Indiferentes a la injusticia

1
Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

Nueve millones de votos manifiestan su indiferencia ante la injusticia cercana, ante el crimen familiar. Nueve millones de votantes no se conmueven ante el horror de la sangre derramada en casa, no sienten ni padecen en sus carnes las torturas y asesinatos del prójimo próximo. No quieren saber nada de las aplastantes evidencias que denuncian lo cerca que se encuentra de ellos la verdad incriminadora. No claman al cielo ni a la tierra pidiendo castigo o socorro contra el factor del crimen casero y la corrupción doméstica. Su escasa conciencia moral, anestesiada por la simpatía al capitán de «su» partida, no les mueve a la justicia ni a la compasión, sino a la tranquilidad de andar por casa entre el desorden de las cosas que más importa mantener ordenadas y el atropello de las personas que menos importa violar. Para acomodarse a lo que les incomodaría si lo vieran de frente, se ponen de espaldas a la realidad. Y para no tropezar y caer en ella, entregan su conducción moral a los que tienen por misión mantener sin estigma el honor de los capitanes del desarreglo ético. A seis supremos magistrados del sosiego.

Más millones de votantes inclinaron de otro lado la balanza del Poder. Al echar sus votos en el platillo de la Ley, pesó más el deseo de justicia que el de olvidar el montón de cadáveres y de fortunas criminales. Pero el fiel de la balanza no discriminaba entre los que se resignaban a la justicia para llegar al poder y los que se resignaban al poder para alcanzar la justicia. Estos últimos han sido defraudados por el Gobierno. Y sus partidarios engordan la indiferencia a la injusticia. Aunque nadie es tan insensible como parece. Y hasta los más fríos criminales dan de comer a su canario. Los injustos por naturaleza necesitan parecer justos por convención. Ante ellos mismos, para no darse horror. Ante los demás, para comulgar con vagos sentimientos de humanidad universal que disimulen los de su inhumanidad particular. Así, el crimen del universo contra los desheredados de la tierra, del que nadie es responsable para que todos los inocentes se sientan culpables, es agua bendita multinacional que, rociada en tiempo oportuno, empequeñece el crimen de Estado y engrandece el negocio de las televisiones que no silencian a los portavoces del crimen.

Comparada con esa riada negra donde el hambre que deshace al hombre rehace fortunas billonarias en los jefes tribales, ¡que ruin sería ocuparse de reavivar un enterramiento en cal viva o el robo de unos cuantos millones de fondos reservados! ¡Qué grandeza moral la de quien, en vísperas de ser imputado, se preocupaba como el pobre Mobutu por los negros de los Grandes Lagos! ¡Qué festival de nobleza retransmitida con esos concursos de limosnas y canciones para sólo pedir a Dios que la injusticia no me sea indiferente! Nunca se había visto una confesión tan penosa de carencia de moralidad instintiva. A Dios se pide lo que no se tiene: sed animal de justicia. Tan inútil como mojar la ropa del santo para que llueva en tiempo de sequía, la indiferencia a la injusticia propia no cambia de naturaleza torpe si se disfraza de filantropía ante una desgracia ajena de la que, sobre todo, no somos responsables. A tantos hipócritas compugidos de grosero sentimentalismo, a los predicadores de la indiferencia a la injusticia española, les recito al poeta de la democracia y del abolicionismo en América: «vete a casa, ama a tu hijo, ama tu hacha de leñador; sé natural y modesto, ten esa cualidad y nunca barnices tu dura y egoísta ambición con esa sospechosa ternura por los negros que están a miles de millas de distancia» (Emerson).

EL MUNDO. LUNES 18 DE NOVIEMBRE DE 1996


Blog de Antonio García-Trevijano

Creative Commons License

Este trabajo de Antonio García-Trevijano está protegido bajo licencia Atribución Creative Commons-NonCommercial-NoDerivs 4.0 Internacional Los permisos mas allá del ámbito de esta licencia pueden estar disponibles en https://www.diarioerc.com/aviso-legal/
Si desea recibir notificaciones cuando nuevos contenidos sean publicados en el Diario Español de la República Constitucional, siga este enlace y suscríbase para recibir los avisos por correo electrónico.

No hay publicaciones para mostrar

1 COMENTARIO

  1. Debido a que no son justas las razones escondidas del poder político,siempre será injusta la razón de Estado.La razón de gobierno únicamente la justifica la libertad política de los que escogen el poder ejecutivo del Estado,por lo que son injustos,aunque sean legales,todos los gobiernos que no sean escogidos directamente por los gobernados y no puedan ser revocados por éstos.