Psique y Espíritu (II)

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PACO CORRALIZA.

Y continúa el amigo Santayana desde donde lo dejamos en el capítulo anterior (1):
“Él [Espíritu] ve, lo cual es un misterio para ella [Psique] porque, aunque ella siempre ha actuado como si, de algún modo, notara las cosas a distancia, nunca ha visto ni ha podido ver nada. Tampoco le son a ella de ninguna utilidad los sentidos de él, a pesar de toda su vivacidad. Porque ¿qué le muestran a él? Siempre algo irrelevante: un haz polvoriento a través de las vigas, una llama azul bailando en las ascuas, un murmullo, un borboteo de agua, un aliento de calidez o frialdad, un hastío mortal o una infundada alegría -todo imágenes oníricas, visiones de un mundo divertido, esencias pintadas en el aire, tales como podría inventar cualquier poeta ocioso-. Pero el hijo se preocupa por ellas enormemente: rebosa lágrimas repentinas y celosos pequeños amores.
«Calla, hijo mío», dice su madre Psique, «todo carece de sentido». Ella no contempla aquellas fantásticas visiones: hace punto con los ojos cerrados y murmura las mismas oraciones antiguas. Siempre ha ido a tientas entre obstáculos, como un topo avanzando donde la tierra era más blanda. Puede distinguir los amigos de los enemigos (no siempre correctamente), según un misterioso instinto y, valga decir, el ritmo de sus pasos cuando se aproximan. Como Penélope, es muy sufrida y leal, pero, cuando se siente fuertemente presionada y en apuros, se vuelve feroz. Entonces es terriblemente categórica, ciegamente resuelta a la venganza y a la cruel destrucción.”

En ocasiones, puede ablandarse y ser generosa; en su colmena, no es sólo el grupo de trabajadores, sino también la reina. Su tenaz temperamento de mujer mayor hace que sea con frecuencia injusta con sus mejores impulsos e hipócrita respecto a los peores. Es ingeniosa pero no inteligente, y menos aún consigo misma. Por esa razón no puede nunca comprender cómo ha dado nacimiento a un hijo tan desagradecido. Apenas recuerda el cálido rayo de sol o de alguna otra fuente celestial que un día atravesó su corazón y engendró ahí esa extraña inquietud, ese goce holgazán, al que llamamos pensamiento.”

Muy bien hasta aquí, Jorge, amigo. De las anteriores frases pueden ya ser colegidas características descriptivas de la Psique que, no sólo no comparte con el Espíritu, sino que constituyen formidables limitaciones para que la Psique pueda comprenderle y, a su vez, potentes tentaciones con que seducirle. La Psique es, ante todo, el ímpetu ciego de la vida animal; un ímpetu que las pasiones desencadenan, los instintos conducen y la razón asume y justifica o condena. Una razón que «se da la razón» en función de costumbres sancionadas por la experiencia local o doméstica; de prejuicios atávicos adoptados por un sentido común vulgarizado (o mediatizado) y de implacables juicios interesados condicionados por el deseo, la ambición, la voraz necesidad o la procaz supervivencia. Y no se queda ahí; tampoco soporta los errores que su ceguera, su ciego arrastre y su precipitación le acarrean: entonces aparece la ferocidad, la terquedad, la venganza, la crueldad y la destrucción de la cosa, animal o persona que se atrevió a contrariarla en sus objetivos.

La Psique, en sí involuntaria, es radicalmente realista mirando hacia atrás, hacia lo irreversible; ese «retro-realismo» le permite avanzar siendo ciega para el presente, invidente para la promesa y sólo coherente con lo que prejuzga previsible; desconoce la libertad y poco le importa. Su egoísmo no es tal en tanto, como la Naturaleza, no puede ser responsable de unos hechos que vienen marcados a fuego vital en el propio impulso de su flujo material. Lo propio de la Psique no es el acto interpersonal consciente o voluntario (ese siempre es espiritual), sino el hecho bruto invocado por, y atado a, las oscuras causas que lo materializaron; la Psique no es libre.

Continúa Jorge Ruiz de Santayana: “Viendo cuán rápido y observador es el retoño, lo envía a veces a hacer recados; pero éste gandulea terriblemente por el camino, o se pierde por completo, olvida a qué fue enviado y trae a casa sólo extraños cuentos sobre “Narices-largas”(2) y “Yelmos-de-oro”(2), con los que dice que se ha encontrado. Prefiere las amapolas al trigo y la mitad de las setas que recoge son venenosas, insiste a veces en poner comida aparte para seres imaginarios llamados muertos o los dioses; y, lo peor de todo, una vez raptó y se casó con un hada, a la que llamó Verdad, y quería llevarla a vivir con él en casa. Ante lo cual, la buena madre Psique se puso naturalmente firme: «¡Pícaras aquí, no!».”

Magnífico, D. Jorge. En al anterior párrafo la Psique insiste en contrariar al Espíritu y, lo que es más grave, pretende (siempre insistentemente) ponerlo a su servicio. Pero como la pobre Psique no ve y carece de voluntad, no puede afirmar lo cierto haciéndolo verdadero ni, tampoco, amar la verdad conocida ni, a la desconocida, convertirla en anhelo. Lo suyo es el deseo de utilidad, de interés y de juicio que proporcionen victoria a su plástica e incansable adaptabilidad vital.

La Psique sólo conoce la pasión como causa de sus revoluciones egoístas, posesivas y conservadoras. Sin embargo, la moción del Espíritu es consecuencia de sus emociones hacia aquello que está fuera de él mismo; la primera de esas emociones es la emoción de amor a la Verdad, algo inútil e insustancial para la Psique. Querida Psique, el Espíritu del amigo Santayana, sabiéndote cazadora, te ha cazado. El Espíritu ama por completo, para él todo es amable (incluyendo lo, de momento, sólo imaginable); ama a la Verdad y, por eso, está completa y continuamente enamorado de la generosa y voluntaria Libertad, en tanto capaz de realizar lo imprevisible (para amarlo) y lo imaginado (para degustarlo). Las pasiones de la racional Psique son a su recurrente revolución lo que las emociones del inteligente Espíritu son a su consecuente evolución.

(1) SANTAYANA, George. “Soliloquios en Inglaterra y Soliloquios Posteriores”. 49-La Psique. Editorial Trotta, S.A. 2009. (Edición original: 1922).
(2) Narraciones legendarias.

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Juan B

” Si el conocimiento es el poder más vasto de la consciencia y si su función es liberar e iluminar, el amor es el poder más profundo y más intenso, y su privilegio es ser la llave de los retiros más íntimos y más secretos del Misterio divino. El hombre, debido a que es un ser mental, se inclina a dar una importancia suprema a la mente pensante y a su razón, a su voluntad, a su forma mental de abordar y de realizar la Verdad; tiene incluso tendencia a considerar que no existe otra forma de hacerlo. A los ojos del intelecto, el corazón, con sus emociones y sus movimientos imprevisibles, es un poder oscuro, incierto, frecuentemente peligroso y engañoso, que hay que tener bajo el control de la razón, de la voluntad mental y de la inteligencia. Y sin embargo, hay en el corazón o detrás de él, una luz mística más profunda que no es lo que nosotros llamamos la “intuición” (porque ésta desciende a través de la mente, si bien no viene de la mente) sino que está en contacto con la Verdad y que está más próxima al Divino que el intelecto humano con su orgulloso conocimiento. De acuerdo con la antigua enseñanza, la sede del Divino inmanente, el Alma oculta, se halla en el corazón místico -la “caverna secreta del corazón”, hridaye gouhayam, como se denomina en los Upanishads- y según la experiencia de numerosos místicos, es desde estas profundidades desde donde llega la voz o la inspiración del oráculo interior. Esta ambigüedad del corazón, estas aparentes oposiciones entre profundidad y ceguera, son creadas por el doble carácter de las emociones humanas. Porque en el primer plano en el hombre hay un corazón de emociones vitales semejante al de los animales, bien que su desarrollo sea más variado; un corazón cuyas emociones están gobernadas por las pasiones egoístas, los afectos ciegos e instintivos y por todo el juego de impulsos de la vida con sus imperfecciones, sus perversiones y frecuentemente sus sórdidas degradaciones; es un corazón asediado y conquistado por la lujuria, el deseo, la cólera, las exigencias brutales e intensas, o por las pequeñas codicias y mezquindades de una fuerza de vida oscura y venida a menos, envilecida por su esclavitud a cualquier impulso. Esta mezcla del corazón emotivo y del vital ávido de sensaciones, crea en el hombre una falsa “alma-de-deseo”; es… Leer más »

Juan B

Adversarios de este descubrimiento posibilitan un juego del espíritu con si mismo y esto es la Política.
Sorprendente Santayana.

Juan B

Parece que todos estamos de acuerdo en que la Realidad es Una o Uno. Algunos creen en Algo y otros creen en Alguien. Materia y Espíritu son los dos polos originales en que la Verdad parece dividirse y esta es la gran falsedad, la primera y la postrera; mantener al alma en esta ignorancia , prolongar su aventura y retrasar su autodescubrimiento es una empresa terrible y espantosa que se justifica por el alto premio alcanzado: innumerables meridianos (seres) y multitud de pararlelos (planos) pueden alberga la creación de un extasis profundo entre estos dos polos de la existencia. Adversarios en este juego del escondite son las fuerzas de la luz y la oscuridad, las fuerzas de la verdad y la falsedad, las fuerzas del bien y del mal las fuerzas del conocimiento y la ignorancia. Hasta las ciencias físicas han descubierto que estamos en un universo de fuerzas (universo eléctrivo) o de tensiones (teoría de supercuerdas). La política es el arte de armonizar todas las fuerzas (no solo las físicas,sino las emocionales , mentales,y psiquicas ). Hay en este planeta un gran acerbo espiritual que revela un conocimiento que nos ayudaría a salir de la ignorancia, de la oscuridad y del sufrimiento, pero fuerzas vitales o falsos dioses parecen impedirlo Como vez, Paco, no puedo explicarlo, peo quizas este párrafo de Aurobindo pueda iluminar un poco más: “Durante largo tiempo la mente humana sostuvo como conocimiento tradicional que cuando trascendemos el plano material, se descubre que también estas cosas existen en los mundos de más allá de nosotros. En estos planos de la experiencia suprafísica hay poderes y formas de la mente y vida vitales que parecen fundamento prefísico de las discordantes, defectuosas o perversas formas y poderes de la mente-vital y la fuerza-vital que hallamos en la existencia terrestre. Hay fuerzas, y la experiencia subliminal parece demostrar que hay seres suprafísicos corporizando aquellas fuerzas, que están apegados en su naturaleza-radical a la ignorancia, a la oscuridad de la conciencia, al mal uso de la fuerza, a la perversidad del deleite, a todas las causas y consecuencias de las cosas que llamamos mal. Estos poderes, seres, o fuerzas están en actividad como para imponer sus adversas construcciones sobre las criaturas terrestres; ávidas de mantener su reino en la manifestación, se oponen al incremento de la luz, la verdad y el bien y aun más; son antagonistas del progreso del… Leer más »