Menos mal que el Premio de las Artes, otorgado al inteligente humorista estadounidense Woody Allen, ha compensado los concedidos a dos grandes mediocridades de la literatura y la sociología, como son el alemán Enzensberger y el británico Giddens.

Éstos están desde luego a la misma altura moral y mental del jurado que los honora, pero aquél la sobrepasa con creces, pues sus miembros componentes no se sienten aludidos en las burlas del premiado al prototipo del intelectual que ellos representan.

Desde un punto de vista objetivo, discierno un cierto masoquismo en el móvil que ha empujado a dar este premio al arte de la , y un descarado narcisismo en los motivos de premiar la renuncia al análisis de la culpabilidad alemana (admirada por un jurado absolutorio del franquismo) y la cínica marcha del por la tercera vía de Blair (Aznar), la vía de la «Sra. Tatcher sin bolso ni zapatos», como ha declarado a LA RAZÓN el propio premiado. ¿Tan tonto es Giddens que esperaba de su tercera vía algo diferente?

A casi nadie inteligente le importa confesar que él no entiende de política y que por eso se abstiene de opinar sobre los asuntos públicos. Pero esas mismas personas no se avergüenzan de ser precisamente ellas las que deciden, con su voto centrista en las urnas, los criterios y los equipos de gobierno. Suelen ser gentes competentes en sus profesiones y habituadas al rigor en el tratamiento de los asuntos sometidos a su conocimiento. Tienen juicio personal para todo, menos para la política y el arte moderno. En éste se dejan arrastrar por las modas y en aquélla por la corriente de opinión que, en comparación con las demás, les parece moderada y, en relación con los asuntos a resolver, descomprometida.

Temen la idiotez de los políticos que creen en las irrealidades que dicen. Por eso no votan lo que aman o admiran, sino que eligen la ilusa esperanza en una tercera vía que una y otra vez les defrauda.

Uno de estos profesionales, sin el menor talento para el análisis político, pero con una enorme capacidad de confusión en temas sociológicos, decidió construir una tercera vía por donde circularan las mercaderías políticas sin defraudar a los aduaneros de la . El pobre hombre no sabía lo que tan sabiamente está enseñando en esta misma página . Desde sus orígenes, esos aduaneros eran de derechas y la tercera vía la construyeron, como el ferrocarril de la Union Pacific entre dos océanos separados por un continente, el canciller Bismarck desde el Estado y el revisionista Bernstein desde la sociedad. En Blair se unieron los dos oportunistas trayectos.

A partir del siglo XX se ha llamado tercera vía a todo proyecto de transformación de los tradicionales partidos ideológicos de la derecha o de la izquierda en partidos de intereses que ocupen el centro mayoritario de la representatividad social.

El profesor Giddens, discípulo de demasiados maestros, no ha aportado un solo gramo de originalidad a la teoría neoliberal del centro político, es decir, a la práctica socialdemócrata del capitalismo tecnológico en las sociedades de consumo, consenso y asueto.

Y respecto a la calidad de su producción en materia de elites o grupos de poder en la sociedad británica, que es presupuesto básico para comprender conceptualmente la idea de una tercera vía de distinta de la conservadora y antisindical, me basta con que Sartori, un sociólogo de mayor envergadura intelectual y de la misma cuerda ideológica, lo haya puesto en su sitio subalterno, con una malintencionada cita a pie de página de su erudita y débil «Teoría de la » (rebatida en mis ), reproduciendo esta ridícula y pretenciosa afirmación de Giddens: «La literatura teórica sobre las elites y el poder nada en un mar de confusión inefable».

LA RAZÓN. LUNES 10 DE JUNIO DE 2002

Puede ver un pequeño resumen de la biografía de D. Antonio García-Trevijano en este enlace.
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