serán perseguidas u olvidadas, ya que tienen su derechos fundamentales. ¡Tienes que cambiar el chip! -le sigo diciendo. ¡Tienes que cambiar el punto de vista! Vuestra generación, que ha crecido con la propaganda de la partidocracia, cree que el punto de vista democrático es el que tienen los partidos políticos subvencionados por el Estado, que el punto de visión “democrático” es el de la dirección del partido político y ¡no es así! ¡El punto de vista democrático es el que tenemos nosotros, los electores de un distrito electoral, de una mónada electoral, que es el verdadero sujeto que puede hacer política en una democracia de verdad! -le digo. En los libros de dóxa política de la transición todavía sigue afirmándose que el partido político se compone de los directivos, los militantes, los simpatizantes y los votantes. Los votantes como la cuarta parte de una organización estatal, ¡como una parte integrada más en el partido del Estado! ¡Cómo se puede todavía seguir afirmado barbaridades como esas sobre lo que es la democracia! -pienso.   Nada se dice, sin embargo, del punto de vista democrático correcto: los electores de un distrito eligen a un candidato, de entre varios que libre y gratuitamente se postulan, por la regla de la mayoría –la democrática- que les representará con mandato imperativo para hacer las leyes en la Cámara de Legislación. Vicente -bajo una fuerte luz de los focos- se dirige a los jóvenes de todas las edades de forma entusiasta y magistral. Les recuerda que el poder está en ellos con una pequeña historia entre un padre y su hijo. Les recuerda el origen del Estado de Partidos en Europa. Les dice brevemente la razón por la que los políticos de partido no quieren que Montesquieu se haga realidad. Los aplausos son generales. La representante de los ciclistas –que va descolgada- quiere intervenir inmediatamente. Nosotros queremos que se recoja como punto y objetivo de la asamblea la separación de poderes en origen y la ley electoral realmente democrática. Ya es muy tarde aunque hay una comisión jurídica. Vamos a ella. Pero uno de los acampados -que tenía los libros de Trevijano en su casa -según dijo- y estaba presente en Totana hace cuatro años -dice “estoy cansado, no voy a escuchar o perder el tiempo hablando de Derecho constitucional”. -“Pero ¿tú quieres la democracia ya? –le digo. Y además no te aburrirás, ya que no puede haber verdadero “derecho constitucional” que te aburra, no tenemos una verdadera constitución democrática todavía, y no se pierde el tiempo si se recoge ese objetivo mínimo, realista, de articulación jurídica de la separación de poderes en origen como medio para conseguir las exigencias de la democracia material, ¡todo lo contrario!”.   Nos comentan que la comisión de debate y recogida de propuestas se hace a las dos de la madrugada. Me parece raro. Dejamos las propuestas en un buzón de sugerencias: “Proponemos el objetivo mínimo aprobado ya en Sol, Madrid, que se establezca un Separación de poderes real en España”. Seguiremos el próximo día. La esperanza no se pierde nunca. Esperamos que todos los jóvenes de todas las edades cambien su punto de vista y se quiten la venda de los ojos: Si queremos la democracia ya es evidente que no la tenemos todavía, y por tanto, hay que conseguirla con una nueva constitución, una auténtica constitución democrática.   Un compañero con una camiseta del Ché habla con nosotros y se lleva para estudiar los puntos que proponemos y una joven, muy interesada en las ideas del MCRC, pide la dirección en Internet del diario RC y de don Antonio García Trevijano. Vicente, raudo, las escribe en la agenda de la zagalica. Vicente se sabe de memoria todas las direcciones del MCRC en la web. No es nada extraño -pienso- conociendo el luchador por la libertad de todos que es. Ya lo dije en Totana cuando se presentó el MCRC en 2007: “con hombres como Vicente Carreño, don Antonio, la República Constitucional la tenemos en España en poco más de siete años”. Van solamente cuatro.

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