Los sueldos de los diputados

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Diario Español de la República Constitucional

Se esfuerzan en tiempos de crisis los oligarcas partidócratas en calmar la indignación popular de manera chapucera de modo que la llamada ¨opinión pública¨ modifique su actitud hacia la clase política y se piense que dejándo sin sueldo a los diputados, o bajándoselo se da un ejemplo de austeridad, sacrificio y modestia. Otros parlamentos proponen reducir el número de diputados a la mitad para aliviar el gasto.

Unos critican la medida de aquellos y proclaman que de esa manera sólo los ciudadanos con autonomía financiera se podrán dedicar a la política y que defenderán intereses de los ciudadanos de su clase y condición social. Otros dicen que reducir el número de diputados mermaría la representación de los ciudadanos, opinión derivada de un sistema proporcional del que de ninguna manera se puede decir que es verdaderamente representativo.

Pues ni lo uno ni lo otro. El problema no es tanto si un diputado cobra mucho o poco, ni si hay muchos o pocos diputados. El problema principal es razonar los criterios en base a los cuales se decide quién le paga el sueldo al diputado, qué número de diputados ha de tener un parlamento y cómo se calcula ese número.

En nuestra deseada República Constitucional, cuyas características describe con rigor científico en su obra ¨Teoría Pura de la República¨ Don Antonio García-Trevijano, reside de nuevo la solución a ese problema, como a tantos otros. En la RC son las circunscripciones electorales de alrededor de cien mil habitantes –mónadas electorales- mediante decisión de la Junta Electoral de cada una de ellas las que pagan los sueldos de cada diputado electo, uno por mónada, que irán a defender los intereses de sus representados a la Asamblea Nacional, que constará a su vez de unos 450 diputados. De esta manera son los ciudadanos quienes deciden directamente cuánto cobra su representante. Y además si no cumple con lo acordado en su programa electoral podrán revocarlo, lo que equivale a despedirlo y dejarlo sin sueldo, ocupando su sitio un suplente.

¿Tiene sentido reducir el número de Diputados o su sueldo? ¿En base a qué? ¿Con qué criterio? Para poder responder a esas preguntas es necesario liberarse de la pegajosa demagogia partidocrática de la reducción de sueldos o de número de diputados, propuestas falaces que intentan desviar la atención del problema principal que no es otro que el hecho de que no se cumple uno de los requisitos necesarios para que exista democracia formal en un país: la verdadera representación de los ciudadanos.

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4 COMENTARIOS

    • Estoy de acuerdo Manuel, sólo quería llamar la atención sobre la maniobra de despiste del régimen para eludir la verdad sobre la irrepresentación, provocando cortinas de humo sobre si cobran más o menos y sobre si son muchos o pocos. Aparte de ello lo que sobran son todos esos Parlamentos Autonómicos de la ¨Señorita Pepis¨ y, por cierto, los diputados del Congreso ni siquiera han contemplado la posibilidad de reducir su sueldo.
      Hace nada en los Desayunos de TVE con María Casado ví cómo los representantes de PP e Izquierda Plural (creo que se llama el artefacto partidocrático de Llamazares) estaban en desacuerdo en todo menos en que cobran demasiado. Admitían que salían por unos 4.000 Euros y se quejaban que de ahí se lo tenían que pagar todo.
      Saludos.

    • Jose María, tienes toda la razón. El sueldo de los diputados no será la cantidad más grande donde se van nuestros impuestos pero sí es sintomático que todos estén de acuerdo en cobrar lo máximo y sin discusión. Ese es el momento en el que se nota de verdad que son una casta, un estamento de la sociedad. Sería curioso hacer un resumen de los puntos en común que tienen todos estos partitócratas. Se me ocurre por ejemplo la manida frase de “id a votar aunque no sea por mí”. La votación no sólo como derecho sino como deber cívico.

    • Así es Manuel, no les importa realmente si alguien es de un partido u otro, su único interés es que se vote para que se perpetúe el régimen en el que están como pez en el agua, con el riñón bien cubierto y haciendo el paripé de izquierda-derecha.

      Es muy probable que las personas, antes de ingresar en el selecto club de los diputados, de los aforados o de ocupar un puesto puntero en el aparato del partido, tuvieran incluso cierta ideología, pero una vez pisada la moqueta es muy difícil mantener la decencia, hace falta estar moralmente y culturalmente muy preparado, sobre todo entre tiburones. Es sabido que hay bastante compadreo en los pasillos y en el bar del congreso se deja a un lado la ideología para compartir cafés y alguna copa que otra con los adversarios del hemiciclo, para descargar las tensiones de la farsa escenificada en los escaños.

      Posiblemente sería muy difícil ver a un ex-etarra integrado en HB tomar una caña con un diputado del PP, pero hay una zona gris PP-PSOE-IU-CiU donde se habla de lo ¨vuestro¨ y de lo ¨nuestro¨, de ¨vosotros¨y de ¨nosotros¨, pero nunca se menciona al convidado de piedra, el ciudadano irrepresentado.