Claro

Oscuro

El estado de absoluta corrupción moral y económica producido por el nefasto Régimen del 78 no puede tener más fin que la propia caída del régimen. Es tan inevitable como la sucesión del día y la noche. Y acaso un amanecer esté más cerca de lo que quisieran los beneficiarios y clientes del estado de cosas actual. Pero a muchos preocupa qué ha de venir ese día y conjuran la idea de la República como la de un fantasma del pasado.

Uno de los grandes enemigos de la III República es la II República. Por un lado están los que identifican la idea republicana con el caos político que desembocó en la Guerra Civil. Por otro, están los que pasean la bandera tricolor cada 14 de abril al tiempo que defienden el Régimen del 78 con uñas y dientes. Y, finalmente, están los infantilizados nostálgicos que sueñan con una repetición de los años 30 del siglo XX. A todos ellos les digo: No a la II República.

La Tercera será una República Constitucional. Esto quiere decir que se dotará de instituciones y medios de elección absolutamente distintos a los conocidos por los españoles hasta ahora. Su presidente lo será también del Gobierno y será elegido de forma directa en circunscripción única de toda España. Los efectos políticos de este medio de elección son extraordinarios. El presidencialismo es la forma de Gobierno más fuerte que existe. Sus enemigos son los que se benefician de la debilidad de la forma de Gobierno actual.

Cada diputado será elegido de forma directa y por su nombre en un distrito de 100.000 habitantes. El vínculo que crea la elección directa del diputado es de tal naturaleza que el electo se verá obligado a hacer lo que quieran sus electores. Y no será así porque de repente los diputados se conviertan en personas decentes en las que se pueda confiar, sino porque su reelección en el cargo dependerá de forma directa de lo que haga como diputado. Elección directa también implica rechazo directo y eso es algo que el aspirante a diputado aprende de inmediato.

Las instituciones de la República Constitucional están diseñadas para la convivencia pacífica entre iguales. Para que todos puedan hacer valer sus derechos frente a quien pueda oponerse a ellos. Y para que uno solo pueda hacer valer sus derechos frente a todos los demás.

Los errores de la II República no tendrán cabida en la futura República Constitucional. La forma de Estado republicana no debe confundirse con uno u otro programa político. El pasado no se repetirá.

Por otro lado, abunda mucho en España una especie que se jacta de habernos salvado de la dictadura. Se dicen nuestros redentores. Y aún peor, se creen a sí mismos. Son sacerdotes de su propia propaganda. Todos ellos presumen de republicanos; todos pactaron con la dictadura; y todos ellos viven de la monarquía. Afirman que son republicanos porque así lo dicen los estatutos de sus partidos, que aspiran a la República o que no renuncian a ella. Mientras tanto, viven de la monarquía sin mover un dedo contra ella.

Socialistas y comunistas monárquicos. Para ver cosas, estar vivo. Yo desafío a todos esos partidos que se dicen republicanos a que digan una sola acción que hayan realizado en los últimos 40 años para acercar un solo milímetro la República.

Estos republicanillos de 14 de abril y de insignia tricolor en la solapa de sus chaquetas monárquicas son los que impiden que conquistemos la República. Son los sostenedores de la monarquía. Han articulado su discurso en el victimismo de la pérdida de la Guerra Civil. Se definen a sí mismos como los perdedores que tienen derecho a ser compensados por ello. No quieren ganar una República nueva y moderna, sólo quieren vivir a costa de que se perdiera la vieja. Con ello satisfacen su cartera y, con ella, su contento.

La República Constitucional no será una respuesta política que de satisfacción a uno u otro colectivo. Se cubre de infamia quien pretende que el republicanismo sea el patrimonio particular de una u otra ideología. La III República será de todos los españoles por igual.

Los nostálgicos que suspiran por el pasado deberán despertar al presente y apartarse para que conquistemos el futuro. El siglo XXI no será el siglo XX. La III República no será de los trabajadores ni de los banqueros ni de los partidos. La III República será de todos los españoles.

@Javier_Torrox

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