Inquietantes sonrisas

7

Es del todo insoportable el engaño continuo a que nos vemos sometidos en España por parte de los jefes políticos, asesorados por cretinos inconmensurables. Mienten, roban, engañan, falsean, ocultan, callan cuando deben hablar, traicionan, apuñalan, conspiran contra su propio pueblo, etc. Todo esto es difícil de digerir, como digo. Pero lo que ya es el colmo de todos los colmos es tener que contemplar a todas horas sus ridículas sonrisas, esos gestos artificiales ensayados miles de veces ante el espejo, con varias personas corrigiendo comisuras, adelantando labios, subiendo o bajando mandíbulas, mostrando más o menos piezas dentales.

La sonrisa de Míster X, Isidoro, también conocido como Felipe González, era siniestra. Así me lo parecía en mi infancia. En cuanto veía su rostro por la televisión, enlazando frases a través de la partícula consecutiva “por consiguiente”, esperaba el momento de la sonrisa, que no siempre se producía, para pensar: tenemos al demonio como presidente del Gobierno. No hay más que analizar su trayectoria, plagada de crímenes de estado.

Después llegó Aznar, Ánsar para el políglota Bush. Su sonrisa me era muy desagradable. No era siniestra, pero se sentía desconfianza al verla. A veces era francamente ridícula, papanática. Los primeros años se prodigó en exceso. La de los últimos años era aún más falsa.

Qué puedo decir de ese gesto permanente de José Luis Rodríguez (no digo el segundo apellido porque una vez oí que le fastidiaba que lo llamaran Rodríguez). No sé si era su verdadero rostro o se ponía careta, pero era una sonrisa de tebeo, algo así como la del tonto del pueblo, siéndolo en efecto, pero como si la sonrisa no formara parte del conjunto. Desentonaba siempre, en cualquier circunstancia. Cansaba mucho la sonrisa de este otro gran traidor. Me hacía volver la cabeza, era algo físico, no podía evitarlo. Esta sonrisa me producía sincera grima. A veces notaba que él mismo no soportaba por más tiempo el seguir con ella, Rodríguez estaba deseando que las cámaras desapareciesen para quitársela y metérsela en el bolsillo, hasta una nueva rueda de prensa.

Y llegó Mariano, ese holograma sin sangre, ese espectro de poder plásmico, ese miedo hecho hombre, ese cobarde. Rajoy no se esfuerza ni para esto. No hay sonrisa en esa cara apática, desganada, permanentemente cansada. A Rajoy solo lo veo a través de fotografías en diarios digitales, pero ahora mismo no logro hacerme una imagen mental de él sonriendo. Ignoro si no sabe, no puede, no quiere, le da pereza, ha delegado en otra persona o es el hombre sin sonrisa. En este caso, eso que ganamos todos. Intenta esbozar algo así como un gesto que trata de ser una sonrisa, pero a mí su intento me recuerda siempre a ese gesto que hace el niño que no quiere ser fotografiado, al cual además le exigen que sonría. Ese vago gesto que hace a desgana es la sonrisa de Rajoy, triste y débil, falsa también, forzada, como todo lo político en España en este purgatorio eterno que sufrimos todos.

Y los últimos tiempos de esta transición vieja nos han regalado tres nuevas sonrisas, tanto o más falsas que las anteriores.

La de Pablo Iglesias, la más inquietante de todas porque a veces, lo creo de verdad, sonríe sinceramente. Como es un muñeco mediático, puesto ahí por el poder para meter sangre nueva a la partitocracia, de la que la población se empezaba a cansar un poco, sus gestos, sonrisas, enfados y silencios son ensayados, son programados de antemano. Pero finge mejor y algunas de sus sonrisas me sacan menos de quicio que otras también suyas, muy irritantes.

La sonrisa de Sánchez es, debo reconocerlo, la más agradable estéticamente. Tiene sonrisa de anuncio de dentífrico, de chico que sonríe mientras posa en calzoncillos, de modelo de barrio. Lo malo es que la lleva puesta al estilo Rodríguez, luciéndola sin ton ni son, venga o no a cuento, sin que haya nada divertido o amable por parte de nadie. Es una sonrisa-pose, bien estudiada por los asesores para que salga impecable en todas las fotos. No se le conocen otros méritos a este sonriente candidato que está más perdido que la madre de Marco.

La sonrisa de Rivera es la más flojita, una sonrisa para salir del paso, sonrisa del típico bienqueda, sin ser realizada del todo, con un deje extraño en una de las comisuras, como sin terminar, una sonrisa a medias.

Ninguna de las sonrisas de estos individuos puede ser pura, limpia, agradable. Como están mintiendo todo el tiempo y de manera consciente, la sonrisa, por muchas horas de ensayo que se pasen frente a los espejos, son delatoras. Son el rostro del alma. Y estas almas están muy corrompidas.

¡No sonrían, por favor! Ahórrennos ese trago.

0 0 voto
Valoración
Creative Commons License

Este trabajo de Raúl Cejudo González está protegido bajo licencia Atribución Creative Commons-NonCommercial-NoDerivs 4.0 Internacional Los permisos mas allá del ámbito de esta licencia pueden estar disponibles en https://www.diarioerc.com/aviso-legal/
Suscripción
Notificar si
7 Comentarios
mas antiguos
nuevos mas valorados
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Gonzalo Alvarez

Por consiguiente las sonrisas de los reyes borbones,de los borboneos y borbonarios revelan que están presididas por el miedo a la libertad política de todo un pueblo,por el tiempo arruinado por el exceso de servidumbre y la carencia de libertad.Son sonrisas depravadas,ensuciadas,desagradables.Todos los que digan que en España hay democracia,son unos falsos incorregibles o unos ignorantes contentos de su ignorancia.Son sonrisas trastornadas.

Juan

Raúl, muy bueno tu artículo.

Eso de “por consiguiente” era una expresión que usaba mucho (no tanto como el Sr. X) el gran Winston S. Churchill en sus memorables discursos; si tendrá también razón en esto D. Antonio García-Trevijano cuando explica que el Sr. X siempre se apropiaba de cualquier palabra, expresión o concepto nuevo que veía por ahí, aunque ni supiera qué era, etc.; dan ganas de llorar cuando uno lee los discursos de Winston S. Churchill, su amor por la libertad, por la civilización, su clarividencia, su elocuencia, su ingenio y su genio, su sinceridad y su valor y honestidad.

En fin, no quiero ser pesado, pero (hay un pero, jaja, bueno) voy a dejar aquí unas palabras escritas por el que fuera en algún momento Presidente de la 2ª República Española, D. Manuel Azaña, quien también era alguien de cierta talla en sus discursos; esto lo escribió en Francia, en el exilio ya, en junio de 1939:

Todas las informaciones que recojo prueban que ya
se abate sobre España la ola de la estupidez en que se
traduce el pensamiento de sus salvadores. Por
comparación, la CEDA era una asamblea de filósofos y
poetas.
El desastre para todo el país debe ser aún mayor de
lo que yo me imaginaba y temía. Para cubrirlo, unos
pedantes esquizofrénicos se encaraman sobre las ruinas
acumuladas por los militares y vomitan palabras sin
sentido.
Quieren hacer un imperio vertical y azul. Todo lo
ocurrido en España es una insurrección contra la
inteligencia. Esto es peor que la depravación de los
caracteres, que tanto me había hecho rabiar.

HOY EN DÍA ES APLICABLE A ESPAÑA Y SU CRIMINAL RÉGIMEN DE PODER OLIGÁRQUICO Y ANTIDEMOCRÁTICO.

SALUDOS A TODOS LOS AMIGOS REPÚBLICOS.

Juan

Así es, Raúl; al pueblo, a la nación, la han metido en esta deriva amoral; no sé si esto será exacto, pero al menos sí válido, y lo que quiero decir es que la amoralidad es equiparable a la psicopatía; el psicópata no tiene sentimiento de culpabilidad ni tampoco empatía por el dolor, injusticias, abusos, etc. ajenos (los cause él o simplemente los vea pero mire para otro lado, sin inmutarse lo más mínimo); un amoral, así visto, es un psicópata, un auténtico ser abyecto. Un pueblo o nación al que han llevado a la amoralidad es evidente, como bien dices, que está a la deriva, por completo y cuyos males, brutalidades, ignorancia, etc. solamente pueden aumentar y aumentar.
Un cordial saludo.