Los medios y la paz

El fin nunca justifica los medios

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Siempre hay un momento oportuno en el que decir "ya basta"

Yo nunca he sido un pacifista, jamás. Pero sí que puedo defender la paz en la misma forma y sentido en el que el notable Marsilio de Padua lo hizo en su tiempo, hace ya varios siglos. Y lo hago, porque es posible desterrar la arrogancia propia del tolerante y sustituirla por el valor intrínseco y la nobleza del respeto verdadero.

El fin JAMÁS justifica los medios. Ni siquiera el bueno de Nicolás de Maquiavelo dijo lo contrario nunca.

Es más, son los medios los que precisamente condicionan el fin que se obtiene. Es completamente al revés de todo lo que habitualmente se explica y se piensa. Es completamente al contrario de lo que, todos los partidos estatales sin excepción, dicen a sus seguidores y militantes a los que arrastran por el fango de la corrupción moral.

Los medios de la mentira, de la violencia y el abuso del poder, son los que llevan a un fin en los que la mentira, la violencia y el abuso se justifican; que es lo que estamos viendo hoy en España. Hoy tenemos el fin justificado por los medios de la violencia de Franco y por los medios de la mentira de esta oligarquía. Por medio de la mentira, se llega a la mentira mayor, a un fin que es falso. Y lo mismo sucede con la violencia y el abuso, que determinan siempre un fin que será violento y abusivo.

Dejar de votar, dejar de legitimar la ignominia partidocrática, no significa una renuncia o un desistimiento de un buen fin. No hay una rendición o una deshonra para aquel que no vota, sino todo lo contrario. Por eso debe ejercerse una desobediencia civil tal, que implique el desacatamiento de las órdenes tiránicas, la no cooperación con los medios de masas que difunden las mentiras y favorezca todo aquello que implique la absoluta desautorización de las facciones del Estado y de los jefes que las dominan.

Una resistencia pasiva y legítima de la sociedad civil no implica la inacción, ni tampoco implica los caminos del desorden público y de la violencia. Se puede legítimamente desobedecer, decir NO con total tranquilidad de ánimo y no someterse servilmente al consenso político de esta oligarquía. Es posible desobedecer a las órdenes para llevar bozales, es posible desobedecer a las órdenes de cierre dictadas a ciertos sectores productivos de la economía, y aún así, no realizarlo por medios violentos contra la propia sociedad.

Y esto es algo que igualmente pueden practicar, tanto los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, como toda la sociedad civil o incluso el cuerpo menor de funcionarios que trabajan para las instituciones en manos de las facciones oligárquicas.

Procurar el aumento exponencial de la abstención, por el peligro de la situación, es lo que debe de ser la máxima prioridad para todos. Y precisamente cuanto mas empeore, mas prioritario debe ser aún. No alimentar la causa de toda nuestra ruina nacional es lo que dicta el mas elemental sentido común.

 

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