Asamblearismo representativo

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Diario Español de la República Constitucional

Asamblea del M15M en Valencia Asamblearismo representativo La libertad colectiva ya no es sólo, hoy lunes 30 de mayo de 2011, una idea fuerza. Es algo concreto que uno puede ya vivir como experiencia propia en la Asamblea de Valencia, que es una verdadera asamblea de la libertad. Todos los días desde las 7 y media de la tarde comienzan a organizarse los turnos libres de palabra, en los que un equipo rotativo de la organización, que es el Gobierno en funciones de esta Asamblea, coordina a los demás ministerios que se han creado: de educación, de poesía, del amor, de apoyo, de logística, de prensa, de información, de informática, de redes sociales, de audiovisuales, de ciencias jurídicas, de agricultura, de “anti-maltrato animal”, de economía, de energía (alternativa), de acción, de estrategia, de desempleo, de damnificados por las hipotecas, etc. Todavía no he visto la lista completa, pero sé que esa lista existe, aunque no encuentre el tiempo necesario para buscarla, y que hay un procedimiento consensuado y aprobado en Asamblea para la creación de otros nuevos, que aquí llamamos “comisiones”.   El lunes 16 asisto a la convocatoria y localizo en el círculo más pequeño de los concéntricos que forman la sentada, a mi amigo Juan, que toma la palabra con un micrófono de juguete para dirigirse a las varias decenas de personas, quizá 300 locos que estábamos allí. Las condiciones son precarias. Juan, excelente persona con el don de la comunicación, conciencia colectiva, visión de futuro y espíritu luchador, que está en la organización desde su gestación, apenas puede hacerse oír, al menos yo no le oigo, pero se entiende perfectamente que está repitiendo, como las azafatas de vuelo el procedimiento protocolario de evacuación en tres idiomas, las normas para el desarrollo de la asamblea. Como las condiciones de sonido son tan malas, se reducirá la semántica durante la asamblea a cuatro conceptos: el fundamental es que la palabra es libre, o sea cualquiera puede tomar la palabra y cualquier idea puede ser expresada. Los asamblearios pueden aprobar las propuestas, sugerencias, o proclamas mediante el visible gesto de agitar ambas manos por encima de las cabezas. Así se evitan los ruidosos aplausos, que imposibilitan por completo la continuidad de los discursos. Si los asamblearios desaprueban la idea lanzada por el orador hacen el signo “caput”, con el pulgar hacia abajo. Aunque se hacen llamamientos expresos a la votación, las votaciones surgen espontáneamente. En el momento en que unos pocos dispersos descubran alguna idea brillante del orador comienzan a agitar sus manos, y en el colectivo eso dispara la expectación, se hace el silencio porque todos están ávidos de entender o escuchar aquello que a esos pocos compañeros les gusta tanto que se atreven a levantar aisladamente las manos los primeros, son los valientes. Es cierto que el nivel de populismo y comportamiento de masas tiene su expresión y la aclamación se traduce en griterío en cuanto unos pocos aclaman cuando se sabe que la opinión dominante es favorable: “¡no a los malos y sí a los buenos!”.   Cuando un interviniente se alarga, reitera en exceso, o simplemente repite un tema que ya había sido expuesto sin añadir ninguna novedad, los asamblearios comienzan a simular la rotación de una rueda con el movimiento de sus manos girando en círculos desfasados, indicando al orador que deje la palabra al siguiente. Si el pesado no se da por aludido siendo la opinión hegemónica el cambio de palabra, el abucheo lo sentencia a no volver a tomar la palabra nunca más. Tal es el respeto que se tiene a la Asamblea; Exclusión del ejercicio a la libre expresión pública por faltar el respeto a la propia garantía de libertad de expresión: si no dejas hablar, dejas de poder hablar. En la práctica ha impedido de facto la infiltración organizada.   La asamblea no puede permitirse no ser operativa y ha sido consensuado como perfectamente razonable y de sentido común esa forma de participación. Se ha creado la constitución de la república independiente de la plaza, y parece perfecta, porque a día de hoy continúa en vigor, se demuestra efectiva en su función de Garantizar la Libertad en la Plaza, parece que nadie se da cuenta de la importancia de esa Norma no escrita que instituye la libertad, pero todo el mundo la entiende a la primera y la respeta porque su justicia es evidente.   Y del caos, sin que la situación llegara a ser caótica, ha surgido una auto-organización de esta comunidad de la plaza, con gobierno incluido: una democracia directa. Las decisiones las aprueba la asamblea, con la libertad de proponer de uno, individuo, para que se ejecute como todos, como Asamblea. Y la comunidad se ha dotado de un sistema anarquista de Estado: no hay policía, hay muchos servicios sociales, los valores dominantes son el altruismo y la solidaridad, el sistema productivo es una mezcla de propiedad colectiva y privada, pero de uso colectivo, el precio de la hora de trabajo sale a cuarto de satisfacción y mitad de optimismo. Se echan muchas horas extra y eso ha creado una verdadera conciencia colectiva, con identidad: uno sabe que es de esto.   Lunes 23, hace una semana que vengo casi a diario, y aunque es una gozada ver el mar de manos aprobar una propuesta de acción directa, o la cantidad de gente que interviene desde el micro (al fin se ha conseguido un equipo de sonido con potencia suficiente para media plaza), pero lo cierto es que aquello comienza a perder el norte. La gente común intuye que aquello tiene potencia como para exigir al gobierno, a los partidos, o a los políticos en particular, e incluso se escuchan abundantes propuestas que encajarían en el “si yo fuera presidente” pero me parece increíble que no haya surgido todavía una comisión estrictamente política, de análisis del Estado. Voy a información por la noche, porque aquella tarde se había quedado Eladio con Juan, junto al tenderete de sonido, que es la antesala al soporte de micro que hace las veces de pódium de orador, para que se sometiera a la asamblea la necesidad de crear una comisión de Teoría Política, y quería estar al tanto de cómo había quedado el tema frente a la asamblea. La creación de la comisión se expresaba en los siguientes términos, para que fuera leída literalmente.   Pregunto en Información por los de Teoría Política. No sabe, me señala un plano en tiza sobre una pizarra de un metro cuadrado con el esquema del plano de la plaza y la situación de cada comisión. No aparece nada de política. Llamo a Juan, -hola Juan, ¿sabes quién puede saber en dónde está la comisión de TP? – Juan: ni idea, pregunta en información.   Martes 24, hablo con Eladio. -Le di el papel a Juan, yo me fui, y Juan iba a leerlo a la asamblea. Resulta que el que iba delante de él había dicho lo mismo y que lo habían aprobado. Vamos a buscar a la persona que lo leyó, para empezar a trabajar. Nadie sabe nada, ni de él ni de la comisión. Nos reunimos con Juan, en la tienda de descanso a las tantas. La conclusión es que había habido un malentendido por su parte, ya que extrajo de una lectura superficial del papel que le dio Eladio, los conceptos “nuevo sistema” y “hacer las leyes” y los asoció con la propuesta de la persona que lo precedía convocando un comité político y algo más sobre la asamblea constituyente. Debido a su cansancio se perdió un día, pero aprovechamos el resto de la noche para poder adelantar la creación de la comisión para debatir la Teoría Política. Formalmente había sido aprobada, así que podíamos adelantar el trabajo por la noche, para no tener que escamotearnos algún rato ambos del trabajo asalariado del día siguiente. Aunque el trámite informativo (inscribirla en “información”), no exige controles porque todos somos aquí anarquistas, yo leeré al día siguiente nuestra convocatoria* para que sea sometida a votación en los términos exactos en las que se redactó.   Miércoles 25, termino tarde de trabajar, me doy prisa con la moto para llegar al turno antes de finalizar la asamblea. Busco a Juan entre el barullo que hay cerca del micro, consigo llamar su atención, se acerca, le paso el papel, lo coge, pero me dice que pase yo a leerlo, que la propuesta es mía (está saturado de micro). Cansado, nervioso, pero con voz firme, leo la propuesta de convocatoria, algún aplauso aislado, nada de entusiasmo, pero aprobación. Eran casi las 10 de la noche. Con todo el trabajo hecho inscribimos, convocamos la primera reunión, nos juntamos la nada despreciable cantidad de 6 personas y creamos la comisión. Siguiente actividad: convocar un debate para debatir los cuatro puntos de SOL desde el punto de vista de teoría del Estado. Decidimos convocarlo para el día siguiente a las 10, que es cuando termina la asamblea y entonces la gente se queda en las actividades de las diferentes comisiones (grupos de trabajo, talleres, conciertos, etc.).   Jueves 26, salgo de trabajar cuando toca, llego a tiempo a la plaza para tomar turno de comisión. Se nota que la gran mayoría de los asamblearios con voto en la democracia directa participan de la res-pública de la plaza porque se ha decidido por consenso y aprobación de la Asamblea, que las comisiones a través de un portavoz tengan un turno inicial preferente para intervenir hacia la Asamblea. Entro hasta la cocina como portavoz de “Teoría Política” pero cuando me sueltan delante del micro me doy cuenta de que no sé lo que voy a decir: sin pensarlo explico lo que va a hacer la comisión, en términos de teoría política respecto a las 4 propuestas de Sol. Mencioné las propuestas y convoqué a un debate después de la asamblea. Aprobación sin entusiasmo general, pero algunos vinieron a interesarse después, mientras caminaba entre la muchedumbre hacia la carpa de educación, que nos pareció lo más acogedor la noche anterior, por el tatami que hay puesto en el suelo, que ya que hay que destrozarse las rodillas para estar sentado largo tiempo en el suelo al menos evita el contacto directo contra el suelo (síndrome del culo cuadrado).   Por la noche dan las diez y cuarto y allí sólo estábamos Eladio, Raúl, Juan Carlos y yo. Aprovechamos para aclarar perfectamente por qué las listas abiertas no solucionan el problema de la representación, porque llevan implícito el régimen de recuento proporcional, y sirven, igual que las cerradas, para impedir el flujo abierto de portavoces-líderes de la sociedad al poder legislativo. Menos mal que antes de las medias llegaron dos jóvenes y otro más mayor, no me preguntéis los nombres ahora, de jurídica muy interesados por lo que yo había anunciado antes en la asamblea. Así que con el documento de “los cuatro puntos de Sol” abierto comienzo a tomar notas allí mismo, a modo de acta, de lo que íbamos debatiendo. Yo hacía las veces de moderador, aunque no hizo falta moderar nada el jueves. Cuando habíamos debatido ya por espacio de media hora o tres cuartos ya el punto uno, sobre la reforma electoral, llegó otra tanda de interesados. Para medianoche éramos en torno a la docena. Cuando dimos por concluido pero no cerrado el debate sobre el punto dos, sobre medidas anticorrupción y transparencia, ya se formaba corrillo alrededor de la parte del tatami que quedaba fuera de la carpa. Algunos se quedaban de pié mirando, alguno pedía la palabra para realizar una efusiva intervención que terminaba en amables disculpas por la interrupción. La productividad del debate fue espléndida porque todos estábamos ya previamente convencidos de que la solución al problema político es de naturaleza institucional. El punto tres era un lacónico “separación-de-poderes”. Las intervenciones se sucedían y todo era hablar de los jueces. Que a ver cómo elegimos a los jueces, que si la “endogamia del mundo judicial”, que si “los jueces son casi todos de derechas”, etc. Eso me dio pie a intervenir para aportar algo nuevo, sin necesidad de rebatir uno por uno todos los argumentos rebatibles que había escuchado: separación de poderes verdaderamente importante es la que hoy no existe entre legislativo y ejecutivo. Ante juristas, o al menos eran abogados, pero sobre todo para enriquecer las mentes de los atentos espectadores que veían aquello como una actividad más en la carpa de educación expliqué cómo los gobiernos han de ejecutar siempre de manera legal, y sólo hasta donde la Ley les autoriza expresamente, justo a la inversa de como la Ley actúa en la sociedad, donde todo está permitido excepto aquello expresamente prohibido por una ley. De verdad que algunas miradas demostraban un verdadero esguince mental viendo desdoblarse la Ley en dos, haciendo reconocible y palpable el espejo que separa la realidad social de la actualidad estatal. Y aprovechando la conmoción deslicé el contrapunto: por eso, cualquier gobierno que ostente el monopolio de redactar, sancionar y publicar las leyes es por definición una tiranía, porque le daba la capacidad de reducir derechos escribiendo leyes que ponen límite legal a las libertades a la vez que amplían las libertades del Estado para conservarlo fuera de nuestro control.   El punto cuatro, creación de mecanismos de control ciudadano para la exigencia efectiva de responsabilidad política, quedó pospuesto para el siguiente debate dado que de continuar entonces, tarde se convertiría en temprano, y muchos trabajábamos por la mañana. Se decide convocar para el viernes y solicita en la asamblea general la PARTICIPACIÓN masiva de los asamblearios en el debate porque el tema era de vital importancia para el futuro del movimiento.   Viernes 27, anuncio en la Asamblea con brevedad el debate sobre las cuatro líneas de Sol para esa misma noche. Dejo la Asamblea y me pilla de camino a casa una tromba de agua. Qué bien me vino para descansar. Se suspendieron casi todas las comisiones. Me contaron que la acción de rescate (equipos informáticos, etc.) fue eficaz y organizada.   Sábado 28, llego tarde a la asamblea pero por fortuna revolucionaria escucho cómo alguien, cuya voz ni figura reconozco está lanzando la convocatoria. Es viernes, hay gran afluencia de asamblearios y de público. La convocatoria resulta un éxito. Incluso antes de la hora, mientras devoramos unos bocadillos haciendo bulto con los cascos de la moto, la mochila del ordenador y el megáfono que nos proporciona logística, junto al cartel que pone “Comisión de Teoría Política”, ya vienen preguntando si el debate de Teoría Política es allí, “esto no es lo que parece”, espetamos entre risas. Comienza el debate con Eladio en las veces de moderador. Hoy sí hace falta: somos unos 30, sentados en corro, dos filas. Y yo como coordinador de la comisión, o secretario, sentado en el suelo con el portátil entre las piernas cruzadas, y megáfono en mano abro el debate informando de lo debatido la noche anterior, y haciendo un breve resumen de lo concluido. Con anterioridad se habían repartido 20 copias del artículo de David Serquera “La izquierda y el sistema electoral” para suscitar debate y escuchar valoraciones. Propusimos repetir el debate sobre los cuatro puntos de Sol. Vuelvo a leer el primero y levanto el megáfono para que se haga un turno de palabra:   La primera intervención habla de participación, que es la clave, la segunda de que la información debe estar extendida a mayor parte de la población, ¿quién controla la información, publicidad, etc. Se abre otro debate sobre controlar los medios de comunicación, la base: “elegir los dirigentes de los medios públicos”. Las intervenciones continúan: desvincular comunicación de política o finanzas, o que en Internet había acceso a toda la información, se habló de formar una comisión de expertos (que sonaba a comisión de la verdad), hasta que por fin, alguien dijo algo así como: vertebrar la sociedad civil, en vez de los partidos, para que el poder resida en la sociedad (me he quedado con tu cara).   A mi lado pide la palabra y excusa con premeditación o al menos con anterioridad a su intervención, un adalid del asamblearismo anarquista, recordando que a anarquía era posible porque en España ya había habido experiencias, y las comunas, y que el problema comienza con la cuestión de la propiedad, escasez-opulencia-propiedad-poder …. Uff. La anarquía solo funciona cuando todos somos anarquistas, le dije en cuanto cayó el megáfono en mis manos. Lo cierto es que me lo ofrecieron más veces de las que yo sintiera la necesidad de hablar.   Alguien resucita el debate y concluye ¿Cuál sería la propuesta para que pudiéramos legislar con independencia de los poderes fácticos? Y continúa con una propuesta: popularizar las asambleas de barrio, motivar con las necesidades, adaptar el lenguaje pero siempre partiendo de las necesidades reales y crear una red de coordinación para que se canalicen y consensuen las demandas.   Intervengo: estamos todos de acuerdo en que tenemos un sistema de democracia directa, en estas asambleas, que sabemos que funciona, pero que también sabemos que es imposible hacer una asamblea de 40 millones de personas. Propongo la idea de sistema asambleario con ascendencia representativa, en el que serviría un sistema de portavoces con un mandato imperativo (a modo de cahiers de doleances que recogen todas las propuestas aprobadas por las asambleas). Expliqué las bondades del mandato imperativo, y denuncié cómo la actual constitución lo prohíbe. La gente comienza a ver una salida al túnel. Dije, la única condición para poder instaurar el mandato imperativo, es que se elijan portavoces únicos del mandato, porque es la única manera de poder exigir responsabilidad política. Por elevación, lo único que determina el nivel de agrupación de asambleas es el número de representantes legisladores que serán los encargados de legislar. Para que el propio sistema asambleario, en el que las decisiones las tomamos entre todos, debatiendo todas las opciones, aprobando y desaprobando por mayorías aplastantes, o continuando los debates hasta obtener el consenso necesario. Así que lo único que falta es cómo llevar eso a Ley: reduciendo el tamaño de la circunscripción hasta que se elija un número de portavoces adecuado para hacer una Asamblea Nacional. Aprobación general.   Escucho que somos el debate más numeroso en la plaza. Al parecer iban concluyendo otras actividades y la gente se sumaba al nuestro. Pareciera que la comisión de debate político fuera la asamblea. El megáfono comenzaba a ser insuficiente si no se usaba con destreza. No me había fijado, desde abajo, que la fila de personas de pié que rodeaba a los aproximadamente 50 o 60 que estábamos allí tenía cierta profundidad, y al parecer los de atrás, que no debían de oír nada, pidieron a todos que se sentaran. De repente éramos más de 100.   Comienzan a confrontarse posturas reformistas contra posturas rupturistas. Se escucha todavía a algún seudoanarquista “abolir el Estado, tomar las instituciones, las televisiones, para que todo el mundo vaya despertando”. Por fin se nombran el consenso de mínimos, la estrategia, se llega a proponer la creación de una candidatura electoral, a la que se tenía aversión a denominar partido, se habla de fases, de empezar por que los políticos tuvieran que dar explicaciones una vez al mes, y las decisiones importantes con referéndum, etc.   Lo que parecía la clave del debate, o el escollo que parecía desunir todas las posturas, la cuestión de reforma o ruptura, sin decirlo explícitamente lo solucionó para la asamblea Eladio: reforma y ruptura. Siempre que se diferencie entre medidas a corto y medidas a largo plazo, reforma y ruptura están en la misma línea revolucionaria si el principio que guía las acciones es el acuerdo de mínimos. Y se entiende un acuerdo de mínimos no como aquél que reduce la cantidad o exigencia de las demandas sino aquel que permite aglutinar a toda la población por igual, sin distinción ideológica, de clase o posición económica. Y ese acuerdo de mínimos versa sobre lo que estamos debatiendo, la manera de coordinar y elevar las decisiones asamblearias a poder legislativo.   Se hizo el silencio. Nos miramos. Eladio ofreció el megáfono mirando para todas partes pero no se levantó ninguna mano. Era tarde, pero no se levantaban ni las manos ni los culos, casi 200 personas allí, hablando sobre política, representación, poder legislativo o mandato imperativo, y descubriendo que el sistema asambleario que tanto gusta porque es participativo puede ser articulado mediante instituciones, sobre las que muchos nunca habían oído hablar, y que hay que seguir debatiendo, pero se hacía el silencio. Nos miramos Eladio y yo y disolvimos la comisión convocando para continuar el próximo domingo a las 5 de la tarde.   Domingo 29, antes de las 5 ya estamos Eladio y yo arrastrando la base de botellas de plástico rellenas de cemento que sujeta el mástil que anuncia la comisión de TP hacia una zona de sombra, porque Lorenzo hoy pica. Y algunas personas preguntaban ya por el debate mientras yo corregía con un rotulador el horario anunciado (todavía con el cartel de ayer). La comisión de barrios organiza su reunión justo alrededor de nuestro cartel y la gente que acude buscándonos no nos encuentra. El caso es que viendo que estábamos 5 personas haciendo tiempo alrededor del cartel, que es cierto que no estaba en el mismo sitio que ayer por la noche, nos hemos dado tregua hasta la Asamblea, donde anunciaríamos los avances de ayer, y visto lo ocurrido estableceríamos un calendario fijo de debates (todos los días a las 6 y a las 10 y media) para resolver el debate.   Cuando llego, ya con la asamblea comenzada, me doy cuenta de que hay llenazo ¿mil o dos mil? Según me acerco a los alrededores de la entrada al turno libre, se me acerca y me coge del brazo una bella joven de la organización preguntándome de forma retórica ¿tú eres el de Teoría Política, verdad? Sí, claro. No sabíamos qué pasaba, algunos han preguntado en información por la reunión de las 5. Tranquilidad, le anuncio lo de las reuniones con horario fijo y que estamos a su disposición, que las direcciones de email estarían en la ficha de información. Me han cogido turno para la comisión de TP. Salgo a la plaza:   Explico sin entrar en detalle lo que se había debatido la noche anterior, comenzando por lo bonito y justo por fácil de explicar, una persona un voto, democracia directa. La Asamblea es soberana en sus decisiones, porque es independiente. Pero de la misma manera que todos estamos aquí en nuestro propio nombre, sin representación, hace que la asamblea tampoco pueda pretender representar a quien no está. Ahora vamos a hacer asambleas más cercanas a toda la población, en otras plazas de los barrios, ¿cómo vamos a coordinar los asuntos y las decisiones de las diferentes asambleas? Algunos valientes levantan las manos, parece que intuyan la solución, o quizá la conozcan, si es que estaban anoche. Anuncio que la comisión de TP estamos trabajando en un sistema de coordinación y agregación de asambleas mediante portavoces o representantes obligados por mandato. Ovación marea de manos en alto y aplausos. Entonces explico lo del acuerdo de mínimos, ovación. Después ya no recuerdo qué más me animé a decir, pero volvieron a ovacionar y me despedí entre aplausos. Los compañeros de otras comisiones me abordaban según me alejaba del micrófono. Audiovisuales me necesita como agua de mayo, jurídicas ya han dicho que hemos de colaborar, hablaban de hacer debates conjuntos. Me han invitado a “estrategia”, en educación nos necesitan para un taller de teoría política. La potencia de esto es finita, pero ilimitada. Lástima no tener días de 36 horas, para poder dormir algo todos los días.

 

Carlos Angulo.

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