Claro

Oscuro

Nadie puede negar lo que él mismo ve con sus propios ojos: todo lo que sucede en la res publica está siempre a la vista; no hay lugar a la conspiración ahí, ni para lo oculto y lo secreto. Es indudable que todos pueden vivir como si hubiese democracia. Todo el mundo lo ha visto durante más de cuarenta años de triunfo rotundo de la mentira.

También es indudable que la mayoría puede vivir como si hubiese una epidemia causada por un virus: lo hemos visto todos durante más de dos años, cuando la práctica totalidad de la población hacía el más espantoso de los ridículos llevando unos trapos raros en la cara.

Nadie puede negar, salvo siendo cínico, que en España, bajo la égida de esta monarquía impuesta por un dictador, ha triunfado totalmente el fraude y la estafa, la mendacidad y la frivolidad. Es tan fácil ver y medir la corrupción, que únicamente los más idiotas lo podrían poner en duda.

Nadie puede negar tampoco, que solamente las personas decentes fracasan en su éxito social y que son consideradas tontas por la mentalidad de la mayoría; aquella que se conduce a duras penas, a través del desorden ético causado por la religión del Estado que profesan: la socialdemocracia. Una mayoría incapaz de articular ninguna moralidad. Una mayoría absolutamente desmoralizada.

Pero del mismo modo, nadie puede tampoco negar que ignorar la realidad, hacer como si no existiese, fingir constantemente que actúan las cosas que no existen, no evita ni mínimamente el efecto de las que sí lo hacen. Y por lo tanto, con absoluta indiferencia hacia quienes quieran llamar a lo que van a terminar viviendo como la ira de Dios o sencillamente la consecuencia de todo acto fallido por su inadecuación a las leyes eternas de la Naturaleza, el asunto es que es inevitable. Nada puede evitar ya el horror que supone el enfrentamiento con su fracaso de quienes a causa de su idiocia se han obstinado en él, o el de los inocentes que sufrirán igualmente las consecuencias a causa de su inacción y su quietismo.

Yo siempre lo he visto. Y por eso no he votado nunca bajo el fraude del consenso de la oligarquía. No tengo ningún miedo. Estoy en paz.

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