Contra la confusión en la Europa que tenemos

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Antonio García-Trevijano
Antonio García-Trevijano

La clase política y los medios de comunicación, salvo IU y este diario*, ven la Unión Europea como un producto necesario surgido de la naturaleza de las cosas. No como lo que es: una artificial composición de intereses, impuesta por la voluntad de unos Gobiernos que pueden equivocarse, o elegir lo mejor para los poderosos, en perjuicio de los ciudadanos. Si esta Unión hubiera sido concebida por necesidad de la Historia, concederíamos a los gobernantes que la han alumbrado, o sea, a unas inteligencias adiestradas para marchar detrás de los acontecimientos, el don de presagiarlos adivinando el sentido del porvenir pero si la Unión hubiera sido fruto verdadero de la libertad política, que supone una capacidad real de elección entre opciones distintas, no sería entonces la única alternativa para resolver problemas comunes, como dice el Jefe del Gobierno. De ser cierto, ¿a qué viene hablar de la Europa que necesitamos y no de la que tenemos? ¿Acaso la que tenemos anticipa la que necesitamos? Porque el Tratado es la fiel continuación, y no la ruptura, de las políticas de convergencia europea que nos han conducido a donde estamos.

Necesitábamos una Europa sin paro y sin huelgas. Y tenemos millones de parados y huelgas sin parar. Necesitábamos una Europa sin drogas ni crimen organizado. Y tenemos delincuencia mafiosa y terrorismo. Necesitábamos una Europa pacífica, tan respetuosa de la Humanidad como de la Naturaleza. Y tenemos discriminación, guerras y polución. Necesitábamos una Europa de buenas costumbres empresariales y políticas. Y tenemos una Europa de corrupción. Necesitábamos una Europa creadora y productiva. Y tenemos una Europa copiadora y monetaria. Necesitábamos una Europa libre, de pensamiento y de expresión. Y tenemos una Europa de servidumbre mental en los medios editoriales y audiovisuales. Necesitábamos una Europa independiente, que fraguara la alternativa a un orden que supedita la justicia internacional a los intereses materiales de la gran potencia y tenemos una Europa apéndice del Destino Manifiesto de los gobernantes norteamericanos.

En fin, lo que primeramente necesitamos es una Europa democrática. Y eso, precisamente eso, no es lo que tendremos con Mastricht. La diferencia de capacidad crítica en la cultura de los pueblos europeos marca las diferencias de sinceridad moral y de rigor intelectual entre sus dirigentes políticos. Un presidente francés no puede dirigirse a sus gobernados, para darles cuenta de un mismo acontecimiento, con el impune desparpajo de un presidente español. Allí se consideraría tomadura de pelo lo que aquí pasa por argumento o información responsable. Miterrand, a pesar de que no es un político admirable, tiene que hablar de la Unión con una sinceridad de la que está dispensado González. «La realidad, dijo, templa mi optimismo. Entre nosotros hay muchas diferencias respecto a la forma de construir Europa. Tenemos miles de quiebras de empresas, pero estoy seguro de que mañana habrá todavía más. Si los huelguistas y los parados llaman hoy a nuestra puerta es porque hemos fracasado. Una y otra vez». ¿Se imaginan ustedes lo que propuso González ante este sincero realismo? Pues lo que se le ocurriría a un jefe de prensa y propaganda del Movimiento: «Lo esencial es evitar que los medios de comunicación transmitan una sensación de escepticismo sobre el Tratado». Sólo la frustración necesita vivir de ilusiones. Y es bien iluso creer que la Europa que tenemos, la de Maastricht, vaya a traer la que necesitamos, la democrática. Sin ella, las necesidades imperiales de las cosas seguirán cabalgando, en nombre del pragmatismo, a lomos de las necesidades imperiosas de las personas.

*EL MUNDO 08/11/1993


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Gonzalo

La estructura de dominación de las naciones europeas no es democrática,fué pensada para la guerra fría,por lo que los españoles que contribuyen con su dinero al Tesoro público tienen el compromiso de renovar su formación política para conseguir la democracia como norma formal del juego político.