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JESÚS MANUEL MORA PECCI

La gran Alemania, Tercer Reich, Gran Reich Alemán o III Imperio Alemán fue una de las principales aspiraciones del nazismo ligada íntimamente al aún más arraigado concepto de superioridad de la raza aria. La expansión del lebensraum alemán—espacio vital— constituía el argumento inspirador, por parte de los que se suponían destinados a dominar el mundo, a la hora de acometer una sucesión de invasiones sobre las diferentes naciones europeas. Después del Sacro Imperio Romano Germánico y del Imperio Alemán de 1871, el Tercer Reich surgía con un marcado y materializado afán expansionista y racial de la mano de Hitler pero con el apoyo de muy diversos poderes internacionales, económicos y militares.

La sociedad Thule, Grupo de Estudio de la Antigüedad Alemana, es una de las organizaciones que destacan como precursoras del racismo connatural al nacionalsocialismo alemán. Así, fue esta sociedad análoga y relacionada al otro lado del Atlántico con la también secreta Skull and Bones —carabelas y huesos—, la organización que patrocinó al Deutsche Arbeiterpartei —el DAP—, partido obrero alemán fundado por los cerrajeros ferroviarios Anton Drexler y Michael Lotter y el periodista Kerl Harrer, que más tarde Hitler transformaría en el Partido nazi —NSDAP—, Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes.

De hecho, Thule o Tile, era un país que los geógrafos grecorromanos situaban en el más lejano norte. Mencionada por Virgilio en Eneida, Thule era la capital de Hiperbórea, al norte de Tracia. En definitiva el nombre de la sociedad Thule procede de Ultimate Thule, en latín: el norte más distante, aproximadamente en Escandinavia. Pero además, esta sociedad ocultista y secreta creía en la teoría de la Tierra Hueca o intraterrestre. Teoría que trata de una creencia que defiende la existencia de civilizaciones subterráneas muy evolucionadas que se mantendrían en contacto con el exterior a través de unos orificios existentes en los polos del planeta.

Es natural comprender que el partido nazi tuvo que disponer de una estructura administrativa, y así dentro de ella encontramos diversas organizaciones:  BNSDJ —Organización de los Abogados Federales Nacionales Socialistas—, que se transformaría posteriormente en Rechts-Wahrer —Asociación de Protectores de la Ley—; NSLB —Asociación de Profesores Nacionales Socialistas—; NSRB —Alianza Nacional Socialista de los Protectores de la Ley—. De estas organizaciones nace toda la legislación e ingeniería social que los nazis irían aplicando paulatinamente junto con una fortísima campaña de publicidad antisemita y enaltecedora de los valores arios y que fundamentalmente iba dirigida a su programa de exterminio racial. Eran, por ejemplo, la ley que obligaba a los judíos a llevar un distintivo en forma de estrella cosido en lugar visible sobre sus vestiduras, o la de que los judíos debían ser confinados en el Gueto de Varsovia.

Walter Hallstein,  fue el primer Presidente de la Comisión Europea, nombrado el 7 de enero de 1958 y reelegido para su segundo mandato en 1963 desarrollando su labor hasta 1967, un total de diez años. Pero es también Walter Hallstein uno de los doce padres fundadores, coautor y signatario original del Tratado de Roma, el documento fundacional de la Unión Europea. Pues bien, Hallstein envía el 30 de Septiembre de 1935 una carta al procurador gubernamental de la Universidad de Rostock, en la que reconoce su pertenencia a las asociaciones BNSDJ y NSRB. Sin embargo Hallstein, en 1945 tras el triunfo de los Aliados y como parte del programa de desnazificación, al ser interrogado en los Juicios de Núremberg afirma —faltando claramente a la verdad— que él se encontraba lejos de haber pertenecido a ninguna organización relacionada con el nazismo. Adicionalmente, el 9 de mayo de 1938, el Duce recibe a Hitler en la estación de Roma y es Walter Hallstein quien desde el 21 hasta el 25 de junio de 1938 representa al gobierno nazi durante las negociaciones del estado alemán con la Italia de Mussolini.

La actual Vicepresidenta y Comisaria de la Unión Europea para Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, Viviane Reding manifestó a modo de toque de atención el pasado día dos del presente sobre el peligro de la banalización del nazismo: «La exculpación, negación o trivialización flagrante intencionada y pública de los crímenes cometidos por regímenes totalitarios deben ser sancionables penalmente», además en una respuesta parlamentaria a los eurodiputados Ramón Tremosa y Salvador Sedó (CiU), Raül Romeva (ICV), Izaskun Bilbao (PNV) y Ana Miranda (BNG) añadió que «todos los estados miembros de la UE están obligados a sancionar penalmente la incitación pública e intencionada a la violencia y el odio contra grupos o personas por su raza, color, religión, ascendencia u origen nacional o étnico».

Estos eurodiputados han denunciado en Bruselas en los últimos meses un reportaje de Telemadrid en el que se equiparaba a Mas con Hitler y Stalin porque «los tres pervierten la lengua para imponer ideologías», y la comparación que P. J. Ramírez, hizo del mosaico y las banderas catalanas del Camp Nou con el de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Según informa el Periódico a partir del 1 de diciembre de 2014, la Comisión Europea tendrá competencias para incoar procedimientos de infracción a los que considere que vulneran el principio de condena sobre el nazismo y sobre aquellos regímenes totalitarios de corte racista.

Ahora bien, a tenor de lo expresado en el presente texto, confundir, mezclar o poner en el mismo orden de asuntos —como se viene haciendo en España en las últimas décadas— al franquismo y al nazismo constituye un acto que participa notablemente de la deliberada ceremonia de la confusión en la que España se haya sumida desde la transición española. Tan es así, que si desde la Comisión Europea —órgano rigurosamente antidemocrático y de dudoso origen— se pretende condenar a aquellos que hagan en España cualquier mención al régimen franquista, en el sentido que deseen, por equiparar a éste con el nazismo se significará la mencionada Comisión como una organización eminentemente nazi cuyas pretensiones son exactamente las mismas que las del III Reich.

Vicenç Navarro, en un artículo publicado por el diario Público.es bajo el título Franquismo o fascismo narra como el politólogo español Juan Linz, profesor de la Universidad de Yale en EEUU había establecido la diferencia entre regímenes autoritarios y totalitarios la cual había sido adoptada por el Departamento de Estado de EEUU para justificar su apoyo a un gran número de regímenes caudillistas latinoamericanos, indicando que estaban lejos de ser totalitarios.

En su artículo Vicenç Navarro recurre al Catedrático de la Universidad de Columbia en New York, profesor Malefakis, para exponer como éste plantea la catalogación de un régimen como fascista en torno a ocho puntos que van desde si estaba dirigido por un hombre presentado por el régimen como superhumano hasta que el régimen debe basarse en tener una alianza con grupos de poder económico y otros, subordinados al estado, que sirvan al poder totalizante. Todos y cada uno de esos ocho puntos son tan aplicables al régimen franquista como lo son al presente de España en el que la forma política del Estado es la Monarquía Parlamentaria.

Las similitudes que se pueden encontrar entre el nazismo y el franquismo son menores y casi inexistentes en términos comparativos con el stalinismo. Es decir, existe un marco extraordinaria y substancialmente más amplio para poder comprar los regímenes de Stalin y Hitler que los de Hitler y Franco. Por esto, me parece bien que la Vicepresidenta de la Comisión Europea dé su toque de atención sobre la banalización del nazismo en el marco de los nacionalismos separatistas españoles; pero lo verdaderamente alarmante de la asunción de competencias prevista para el 1 de diciembre de 2014 por parte de la Comisión es el uso que de ésta se haga en España, en el sentido de mezclar franquismo y nazismo que conduciría a la prohibición de mencionar siquiera la palabra Franco sin que la siga algún epíteto peyorativo, y como consecuencia a la negación y persecución de una parte de la historia de España que es completamente distinta de la historia de Alemania.

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